CAPÍTULO 28. La herida antes de la sutura
La sala de mediación era amplia, sobria y silenciosa. Las paredes color marfil apenas tenían un reloj y el escudo del centro de conciliación. En medio destacaba una larga mesa ovalada y Katerina entró sin apresurarse.
Detrás de ella, Jacob (Jake) Lieberman y Connor Sheffield irradiaban esa seguridad tranquila de quienes llevaban décadas ganando batallas legales.
Los tres abogados se saludaron primero.
—Lieberman.
—Langley.
Un firme apretón de manos, después Connor estrechó la mano de los dos.
—Sheffield.
—Un gusto.
Jordan y Katerina terminaron frente a frente durante unos segundos. Él extendió la mano y ella la aceptó con educación.
—Buenos días, Kat.
—Buenos días, Jordan.
No hubo reproches, ni frialdad, solo una distancia inmensa entre ambos.
Detrás de Katerina, en la primera fila de sillas reservadas para los acompañantes, tomó asiento Aleksei Orlenko. Su presencia bastaba para imponer respeto; permanecía en silencio, con los ojos atentos a cada movimiento.
Un momento después la puerta volvió a abrirse y Jasmine y Angela entraron juntas. Se sentaron detrás de Jordan como si la citación las hubiera ofendido, y él solo les lanzó una mirada de advertencia, porque por desgracia, los abogados de Katerina se habían asegurado de que ellas tuvieran que estar allí.
El ambiente se tensó de inmediato, pero pocos segundos después apareció el mediador: un hombre de unos sesenta años, de voz pausada y expresión serena.
—Buenos días. Soy el licenciado Phil Prowse, mediador designado para esta audiencia.
Todos se pusieron de pie. El hombre tomó asiento y abrió el expediente.
—Comencemos —dijo dándole la palabra al abogado de Jordan mientras él y Katerina se miraban por encima de la mesa como si estuvieran a punto de mover sus fichas.
Langley acomodó varios documentos delante de él y carraspeó.
—Mi cliente solicita la nulidad del divorcio dictado hace unos días. El señor Jordan Blackwood sostiene que jamás manifestó conscientemente su voluntad de divorciarse de la señora Katerina Orlenko, y que los documentos del proceso no son válidos.
El mediador levantó la vista.
—¿Qué está denunciando exactamente el señor Blackwood, una firma falsificada? —preguntó y Langley permaneció unos segundos en silencio.
No podía responder que sí porque eso habría sido una vil mentira, pero…
—No, licenciado… El señor Blackwood sí firmó esos documentos... pero desconocía que se trataban del acuerdo definitivo de divorcio.
El mediador tomó unas notas y luego se dirigió directamente a Jordan.
—¿No leyó las cláusulas? ¿O no sabía que estaba firmando su divorcio?
—Con mucho gusto —accedió con una sonrisa mientras colocaba varios documentos sobre la mesa—. Este es un historial de mensajes y transcripciones de audios protagonizados por la señora Jasmine Blackwood en los que se dirige a mi clienta.
El mediador empezó a leer despacio.
—"Arrimada." "Mantenida." "Recogida." “Muerta de hambre…” —Su expresión cambió discretamente y Jordan bajó la mirada porque no había manera de llamar exageración a eso.
Jake continuó.
—Aquí están los registros cronológicos de los episodios de humillación sufridos por la señora Orlenko durante su matrimonio: Descalificaciones constantes por parte de su suegra, insultos reiterados, amenazas relacionadas con su condición migratoria… solo por comenzar.
El ceño de Jordan se arrugó cuando vio las capturas de pantalla, insulto tras insulto.
—También tenemos manifestaciones expresas de la señora Angela Blackwood asegurando que el señor Jordan Blackwood la abandonaría durante la firma del proyecto —enumeró Jake entregando un documento tras otro, y cada uno iba pasando a manos del mediador—. Esta es evidencia del ingreso no autorizado de la señora Jasmine Blackwood y la señora Angela Blackwood a la residencia privada del matrimonio, incluyendo el ingreso a la habitación matrimonial.
Connor abrió su portafolio y sacó otra carpeta.
—Además, consta también el retiro de pertenencias personales, la apropiación del collar heredado por la abuela de mi clienta... ¡Ah sí! Y la agresión física consistente en una bofetada propinada por la señora Jasmine Blackwood.
Y finalmente Connor dejó el último expediente sobre la mesa.
—Y, por supuesto, tenemos los videos de la presentación pública de la señora Angela Blackwood como esposa del señor Jordan Blackwood durante la firma del proyecto de inversión.
Katerina vio la forma en que Jordan recorría aquellas hojas, como si su corazón tratara de decidir si podían ser reales.
—No quieres creerlo —sentenció y no era una pregunta. Y cuando los ojos de Jordan se encontraron con los suyos solo vio impotencia—. No quieres creer que esto sea cierto, porque eso convertiría a tu familia en unos monstruos… y a ti en quien les dio el permiso para serlo.

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