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7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS romance Capítulo 26

CAPÍTULO 26. "La parte pobre" de la familia.

—Alguien tenía que decirle la verdad en la cara —sentenció Jasmine levantando la barbilla mientras Angela se encogía en un sillón con los ojos bajos.

Porque cuando se trataba de decir lo que ellas creían verdad, solo Jasmine podía ser la mala, porque era su madre. Angela tenía que seguir fingiendo que era la pobre chica enamorada y despreciada.

Jordan respiró profundamente, apretando los puños para no perder el control.

—¿Sabes cuál es el problema, mamá?

Ella lo miró desafiante.

—Que ya no eres el hombre inteligente que crie —respondió antes de que él pudiera continuar—. Podrías hacer una alianza extraordinaria si mueves bien tus cartas con esa mujer. Los Orlenko podrían aportar miles de millones a Blackwood Holdings si fueras capaz de controlarla…

Jordan soltó una risa amarga.

—Mi empresa está perfectamente bien. No necesito volver con ella por dinero. No me interesa retomar la inversión para el rascacielos. —Su voz bajó varios tonos—. ¡Lo que estoy intentando salvar es mi maldito matrimonio!

Y esa frase, dicha como una bofetada, hizo que Jasmine retrocediera y que Angela perdiera el color.

Jordan se dio la vuelta y caminó primero a su madre.

—La citación es obligatoria, pero en esa audiencia no vas a hablar. ¡Ni una palabra! —Luego giró lentamente hacia Angela—. Y la misma advertencia va para ti. Si alguna de las dos vuelve a empeorar esta situación... no pienso seguir mirando hacia otro lado.

Dos segundos después la puerta se cerró de un golpe tras él, y Angela fue la primera en romper el silencio.

—¡Mamá! ¿De verdad vas a dejar que vuelva con esa mujer? —espetó furiosa—. ¿Tienes idea de lo que me costó que firmara ese maldito divorcio?

Pero Jasmine esbozó una sonrisa fría, calculadora.

—No seas impulsiva.

Angela la miró confundida.

—¿No acabas de escucharlo? ¡Si Jordan consigue anular el divorcio, Katerina volverá a ser legalmente su esposa! ¡Eso no lo podemos permitir!

—Claro que sí —sentenció su madre con absoluta tranquilidad—. Porque una vez que vuelva a ser su esposa... podremos sacarle mucho más dinero a Katerina Orlenko antes de deshacernos de ella. Eso puedes dejarlo de mi mano.

Y mientras Angela comenzaba a comprender el nuevo plan de su madre, Jordan se iba a la oficina para trabajar como si no volverse loco dependiera de eso.

Apenas pudo concentrarse durante el resto del día. Tenía informes pendientes sobre la mesa, y una inversión que conseguir para el rascacielos, porque no iba a abandonar el proyecto solo porque la primera negociación se hubiera caído; pero cada vez que intentaba fijar la atención en algún documento, la imagen de Katerina dejando aquellas citaciones sobre la mesa volvía una y otra vez a su cabeza.

No lograba entenderlo. ¿Por qué había citado a Jasmine y a Angela? La audiencia era entre él y su esposa. Bueno… entre él y la mujer que todavía esperaba convencer de volver a casa. ¿Qué sentido tenía involucrarlas?

Se levantó por quinta vez de la silla y caminó hasta el ventanal de su despacho. Desde el piso más alto de Blackwood Holdings la ciudad parecía tranquila, completamente ajena al desastre que se había instalado dentro de su vida, y entonces su teléfono vibró.

—¿Sí?

“Señor Blackwood, soy Harris”.

Jordan reconoció inmediatamente la voz del detective privado.

—Dime que tienes algo.

Unos segundos después, Byron Blackwood apareció en el umbral de aquella puerta, ocupando todo el espacio.

Era casi tan alto como Jordan, de espalda ancha, impecablemente vestido con un traje gris oscuro y la misma elegancia sobria que caracterizaba a los Blackwood. Cualquiera que los conociera por primera vez habría asegurado que eran hermanos de lo mucho que se parecían, pero Byron era hijo del difunto hermano de Emerson; y aunque solo se llevaban dos años, no habían compartido infancia porque a Jasmine no le gustaba que Jordan se mezclara con “la parte pobre” de la familia.

Siendo justos, Byron también tenía un pequeño porcentaje de acciones en la compañía, pero para Jasmine la familia de Emerson siempre había sido motivo de desprecio.

Los dos hombres se estrecharon la mano con firmeza. No eran afectuosos, pero entre ellos existía un respeto construido durante años de trabajo juntos.

—¿Cómo está mi tío? —preguntó Byron sin rodeos y Jordan desvió la mirada un instante.

—La enfermedad sigue avanzando.

El semblante de Byron se endureció un poco.

—Lo imaginaba. Lo lamento mucho.

Hubo un breve silencio antes de que Jordan lo invitara a sentarse.

—Traes malas noticias —murmuró y Byron asintió despacio, acomodándose.

—Hasta Tokio llegó el escándalo —sentenció y Jordan hizo una mueca.

—¿Cuál de todos?

—La cancelación de la inversión del rascacielos… y el motivo por el que los Orlenko se retiraron. —Aquellas palabras le cayeron como una piedra—. Resulta que los japoneses no hacen negocios con empresas envueltas en conflictos familiares ni con sospechas de desfalco financiero… y que el señor Tanaka es íntimo amigo de tu esposa.

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