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7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS romance Capítulo 31

CAPÍTULO 31. Pruébame.

Jordan permaneció inmóvil mirando al mediador, como si acabara de escuchar un idioma completamente desconocido, y luego hizo una mueca de sorpresa.

—¿Contrato postnupcial…? ¿De qué diablos está hablando? Yo no firmé ningún contrato postnupcial.

El mediador entrelazó las manos mientras se reclinaba.

—¿Está cuestionando la autenticidad de la firma?

—¡Estoy cuestionando por qué no dejan de aparecer documentos de los que no sé nada!

Detrás de él Jasmine se puso blanca al acordarse del contrato, porque su crueldad le venía a la memoria solo cuando le convenía.

—¿Entonces no sabe que en este contrato, firmado… hace unos días, se especifica que su esposa debe renunciar a vienen comunes, casa, compensaciones por infidelidad e incluso a la pensión reglar obligatoria que por ley le corresponde? —insistió el mediador y Langley fue quien recibió el contrato de su mano porque ni él mismo lo conocía.

Pero para ese momento Jordan ya no era dueño de su paciencia.

—¡No entiendo qué demonios está pasando! Primero apareció un divorcio que jamás quise firmar. Ahora aparece un contrato postnupcial que tampoco recuerdo haber firmado. ¡De repente están apareciendo demasiados papeles con mi firma que yo no recuerdo haber autorizado! ¡Y estoy bastante seguro de que no soy sonámbulo, así que eso no puede ser una coincidencia!

La sala quedó en silencio y Jordan bajó la vista hasta encontrarse con los ojos de Katerina y ella solo vio desesperación en los suyos.

—Kat... no me hagas esto —dijo como una súplica y ella sintió que la sangre le hervía en las venas—. Sé perfectamente quién eres ahora. Sé que tienes recursos para conseguir prácticamente cualquier cosa. Puedes contratar a los mejores abogados del país, los mejores investigadores... incluso podrías encontrar pruebas que nadie más encontraría. Pero, por favor, al menos di la verdad.

Katerina permaneció inmóvil.

—Di que esos documentos aparecieron de otra manera. —Y por más sincera que fuera aquella petición, solo hizo más daño—. Di que alguien consiguió esas firmas por otro medio. Lo que sea... pero no digas que yo hice conscientemente algo que jamás habría hecho.

Katerina se levantó de su silla y ni siquiera fingió compasión.

—Firmaste todo porque quisiste.

Jordan cerró los ojos durante un instante.

—¡No!

—¡Y me hiciste firmar el contrato postnupcial porque quisiste!

Jordan apoyó ambas manos sobre la mesa.

—¡Eso es mentira! —Su voz resonó con fuerza por toda la sala—. Reconozco todo lo que hice mal. Reconozco que no te defendí cuando debía hacerlo. Reconozco que elegí el silencio demasiadas veces. Reconozco que permití que personas importantes para mí te hicieran daño mientras yo intentaba convencerme de que todo podía arreglarse solo. ¡Cúlpame por eso, lo merezco! ¡Pero no voy a permitir que mientas sobre mí! Si quieres herirme, hazlo con la verdad. ¡Prefiero que seas cruel diciéndome la verdad de frente antes que construyas una mentira diciendo que quise terminar con lo nuestro!

El mediador observaba atentamente a ambos, esperando el siguiente desahogo, pero ese no llegó.

—No estás listo para manejar la verdad —respondió Katerina como una sentencia y Jordan sostuvo su mirada durante varios segundos.

—Pruébame —gruñó, y los ojos de Kat fueron directamente a Angela mientras en sus labios asomaba una sonrisa.

Solo ese movimiento bastó para que ella reaccionara. Se levantó tan bruscamente que la silla se deslizó varios centímetros hacia atrás, y las lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas casi al instante.

—¡Ya sé lo que está haciendo! —exclamó con voz temblorosa mientras se aferraba a la manga de Jordan—. ¡Solo quiere hacerme quedar como la mala otra vez!

Jordan giró lentamente hacia ella y su expresión ya no era protectora. Había cansancio y una molestia que Angela nunca antes le había visto dirigida hacia ella.

“Ese es mi poder sobre él. Solo tengo que ponerle delante un café, pestañearle un poco, y Jordan firma lo que yo quiera sin cuestionar, simplemente porque no puede dejar de verme”.

En la sala de mediación nadie respiraba y Jordan sintió como si le patearan el estómago.

“¿Y lo firmó conscientemente o se lo deslizaste entre papeles diferentes?” preguntaba Katerina.

“¡Por supuesto que Jordan firmó el divorcio conscientemente! ¡Él no puede esperar a separarse de ti! Ahora que yo estoy de regreso, tú no tienes ningún papel en su vida. Él firmó por su propia voluntad” se escuchó la voz de Angela y Jordan miró hacia ella como si no pudiera creer que esas palabras habían salido de su boca.

Pero el video no había terminado.

“En ese caso recogeré mis cosas para marcharme esta misma noche. Cuando regresen de la firma, ya no estaré aquí”, decía Kat.

“Perfecto. ¡Y recuerda que no puedes llevarte nada! El postnupcial que te hizo firmar mi madre está blindado”.

Los ojos de Jordan fueron hasta Jasmine y de regreso a la pantalla en cámara lenta.

“¿Jordan también sabe sobre eso?” escuchó la voz de Katerina, ya gélida.

“Claro que sí”.

“¿Y también sabe que tu madre me acorraló con cuatro abogados? ¿Que me insultó, me llamó cazafortunas y me amenazó con denunciarme a migración por matrimonio falso si no firmaba el postnupcial? ¿Jordan sabe todo?”

Y Jordan Blackwood esperaba un mínimo de verdad… pero en lugar de eso escuchó la frase que destrozaría el resto de su vida.

“¿Quién crees que le dijo a mi madre que hiciera eso?”

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