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7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS romance Capítulo 30

CAPÍTULO 30. Nunca por dinero

Por supuesto que todas las cabezas se giraron hacia Jasmine, y ella levantó la barbilla con altivez.

—¿Qué está insinuando? —siseó y Connor abrió una carpeta.

—No estoy insinuando nada. Estoy recordando una conversación ocurrida apenas el día de ayer, donde usted manifestó expresamente que estaba de acuerdo con anular este divorcio para que su hijo pudiera volver a divorciarse de la señora Orlenko y obtener una parte importante de su patrimonio.

—¡Eso es mentira! —gritó Jasmine poniéndose de pie, pero Connor ni siquiera pestañeó, y Jake Lieberman deslizó un pequeño dispositivo sobre la mesa.

—Aquí se encuentra el audio completo de esa conversación. —Después colocó varias hojas impresas delante del mediador—. Y aquí su transcripción certificada.

El mediador comenzó a leer y el rostro de Jasmine perdió lentamente el color.

—Eso... eso no vale. ¡No tenía ningún derecho a grabarme!

—Pero sí tenía derecho a documentar —sonrió Katerina con suavidad—. Que tú no puedas aguantarte la lengua para despreciarme ya es cosa tuya.

Y aquellas dos palabras terminaron de romper la paciencia de Jasmine, que se adelantó y golpeó la mesa con ambas manos.

—¡Claro que documentabas! ¡Tenías que hacerlo para minimizar que la mentirosa eras tú! ¡Nos engañaste a todos haciéndote pasar por una pobre desgraciada! ¡Lo mínimo que puedes hacer ahora es compensar parte de todo lo que mi hijo invirtió en ti durante ese matrimonio!

—¡Mamá, basta! —rugió Jordan levantándose y su grito hizo que incluso Angela se sobresaltara, pero Jordan señaló una silla—. Siéntate.

—¡Pero...!

—¡Siéntate! ¡Yo no quiero reclamarle absolutamente ningún dinero a Katerina!

—¡Pues yo sí! —replicó su madre sin ceder—. ¡Ella te lo debe! ¡Pusiste toda tu fortuna a su disposición durante un año…!

Y entonces un sonido inesperado rompió la tensión: Jacob Lieberman comenzó a reírse, con un sonido tan contagioso que Connor lo siguió inmediatamente.

Era la risa incrédula de quien acababa de escuchar algo imposible y Jasmine los miró ofendida.

—¿Qué les parece tan gracioso?

Jake negó con la cabeza.

—Perdón… hace mucho tiempo que no escuchábamos una afirmación tan... desproporcionada. ¿Quién se lo va a decir?

Y en ese momento Katerina sintió que si estaba ahí, al menos podía darse un gusto.

—Señora Blackwood… evidentemente usted todavía no entiende quién soy, así que permítame aclarárselo —siseó con tono ligero, elegante—. Mi nombre completo es Katerina Orlenko Di Sávallo.

Y Jordan se quedó mudo porque ese apellido también lo conocía.

—Mi padre es Alexei Orlenko... y mi madre es Alba Di Sávallo. —Le dio un momento a su exsuegra para asentar la idea y continuó—. De mi padre heredo Orlenko Capital Trading; y de mi madre heredo una participación sustancial del Imperio Di Sávallo.

—Jamás.

Katerina dejó escapar una sonrisa amarga y se recostó en el asiento.

—Claro. Debe ser por eso que te aseguraste de proteger tu dinero de mí.

Jordan frunció el ceño como si lo hubiera abofeteado.

—Eso no es cierto…

—¿No?

—¡No, Kat! ¡Nos casamos por bienes comunes! —sentenció, convencido de que por fin tenía un argumento irrefutable—. Cuando nos casamos tú no tenías absolutamente nada, no para mí. No sabía quién eras ni cuánto dinero podía tener tu familia porque ni siquiera sabía que pertenecías a una familia como la tuya. ¡Si hubiera querido proteger mi dinero de ti, jamás me habría casado contigo bajo bienes comunes!

En ese momento Jasmine se puso pálida y abrió la boca, pero Jordan levantó una mano sin apartar los ojos de Katerina.

—¡No, mamá! ¡No vuelvas a meterte! —exigió antes de volver a hablarse a su ex esposa—. Es cierto que me equivoqué en muchas cosas, puedes hacer la lista y tendrías razón en todas ellas. ¡Pero no en que yo estaba pensando en el dinero cuando me casé contigo!

Durante unos segundos nadie habló, ni siquiera los abogados de Katerina rompieron el silencio. Fue el mediador quien intervino sin que nadie lo esperara.

—Disculpe, señor Blackwood —llamó levantando un dedo mientras se ajustaba los lentes—. Es cierto que se casaron bajo el régimen de bienes comunes, pero si es cierto que no quería proteger su dinero de su esposa… —alzó lentamente la vista— ...¿podría explicarme entonces por qué existe un contrato postnupcial firmado por ambas partes, estableciendo separación patrimonial absoluta y renuncia expresa de la señora Orlenko a cualquier derecho económico derivado del matrimonio?

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