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7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS romance Capítulo 29

CAPÍTULO 29. Tú no eres rival para mí.

El silencio resultó absoluto, y Jordan sintió como si aquella palabras fueran la hoja de una maldit@ espada directo al corazón, porque era cierto, cada una de aquellas frases era cierta.

“Él estaba demasiado ocupado con el trabajo”

“Él había querido mantener la paz”

“Él sentía culpa por desterrar a Angela”.

“Él jamás había querido divorciarse”

Había mil justificaciones, pero Katerina tenía la verdad en papeles: él había cerrado los ojos. Y esa frase suya de hacía unos días apareció en su cabeza: “Lo peor es que todavía tienes los ojos cerrados”.

El mediador repasó lentamente cada hoja. Y Langley dejó escapar un suspiro porque él desconocía buena parte de aquel expediente, pero estaba seguro de que no podía refutarlo.

—Señor Blackwood… este es un patrón muy bien documentado de violencia psicológica. ¿Esto estaba pasando bajo su techo sin que usted hiciera nada al respecto? —preguntó el mediador y de pronto una silla se movió bruscamente.

—¡Eso es mentira! —exclamó Jasmine poniéndose de pie—. ¡Esa mujer siempre exageró todo! ¡Siempre hacía un drama por cualquier cosa para hacerse la víctima! ¡Yo jamás la humillé! ¡Ella se está inventando todo solo para destruirme, para alejarme de mi hijo!

Jake Lieberman ni siquiera se dignó a responderle, porque todos los ojos se dirigieron hacia Katerina, que parecía absolutamente tranquila mientras miraba a su exmarido a los ojos.

—Jordan. Respóndeme una sola cosa —exigió sin una sola emoción en la voz—. ¿Viste a tu madre hacer las cosas que aparecen en esos documentos... o no la viste?

Jordan sintió un nudo en la garganta. No sabía de los mensajes ni de los audios, pero su madre había confesado sus conversaciones con Katerina, y también sabía del robo, del cambio en la invitación, de la bofetada, del robo del collar…

Finalmente bajó la cabeza.

—Sí. —La respuesta cayó como una losa y Katerina no apartó la vista de él.

—¿La escuchaste insultarme y minimizarme?

—Sí.

—¿Viste cómo Angela trataba de sacarme de tu vida?

Jordan cerró los ojos mientras recordaba la forma en que su hermana se presentaba como “su esposa”.

—Sí —gruñó con una rabia que solo era para sí mismo.

—¿Viste cuando invadieron nuestra casa? —insistió ella.

—Sí.

—¿Cuando entraron en nuestro cuarto?

—Sí.

—¿Cuando se llevaron mis cosas?

Y por primera vez desde que se había sentado en aquella audiencia, Jordan comprendió que el divorcio jamás había empezado con una firma. Había empezado el día que había elegido guardar silencio mientras la mujer que amaba era humillada delante de sus propios ojos.

—Kat… —Pero no supo qué más decir, porque por fin se daba cuenta de que aquello no se arreglaría con palabras.

La miraba como si acabara de descubrir que la mujer que había amado durante un año ya no existía. No era rabia lo que veía en ella. Ni siquiera decepción. Era algo mucho peor: indiferencia, como si ya hubiera dejado de esperar cualquier cosa de él.

Jake Lieberman aprovechó aquel momento de silencio y se dirigió al señor Prowse.

—Licenciado, creo que queda bastante claro que nuestra clienta tenía motivos de sobra para abandonar el matrimonio, y el señor Blackwood acaba de confirmar que se comportó como cualquier cosa menos como un esposo decente. Ya que no tenemos que cuestionar los motivos de la señora Orlenko para irse, me gustaría cuestionar los motivos del señor Blackwood para solicitar la nulidad de su divorcio.

Jordan levantó la vista y su cara registró la ofensa incluso antes de que llegara la acusación.

—¿Qué demonios está insinuando?

Y Jake entrelazó las manos sobre la mesa.

—Insinuando nada, solo estableciendo los hechos en la línea de tiempo. Y esos hechos indican que la verdadera razón por la que el señor Blackwood pretende anular este divorcio es que descubrió la verdadera identidad y la verdadera fortuna de mi clienta.

Jordan reaccionó como si lo hubiera picado una avispa en el trasero.

—¡Por supuesto que no! —exclamó mientras todos lo miraban—. No me importa el dinero de Katerina.

—Quizá a usted no. —Connor Sheffield sonrió apenas y giró lentamente la cabeza hacia Jasmine—. Pero a su madre sí.

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