CAPÍTULO 35. Culpa
Byron abrió la puerta de su departamento todavía despeinado. Llevaba una camiseta negra, un pantalón deportivo y una expresión de absoluto agotamiento que solo podía producir un vuelo intercontinental. Miró a Jordan durante un par de segundos y después se hizo a un lado.
—Tienes cara de haber matado a alguien.
Jordan entró sin responder.
—Por desgracia, todavía no —suspiró él y Byron soltó una risa cansada.
—Entonces todavía hay esperanza.
Cerró la puerta y caminó directamente hacia la cocina americana; y Jordan lo siguió en silencio mientras abría un pequeño armario y sacaba una botella de sake junto con dos vasos bajos.
Los dejó sobre la barra y lo miró de reojo mientras llenaba ambos vasos. Si no recordaba mal, esa solo era la segunda o tercera vez en toda su vida que su primo pisaba su departamento, pero su tío le había dicho que llegaría un día en el que Jordan no tendría a quién más acudir, y que si se sentía de buen corazón ese día, le abriera la puerta.
Y Byron no era precisamente un dechado de virtudes, sabía muy bien cuando cerrar la puerta, pero también sabía cuándo alguien llegaba con la sinceridad de un perro apaleado.
—Salud —brindó y Jordan ni siquiera respondió.
Tomó el vaso y se lo bebió de un solo trago. El licor le quemó la garganta y se le salió una mueca.
—¿Cómo demonios puedes beber esta cosa?
Byron sonrió mientras bebía apenas un sorbo.
—Con práctica —replicó sirviéndole más.
Jordan lo miró unos segundos, como si necesitara cambiar de tema, de aire y de planeta.
—¿Y tú por qué demonios estabas durmiendo a esta hora, es mediodía? —lo increpó y Byron bostezó poniéndole los ojos en blanco.
—El jet lag todavía me tiene completamente desfasado. Mi cuerpo cree que son las tres de la madrugada —contestó—. Pero creo que la verdadera pregunta aquí es: ¿Por qué estás bebiendo tú antes de las doce del mediodía?
Jordan tomó el segundo vaso.
—Porque deben ser las cinco en algún lugar.
Volvió a vaciar el trago de un solo movimiento y Byron apoyó los codos sobre la barra.
—PK, OK, ya veo por dónde viene la cosa —murmuró—. ¿Qué tal fue la mediación?
Jordan permaneció unos segundos mirando el fondo vacío del vaso y finalmente respondió con una mueca.
—Hubiera sido preferible matarle el perro a John Wick.
Byron escupió una carcajada, no por burlarse de él, sino porque su primo rara vez tenía humor en su sinceridad.
—Eso responde bastante bien mi pregunta —carraspeó antes de servirle otro sake—. Entonces... ¿sigues divorciado? ¿No hay manera de anularlo?
Jordan dejó escapar una respiración larga y apoyó ambos antebrazos sobre la barra.
—Sí la hay. Eso es lo peor de todo. Puedo anular el divorcio, solo tengo que presentar una denuncia penal contra mi madre y contra Angela por conseguir mi firma de forma fraudulenta.
El silencio duró varios segundos y Byron preguntó con tono tenso.
—Pero… ¿fraude fabricado... o fraude de verdad?
Jordan dejó escapar una risa amarga.


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