CAPÍTULO 34. Una larga línea de matriarcas
Jake Lieberman sonrió de esa forma en que solo los hombres como él, con una vida de pecados a cuestas, podía sonreír.
—Sí voy a darte un consejo, Blackwood —dijo con una expresión tan profunda que Jordan frunció el ceño y no precisamente como alerta contra él—. Y lo haré por pura lástima, porque ya he estado en tu lugar, porque ya he sido tú… —Miró alrededor, a las caras incómodas de Jasmine y Angela, y miró a la puerta—. Camina conmigo.
Jordan no trató de disimular la tensión en su cuerpo, pero dio un paso detrás de otro, recorriendo el corredor como dos viejos enemigos silenciosos.
—En mi experiencia, siempre hay una razón muy poderosa detrás de una familia que llama "amor" a la manipulación y "protección" a la traición. Y casi siempre esa razón es antigua, podrida… pero cuando empieza a oler, ya nadie puede esconderla.
Jordan miró en dirección a la sala y su mandíbula se convirtió en una línea firme, cargada de impotencia.
—Creo que mi familia ya tiene suficiente mierd@ en el presente como para ponerme a revolver el pasado —masculló y Jacob soltó una risa seca.
—Eso es cierto, pero si no quieres despertar dentro de veinte años queriendo cambiar este día, será mejor que aguces la nariz y sigas el hedor, porque esto ya está empezando a oler.
Jordan bajó la mirada y siguió andando con expresión cautelosa.
—Es raro escuchar consejos amables del abogado que intenta mantenerme separado de mi esposa —dijo de repente.
—También soy el tío de tu esposa —respondió Jake y por un momento Jordan se detuvo, porque no había conocido a ningún familiar de Katerina en un año y de repente ahí estaban todos—. Y mi trabajo como abogado y como tío es asegurarme de que te arrepientas por el resto de tu vida de no haber elegido a Katerina.
Jordan negó con el semblante oscurecido, pero cuando habló lo hizo con firmeza.
—Katerina no me dio ninguna elección real —replicó—. Arruinar la compañía que mi padre y yo construimos durante décadas no es una demostración de amor, es una estupidez…
—Y ella sabe que no eres un hombre estúpido, por eso lo hizo —replicó Jake—. Y tienes razón, no te dio opciones reales, pero me alegra de escucharte hablar por primera vez como el hombre inteligente y frío del que seguramente mi sobrina se enamoró… —suspiró con una sonrisa mientras llegaban a las puertas de edificio—. Ahora solo espero que esa inteligencia le dure lo suficiente para comprender que un matrimonio jamás se recupera en un juzgado.
Jordan tragó el nudo que se estaba haciendo en su garganta, pero no replicó, porque sabía que se merecía cada sentencia.
—Los jueces pueden anular un divorcio, muchacho, pero no pueden devolver la confianza, y Katerina no es una mujer a la que se pueda conquistar con palabras.
Bajaron las escaleras despacio y Jordan no puedo evitar aquella pregunta.
—¿Y usted me va a decir cómo se conquista?
Jacob lo miró de reojo, sin esconder la lástima que le estaba empezando a tener.
—Por alguna razón me caes bien, muchacho, así que voy a decirte esto: Katerina viene de una larga línea de matriarcas que entregan el corazón una sola vez… y eso puede significar dos cosas: o estás salvado... o estás completamente jodido.
Jordan volvió la vista hacia la camioneta negra en la que Katerina se había subido. A través del cristal polarizado apenas distinguía su silueta, y cuando el vehículo arrancó, sintió un tirón extraño en el pecho.
—Ella me ama —murmuró con obstinación—. Aunque me odie más de lo que me ama… pero su corazón sigue siendo mío.

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