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7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS romance Capítulo 17

CAPÍTULO 17. Una película para elegir

Las cuatro pantallas del despacho de Katerina permanecían encendidas al mismo tiempo, cada una mostrando una cadena diferente, y ninguna hablaba de otra cosa.

“BLACKWOOD HOLDINGS PIERDE EL CONTRATO MÁS GRANDE DE SU HISTORIA”.

“ORLENKO CAPITAL TRADING RETIRA SU INVERSIÓN”.

“¿QUIÉN ES LA VERDADERA HEREDERA DE LOS ORLENKO?”

Una imagen tras otra mostraba el rostro desencajado de Jordan en la puerta de su edificio, rodeado por periodistas. Los reporteros lo perseguían hasta su auto, disparándole preguntas desde todos los ángulos, mientras los analistas financieros hablaban de pérdidas históricas.

Katerina le dio un sorbo a su café, con expresión fría, y a su lado su padre se reclinó en una de las butacas ejecutivas.

—¿Duele? —preguntó con calma, porque sabía que una verdad bien aceptada era mejor que esconder el dolor.

Katerina tardó unos segundos en responder. Sus ojos siguieron clavados en la pantalla antes de dejar lentamente la taza sobre el escritorio.

—Sí —admitió con una sonrisa triste—. Me duele porque de verdad creí que Jordan valía la pena. Creí que detrás de toda esa arrogancia había un hombre bueno que no me elegía por mi dinero… Pero supongo que me eligió por otra cosa.

Alexei permaneció en silencio mientras la veía levantarse con la misma firmeza que había tenido desde niña.

—No importa lo que yo sienta, si una mujer tiene que defenderse del hombre con el que duerme... entonces es mejor dormir sola.

Y ahí estaba, señoras y señores: Katerina Orlenko, segunda de su nombre, la nieta de la Titiritera… estaba de vuelta.

Dos horas más tarde, la sala principal de juntas de Orlenko Capital Trading estaba completamente llena. Sobre la enorme pantalla aparecían los proyectos activos del grupo, las previsiones financieras y el calendario de inversiones para los siguientes meses.

En el último años Katerina se había unido siempre por videoconferencia, ahora estaba de pie ocupando su lugar, y su hermana dirigía la reunión con la misma precisión de siempre mientras los distintos ejecutivos tomaban notas.

—El mercado reaccionó incluso mejor de lo esperado —explicó señalando una gráfica ascendente—. La confianza de los accionistas aumentó en cuanto se confirmó que la cancelación de la firma fue por un ocultamiento de fraude y no por un problema personal. Eso nos deja margen para acelerar dos proyectos en Canadá… Pero todavía tenemos un tema pendiente relacionado con Blackwood Holdings.

Toda la sala quedó en silencio y Katerina levantó la vista con frialdad.

—El adelanto —dijo antes de que su hermana terminara la frase y Giulia asintió.

—Exactamente. Debemos reclamar la devolución del dinero adelantado: trescientos millones de dólares.

Varios directores intercambiaron miradas. No era ni el dos por ciento del capital de la empresa, pero a nadie le agradaba perder esa cantidad.

Katerina cerró despacio la carpeta que tenía delante.

—Iré personalmente a liquidar este asunto. Programa una reunión con la junta directiva de Blackwood Holdings —sentenció—. Esta fue mi decisión y responderé por ella. Y en caso de que la negociación caiga en conflicto, haré la reposición acelerada desde mi propia fortuna personal.

Era una sentencia, y nadie se atrevió a decirle que no era necesario porque sabían que las decisiones de la CEO no se discutían.

Todos salieron apresuradamente y Giulia se quedó con ella por un momento.

—En tu casa no está cerca de mi edificio —carraspeó Ángel y Alexei le puso los ojos en blanco.

—Sabía que terminarías metiéndote.

—Claro que sí. Alguien tiene que impedir que esta mujer convierta un divorcio en un encierro espiritual. ¡Camina, corderito!

Ella se carcajeó y se fue con él. El resto de la tarde lo pasaron ente cajas, decoradores y asistentes entrando y saliendo del departamento. Antes del anochecer, el vestidor ya estaba completamente abastecido con ropa nueva, zapatos, bolsos y todo lo necesario para empezar de cero, y Ángel apareció con varias bolsas de comida.

—Yo voy a abrir vino, tú vas a desbloquear al animal ese, y luego veremos cómo sale la noche —decidió él y Katerina alzó una ceja.

—¿Por qué crees que lo tengo bloqueado?

—Porque si no, tu teléfono no dejaría de sonar —sentenció Ángel entregándole una copa—. Jordan Blackwood necesita escuchar que no vas a volver con él en el tono correcto, la pregunta es: ¿eres capaz de usar el tono correcto?

Katerina pasó saliva cuando Ángel le dio la vuelta y casi se le cayó la copa mientras él la subía de un movimiento en la isla de la cocina. Abrió sus piernas sin delicadeza y se metió entre ellas, sonriendo a tres centímetros de su boca como si volvieran a tener quince años y estuvieran probándose el uno al otro.

—Ángel… ¿Qué haces…? —preguntó ella con tono de advertencia.

Pero él tomó su celular, desbloqueó el contacto de Jordan, y menos de treinta segundos después el teléfono parecía convulsionar sobre la encimera.

—Ahora sí, corderito, es hora de decidir: ¿Esta noche quieres película dramática… o película con lenguaje para adultos?

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