CAPÍTULO 25. Una citación obligatoria
—Kat, ¿qué está pasando? —Y la voz de Jordan salió ronca, cavernosa, con esos hermosos matices de peligro que eran tan tiernos cuando no iban dirigidos a ella, porque era demasiado evidente que su molestia no era por verla allí.
Katerina volvió a sonreír mientras se levantaba y caminaba hacia él.
—Vine a tener una linda charla con mi exsuegra y con mi excuñada. Llegas justo a tiempo.
Jordan sintió un nudo en el estómago, porque preguntar “a tiempo para qué” era precisamente la trampa.
—Solo vine a entregar las citaciones correspondientes para la audiencia —le explicó ella entonces, viendo que se había quedado como una estatua.
—¿Citaciones? —repitió Jordan arrugando el ceño.
Katerina dio un golpecito con la yema del dedo sobre el sobre.
—Por supuesto, mis abogados solicitaron su presencia obligatoria durante la mediación.
La mirada pasó de su madre a Angela, y Jasmine dejó escapar una carcajada incrédula.
—¡Esto es una estupidez! ¿Pretendes llevarnos a un tribunal?
—Es una mediación y yo no la pedí, su hijo lo hizo. Si llegamos a juicio eso dependerá de él. —Katerina tomó su bolso con calma—. Y lo que pretendo es que todos los involucrados escuchen las mismas palabras que acabo de escuchar aquí.
Y entonces Jordan comprendió inmediatamente que algo había ocurrido.
—Kat, espera...
Pero ella caminó hacia la puerta y él salió detrás porque sabía que la presencia de su madre y de su hermana ese día podía arruinarlo todo.
—¡Por favor! —La alcanzó en el jardín, sujetando su brazo sin presionar, y Katerina se detuvo despacio.
—¿Qué quieres, Jordan?
—Que no vaya nadie más a esa audiencia —sentenció él sin dudarlo—. Yo fui quien te fallé. El divorcio o la solución es solo cosa nuestra, así que solo quiero que estemos tú y yo.
Katerina lo observó unos segundos y luego sonrió con una tranquilidad que comenzaba a desesperarlo.
—Eso ya no es posible, cariño —siseó con un tono condescendiente que lo hizo envararse—. Yo no metí a tu madre y a tu hermana en nuestro matrimonio, tú lo hiciste.
—¡Entonces déjame sacarlas de una vez! ¡Mi madre y Angela no tiene nada que hacer donde se decide nuestro futuro!
—¿Estás seguro de eso? —replicó ella y Jordan tensó la mandíbula porque evidencias de lo contrario sobraba—. Verás, hace apenas unos minutos tu madre me explicó con bastante entusiasmo que quiere una parte importante de mi patrimonio —añadió Katerina y él abrió los ojos.
—¿Qué…?
—Estaría de acuerdo en la anulación si te doy la mitad de lo que tengo. Según ella, merecen mi dinero por haberme soportado durante un año.
Jordan palideció.
—¡Porque es lo justo, Jordan! —exclamó con desprecio—. ¡Esa mujercita vivió un año entero gracias a ti!
—Y yo debía reconocer que eras cruel y no intensa cada vez que la llamabas “mujercita” en vez de mi “esposa” —gruñó él dándose cuenta de que nada cambiaba con su madre.
—¡Ay, por favor! ¡Ella fue la que mintió! Y mientras tanto tú le compraste ropa, joyas, autos...
—¡Katerina no se llevó absolutamente nada de lo que yo le compré! —rugió Jordan golpeando la mesa con tal fuerza que las tazas tintinearon, y las dos mujeres dieron un pequeño respingo—. ¡Nada!
Su respiración era pesada, incómoda, como si por fin entendiera que Katerina jamás había agradecido el dinero, ese le sobraba, ella había estado con él porque quería. Y el querer se le había terminado.
—Mi esposa se fue con la misma maleta con la que llegó de Ucrania —escupió mirando fijamente a su madre—. No tiene que compensarme absolutamente nada.
Jasmine cruzó los brazos, sin aceptar que no tenía la razón.
—¡Claro que sí, porque tú la mantuviste!
—¡Yo me casé con ella porque quise! ¡No para cobrarle intereses!
—Tú te casaste con ella porque era conveniente en ese momento —sentenció su madre cuando él le dio la espalda para marcharse—. Te casaste con ella porque eras demasiado terco como para alejarte de quien de verdad querías. ¡Usaste a Katerina como una sustituta de Angela! ¡Eso fue lo que pasó y no puedes negarlo! ¡Y ahora que por fin tienes la oportunidad de estar con el amor de tu vida tampoco te atreves!
Y entonces Jordan lo supo, sin que nadie se lo dijera, sin que pudiera desmentir a Katerina o decirle exagerada. Y sus ojos eran cansados y feroces cuando miró a su madre.
—Se lo dijiste —siseó y no era pregunta—. Le dijiste a Kat esas mismas palabras. Le dijiste que era una sustituta de Angela.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: 7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS