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7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS romance Capítulo 14

CAPÍTULO 14. El inicio del infierno

—¿Reportes financieros? —Jordan achicó los ojos como si le estuviera prometiendo una bofetada que no se merecía—. ¿Qué tienen de malo los reportes financieros de la empresa? ¡Los entregué todos por el canal adecuado para su revisión! ¡Pasamos por auditoría externa! —exclamó y en ese mismo momento vio cómo Angela se adelantaba con el rostro descompuesto.

—¡Mentiras! ¡Todo son mentiras! —escupió aferrándose a su brazo como si jalar más la hiciera más convincente—. ¡Jordan, mírame! ¡Es una mujer dolida, despechada! ¡Quiere arruinarte delante de toda esta gente! ¡No puedes creer nada que salga de su boca!

—De hecho, su error ha sido creer en todo lo que salga de la tuya —sentenció Katerina tomando los documentos que un abogado le entregaba—. Tu hermano —dijo enfatizando en la palabra “hermano” deliberadamente—, es tan ciego cuando se trata de ti, que firma lo que sea que le entregues sin leerlo siquiera. Después de todo, ese es tu poder sobre él. ¿No es cierto? ¿No fue eso lo que me dijiste?

Los ojos de Jordan se clavaron en Angela con una interrogación silenciosa mientras ella retrocedía, balbuceando, buscando la salida para negar otra verdad.

—¡Yo nunca he dicho eso! ¡Ella está tratando de manipularte, está mintiendo!

—¡Chica, no me hagas sacar otro video! —exclamó Katerina con fastidio, chasqueando los dedos como si todavía no pudiera creer que a Angela Blackwood le quedara cara como para seguirla perdiendo delante de toda aquella gente.

Y por ls expresión de la audiencia, todos pensaban lo mismo.

—¡Tú cállate! —le gritó Angela perdiendo todo el glamour—. ¡Solo estás haciendo esto porque no soportas que Jordan me haya elegido a mí!

—¡Angela! —rugió él.

—¿Por qué la callas? En ese no está mintiendo —replicó Katerina—. La elegiste a ella y tenías derecho a hacerlo, como yo tengo derecho a no hacer negocios con un hombre que confunde confianza personal con licencia corporativa.

Tomó las carpetas y las ordenó una por una, como si fuera el último trámite que necesitaba para cerrar la noche.

—Mandaste a Angela a dirigir la división europea de Blackwood Holdings —dijo por fin—, pero aprobaste cada documento que mandó sin revisarlo porque era tu hermana, porque confiabas en ella, porque Angela… bueno, Angela es perfecta, inocente, maravillosa y no comete errores. Cinco años después este es el resultado —sentenció lanzando el primer archivo en la mesa frente a él—. Catorce contratos duplicados con abastecedores, con deposito real a empresas fantasmas; total de desvío: treinta y ocho millones de euros.

Jordan levantó el archivo y aunque Angela trató de arrebatárselo de la mano él la apartó. No revisó los catorce, con el primero ya era evidente la duplicación.

—¿Seguimos? —La voz de Katerina llamó su atención como un latigazo—. Veintisiete pagos por servicios que nunca se concretaron; total desviado: diecinueve millones de euros.

Lanzó otro archivo frente a él, y Jordan reconoció nombres de empresas que no había revisado, solo había firmado sin cuestionar. Pero Katerina ya no iba a parar ni por su cara de consternación, ni por piedad ni por nada.

—Cincuenta y siete contratos de trabajo para empleados falsos con depósito de salario a una sola cuenta suiza —continuó con voz firme—. Total desviado: trece millones de euros.

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