CAPÍTULO 23. La guerra será
Y en cualquier otro momento eso le habría derretido hasta las bragas, pero en aquel momento Katerina solo podía pensar en que si Jordan se hubiera comportado de esa manera antes de sacrificar su matrimonio, quizás ahora no estarían mirándose como enemigos.
—¿Traerme de vuelta? —preguntó con un siseo bajo, gélido, y Jordan sostuvo su mirada.
—No voy a renunciar a nosotros.
Durante unos segundos reinó un silencio absoluto y de repente Katerina dejó escapar una carcajada. Y no era una risa cruel, pero era la risa de alguien que acababa de confirmar exactamente aquello que esperaba.
Se acercó a él despacio acarició su brazo por encima del saco y al llegar a su mano entrelazó los dedos con los suyos.
—Ternurita… Para traerme de vuelta tendrías que empezar por reconocer la verdad —murmuró y con un gesto firme lo hizo levantar la mano, apretando con el pulgar la pulsera en su muñeca, que se iluminó dos segundos después.
Jordan soltó un gruñido de impotencia tratando de quitársela, pero cuando finalmente logró arrancársela ya el punto estaba probado.
—Ni siquiera me di cuenta de que la traía, Kat… no es importante para mí…
—Pero lo era para mí —respondió ella con la calma condescendiente de una madre que sabe que no puede evitar la chancla—. Y esa es la cuestión: lo que era importante para mí jamás te importó. Creíste que con “salvarme” ya me tenías garantizada, y le diste a otra persona lo que era importante para mí. ¿Qué demonios quieres recuperar, Jordan?
Lo vio apretar los labios con ese gesto de impotencia de quien sabe que las disculpas no alcanzan.
—No quiero volver contigo. ¿A qué volvería? ¿A tus noches de llegar tarde? ¿A la falsedad de tu hermana? ¿Al desprecio de tu madre? —Lo miró con una mezcla de tristeza y decepción—. Para ser un magnate, ni siquiera te das cuenta de que tu propuesta no es ni viable ni atractiva.
Guardó los documentos dentro de la carpeta y volvió a sonreír.
—El divorcio está legalizado. Retira la contrademanda, o te vas a arrepentir —y si fue amenaza o advertencia, lo dijo con tanta suavidad que asustaba.
—No —respondió Jordan, tajante—. Ya me arrepiento de todo lo que hice, no voy a arrepentirme también de no seguir peleando.
Katerina suspiró y palmeó su brazo.
—Está bien, cariño. Pues si quieres ir a la guerra… pues a la guerra iremos. Licenciado, que tenga bonito día. Con permiso.
Sin añadir una palabra más, caminó hacia la puerta. Educada. Maravillosa. Perfecta. Y Jordan permaneció inmóvil mientras la veía alejarse. Pero en el mismo momento en que desapareció por el pasillo, Langley soltó un largo suspiro.
—¡Joder! Esto es malo, muy malo.
—¿Qué? —preguntó Jordan sin apartar la vista de la puerta—. ¿Qué es malo?
El abogado acomodó lentamente sus gafas y lo miró hasta con lástima.
—Llevo más de treinta años viendo divorcios, señor Blackwood, y por experiencia le digo... que ese tipo de sonrisas son malas, ¡muy malas!
Pero Jordan no podía saber cuánto todavía, porque él todavía creía que la amenaza de Katerina era económica, reputacional o social, no se imaginaba que sentarse frente a ella en una audiencia de mediación no iba a culparlo, sino a destruirlo.
Katerina, por su parte, abandonó el edificio sin dejar que nadie notara la furia que llevaba por dentro. Solo cuando las puertas del ascensor se cerraron permitió que el aire escapara con fuerza de sus pulmones.
—Maldito terco estúpido... —murmuró—. Para complicarme la vida sí eres decidido. ¡A buena hora te diste cuenta de que me quieres de vuelta!
Alexei sonrió satisfecho, porque él era de victorias cortas y venganzas contundentes. Entonces Katerina abrió nuevamente la carpeta y sacó otro documento, dejándolo frente a él.
—Creo que el rascacielos no es ahora la prioridad de Jordan —sentenció—. Mira lo que hizo tu exyerno favorito.
Alexei leyó apenas el encabezado y después soltó una carcajada.
—¿Está tratando de anular el divorcio?
—Así es. —Katerina apoyó un codo sobre el escritorio—. Quiere darme pelea el niño, así que quiero que llames al tío Jake, él va a ser mi abogado.
Alexei levantó al cabeza con gesto ofendido.
—¡Yo también puedo representarte! ¡Soy mejor abogado que él!
—Y también eres mi padre, conflicto de intereses.
—¿Conflicto….? ¡¿Se te olvida que no hay nadie más conflictivo que tu tío Jake?! —exclamó Alexei y Katerina dejó escapar una risa.
—Precisamente por eso también tienes que llamar al único hombre capaz de sujetarle la correa.
Alexei despegó los labios y luego terminó suspirando con dramatismo.
—Creí que no querías destruir a Jordan… pero si dices que los traiga… pues yo los traigo… —sentenció encogiéndose de hombros—. ¡Martina! —voceó por su asistente—. Necesito que llames a mi cuñado ahora… ¡Ah! y mándame a comprar un lote de pañuelos de papel… cajas de quinientos, por favor… ¡Va a haber muchas lágrimas en esa mediación!

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