CAPÍTULO 12. Ahora estamos a mano
—¡No te atrevas! —La voz de Angela salió como un graznido horrible mientras daba un paso adelante, pero Katerina solo apartó la mano, dejándola tropezar por su propio impulso y quedar en medio de un círculo de jueces, porque eso era la alta sociedad cuando se trataba de chismes.
Se quedó jadeando, apretando los dientes cuando Jordan dio un paso hacia ella y la increpó.
—¿Por qué no se puede reproducir?
—¡Porque las cosas de familia se resuelven en familia! —exclamó Jasmine tirando de la mano de su hija para sacarla del foco.
—¡Ah, pero esto no es un asunto familiar! Es un asunto por el que acaban de acusar a mi hermana —siseó Katerina y presionó el botón del aparato, que por alguna razón se reprodujo directo en los altavoces.
Y lo que salió de ellos fue la voz de Angela, alta y clara.
“Sí, mire… necesitamos hacer una corrección en las invitaciones a la firma del proyecto”, decía. “Tiene que borrar el nombre de Katerina Blackwood y poner el de Angela”.
Un segundo después la mismísima Giulia Orlenko le contestaba.
“Lo lamento, pero nuestra lista de invitados indica a la señora Katerina como la esposa del CEO Jordan Blackwood”
“¡Y yo le estoy diciendo que es un error! ¿No me escuchó? ¡Jordan ya no está casado con esa mujer, su esposa soy yo, Angela Blackwood, así que procure que la invitación llegue a mi nombre si no quiere ofender a mi familia! ¡Una sola palabra mía y el señor Orlenko la despedirá sin dudarlo! ¿Entendió?”
—Papá ¿estoy despedida? —preguntó Giulia mirando a su padre y el señor Orlenko sonrió con ironía.
Pero aunque el chiste era bueno, solo ellos se atrevieron a reírse, porque del otro lado de la vergüenza estaba Jordan, con los ojos desencajados, mientras miraba a Angela y a su madre con los dientes apretados.
—Definitivamente “sacado de contexto”, “error de impresión”, “exageraciones mías” —escupió Katerina con tanta lentitud que Jordan sintió cada palabra como una cuchillada.
Porque no, no era un error, Angela había hecho aquello deliberadamente para que él no llevara a Katerina, para que él peleara con ella. Le había mentido a la cara diciendo que era un error y encima él había minimizado todo y le había pedido a Katerina que lo soportara.
“Solo por esta vez”. Las palabras le vinieron a la mente como una bofetada.
—Abogado —siseó Katerina y otro de los hombres de traje impecable se acercó a Jordan con una carpeta.
—Título de propiedad, certificado de autoría del orfebre, registro de cada diamante que hay en el collar, incluyendo el diamante morado de treinta y seis quilates, valuado en ochenta y nueve millones de dólares —siseó el abogado—. Y por supuesto, una fotografía con la forma correcta de usarlo. El collar está hecho para vestidos de espalda descubierta, la gargantilla frontal tiene grabado el nombre de su dueña original: Katerina Orlenko. —El abogado miró a Angela como si evaluara por cuánto iba a demandarla—. Si el engarce presenta un solo rayón, tendrá que responder por él.
Jordan miró aquellos papeles como si alguien le estuviera enseñando una entrada al infierno y pidiéndole que caminara hacia ella. Pero la que realmente se estaba moviendo era Katerina. Se detuvo frente a Angela y la miró como se mira a un insecto al que estaba a punto de pisar.
—Quítatelo —siseó y Angela le devolvió la mirada con un odio que ya no se molestaba en ocultar.
Se lo quitó con furia, pero no lo puso en la mano de Katerina, sino que se lo entregó a su madre. Jasmine levantó el collar delante de Katerina, y Jordan lo supo en ese momento, supo que a su madre ya no le bastaba con humillar en su propia casa.
—¡Por esta porquería avergüenzas a mi hija! —escupió, pero antes de que pudiera lanzarlo al suelo como pretendía, la mano de Katerina le surcó el rostro con una bofetada tan fuerte que la mandó al suelo, jadeando, con la cara roja, los ojos desorbitados por la sorpresa y el labio partido.
—Ahora estamos a mano —dijo Katerina con tono gélido, pero antes de que pudiera agacharse a recoger el collar, un hombre se arrodilló frente a ella, lo levantó con cuidado y la miró con descaro.
—¿Quieres que te lo ponga, corderito? ¿O lo dejamos para cuando sea más… privado?

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