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7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS romance Capítulo 11

CAPÍTULO 11. Segunda de su nombre

La pregunta cayó como una bofetada, por un segundo todos se quedaron aturdidos, pero Angela fue la primera en reaccionar.

—¡No, señor Orlenko, usted está equivocado! ¡Esa mujer no es nadie, no tiene nada que firmar! —espetó mirando a Katerina como si fuera una mosca molesta—. De parte de los Blackwood solo firmará Jordan, que es el CEO de Blackwood Holdings… y bueno, si usted quiere que yo firme algo como su esposa y la impulsora del proyecto…

—¿Impulsora del proyecto? —El señor Orlenko hizo una mueca de desprecio—. Yo a ti ni siquiera te conozco.

El murmullo se levantó alrededor como si olieran el chisme a punto de soltarse; y Jordan achicó los ojos mientras Angela trataba de balbucear algo que no lograba salir.

—¿Cómo que no te conoce? Acabas de decir habíamos llegado ahí por tus aliados —la increpó.

—Mi trato fue con una mujer muy diferente —intervino el señor Orlenko—. Una a la que le tengo plena confianza, pero parece que ella ya no es la esposa de Jordan. ¿Es así?

—Así es —sentenció Katerina avanzando hacia él—. La nueva esposa del señor Blackwood es, como se han cansado de anunciar esta noche, Angela Blackwood. Y yo no vengo a firmar en nombre de su familia ni de su empresa. —Por un instante se detuvo, miró a Jordan por encima del hombro y le sonrió con frialdad—. Vengo a firmar en nombre de la mía.

Jordan sintió que el aire se le iba de los pulmones cuando vio a Alexei Orlenko abrir los brazos para recibir a Katerina, que se levantó de puntillas y le dio un beso dulce en la mejilla.

—Hola, papá.

—Hola, corderito —sonrió Alexei.

Y esa era, evidentemente, una broma entre ellos, porque Katerina Orlenko no era ninguna corderita, era la loba que se comía el rebaño.

—¿Pa… papá…? —tartamudeó Jasmine agarrándose del brazo de Jordan, que parecía una estatua con los nudillos blancos alrededor de un vaso de coñac.

—Katerina Orlenko, segunda de su nombre —anunció su padre como si se tratara de una dinastía—. Accionista mayoritaria y CEO de Orlenko Capital Trading. La mujer que puso tres veces tu proyecto en mi mesa, y que ajustó tus números para las contrapropuestas hasta que ese rascacielos se convirtió en una inversión viable.

De la boca de Jordan solo salió un jadeo de incredulidad, mientras sus ojos no se apartaban ni por un segundo de los de Katerina, pero en aquellas pupilas azules se había levantado un témpano de hielo.

—No… no, ¡eso no puede ser! —gritó Angela de repente, como si estuviera en una pesadilla—. ¡Eso es imposible! ¡Esa mujer es una doña nadie! ¡Una recogida que Jordan encontró en Ucrania! ¡No puede ser…!

—¿Me estás diciendo que no reconozco a la hija que crie y entrené por más de veinte años? —siseó Alexei con tono hosco y la copa tembló en la mano de Angela.

—Pero… pero entonces…

—Cuando te encontré en Odessa, me dijiste que tu familia había sido desplazada por la guerra. —Aquel tono ronco, bajo y dominante cruzó la sala, y Jordan se soltó de las manos de su madre para dar un paso hacia Katerina.

En otro tiempo esa voz la hubiera estremecido, ya no.

—Y lo fue, tú simplemente no preguntaste quién era mi familia —replicó ella—. Me quedé en Odessa reubicando los orfanatos subvencionados por nuestra Fundación de ayuda, moviendo a tres mil huérfanos en vuelos privados hacia Inglaterra.

Katerina sonrió mientras veía a Jordan ponerse lívido y luego colorado. Ahí estaba lo que había tratado de evitar cinco años atrás: la vergüenza, la mancha en su reputación, las murmuraciones… ahora llegaban todas de golpe en la noche más importante de su vida.

—¿Vas a quedarte callado? ¿No vas a defender a tu hermanita? —sonrió Katerina.

—¡Fue… fue un malentendido! —explicó atropelladamente Jasmine, pero el temblor de su voz la delataba—. ¡Un error de la organización que no quisimos corregir para no ofender al señor Orlenko…!

—¿Error de la organización? ¿Eh? —la interrumpió Katerina y se giró—. ¿Quién organizó este evento? —preguntó y una mujer elegante de unos treinta años se adelantó.

—Yo soy la organizadora, soy Giulia…

—¡Entonces fue su culpa! —exclamó Jasmine señalándola—. ¡Ella se equivocó, mandó mal la invitación! ¡A nosotros solo nos dio pena corregir!

—Iba a decir —sentenció la mujer dando un paso adelante—. Que soy Giulia Orlenko, hermana mayor de Katerina. —Jasmine se tambaleó a punto de caerse y se agarró a Angela esta vez—. Yo mandé las invitaciones, y no hubo ninguna equivocación. Abogados.

La última llamada salió tranquila, pero hizo que diez hombres de traje se adelantaran y alinearan junto a ella.

—Grabación —ordenó y uno de los abogados puso un pequeño dispositivo en las manos de Katerina.

—Gracias, hermanita —sonrió ella antes de girarse hacia Angela—. Entonces, ¿Vas a admitirlo, o dejamos que todos lo escuchen?

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