CAPÍTULO 10. La esposa detrás del contrato
Duda, molestia, incomprensión. Por la cara de Jordan pasaban todas aquellas emociones mientras achicaba los ojos y repetía la pregunta.
—¿Qué quiere decir con que mi esposa es la mujer detrás del contrato, señor Orlenko? —insistió.
Por un momento los ojos de su interlocutor se fijaron en el collar que Angela llevaba. Su boca se curvó en una mueca y finalmente habló como el hombre que ya se ha resignado.
—Pues supongo que no es incómodo decirlo ahora que ya se ha concretado —sonrió mientras le ponía una mano en el hombro—. Pero la verdad es que jamás tuve intenciones de firmar ninguna inversión para tu rascacielos.
Jordan sintió que el aire le salía del cuerpo, porque aquello no era un simple comentario, era una certeza de que la inversión más importante de su vida había estado al borde de no concretarse.
Pero Alexei Orlenko parecía totalmente relajado.
—Verás, me encantan los Bienes Raíces, pero prefiero invertir en lo que ya está hecho, no me gusta construir —admitió encogiéndose de hombros—. Así que tu propuesta de inversión pasó tres veces por mi mesa, y tres veces la rechacé… hasta que recibí una llamada de tu esposa. Y debo decir que ella fue muy convincente. Me mostró los números, sí, pero también me tocó el corazón. ¡The Legacy, el legado de una familia! Y tu esposa sabía cuánto valoro yo la familia.
Aquella frase parecía halago, pero Jordan la sintió como advertencia y sus ojos fueron de inmediato hacia Angela, que tenía una sonrisa atornillada al rostro. La interrogó con la mirada, pero no sabía que para ese momento la mujer que tenía al lado estaba aterrada.
¡Ella no había hablado con nadie! Y Katerina… no… Katerina no tenía acceso a gente como esa. Tenía que ser un error, probablemente había hablado con alguna representante de la empresa.
—¡Pues claro, señor Orlenko! —intervino de inmediato Jasmine, como si presintiera que tenía que salvar la situación—. Angela es una mujer de mundo, muy preparada, una completa profesional. ¡Y además sabe todo sobre el proyecto The Legacy!
Jordan pasó saliva tratando de encajar aquella respuesta, aunque su instinto le decía que había algo más, pero Angela acarició su brazo y entrelazó los dedos con los suyos.
—¡Exacto, señor Orlenko! Yo tengo muchos contactos, desde hace años dirijo la sección europea de Blackwood Holdings, así que tengo muy buenos aliados. Gracias a eso fue que la propuesta apareció tres veces en su escritorio —rio como si estuviera convencida de que era imprescindible.
—Así es. ¡Angela jamás se rinde! —sonrió Jasmine levantando una copa de champaña—. Por eso siempre obtiene lo que quiere.
El señor Orlenko miró a Angela de arriba abajo, como si estuviera tratando de encontrarle el chiste, y al cabo de algunos segundos levantó su propia copa.
—Ya estoy dando cuenta —brindó mirando a su nuevo socio directamente a los ojos—. Quizás por eso Jordan fue capaz de cambiar de esposa tan rápido.
El silencio cayó como una bofetada y cada uno de los Blackwood se puso pálido. Pero antes de que cualquiera se atreviera a preguntar qué sabía… o cómo sabía, un abogado joven se acercó a ellos haciendo un gesto hacia la mesa que tenían detrás, ocupando el centro estratégico del salón.
—Señor Orlenko, señor Blackwood, los documentos están listos, junto con los notarios y los agentes de la Cámara de Comercio como testigos. ¿Gustan pasar a firmar?
—Solo un momento más —lo detuvo Alexei Orlenko—. Recuerde que la firma de esta noche no la daré yo, sino mi hija. Yo solo decido qué contratos se revisan para inversión, pero la que decide finalmente es mi hija. Debe estar por llegar.
—Por supuesto —accedió el abogado y en ese momento Jordan sintió que todo dentro de él se ponía alerta.
La hija menor de Alexei Orlenko era como el “Hombre del Saco” en el mundo de los negocios. Solo muy pocos la conocían, no había fotos de ella, ni redes, ni información. La única certeza sobre esa mujer era que dirigía un imperio con el que muchos hombres no podían ni soñar y que su firma era un empuje meteórico o una sentencia de desastre.
Y entonces la sonrisa de Jordan se borró por completo. Su visión periférica captó el movimiento a su alrededor y la primera fila de invitados se abrió para dar paso a una mujer enfundada en un vestido negro de lujo, seda rozando el suelo, pedrería incrustada en el pecho y espalda descubierta. Maquillaje oscuro que resaltaba los ojos azules, y unos tacones de trece centímetros que hicieron que cada cabeza en aquella sala se girara en su dirección.
¡Y esa mujer era Katerina!

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