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7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS romance Capítulo 36

CAPÍTULO 36. Confesiones de un hombre borracho

La noche había caído sobre la ciudad y el departamento de Katerina permanecía completamente en silencio. Solo la tenue luz de una lámpara iluminaba la enorme mesa donde descansaban planos, informes financieros y varias carpetas abiertas.

Llevaba más de una hora revisando los documentos del proyecto The Legacy. No porque le interesara Jordan, sino porque se sabía la contrapropuesta de memoria y la que tenía delante, la última que iban a firmar Jordan y su padre, no era la misma.

—¡Maldición, yo redacté esto…! Y vi a Jordan revisarlo y firmarlo, así que por una vez, el tarado sí leyó lo que firmaba. ¿Entonces…?

Pero había una discrepancia en cifras, una que podía no notarse en una suma tan grande como cuatro mil millones… pero Kat conocía aquellos números con puntos y comas, lo que no reconocía era el nombre del proveedor al que supuestamente entregarían seis millones por concepto de “Entregas calibradas”.

“El problema no es el dinero” anotó al margen de la hoja. “Es quién tuvo autoridad para manipular el documento después de la firma de Jordan”.

No creía que Angela lo tuviera, después de todo lo suyo era hacer ojitos para evitar lectura. Así que también anotó el nombre del supuesto proveedor: MIRA Materials S.A., junto a una interrogación abierta: “investigar”.

Cerró lentamente la carpeta y se sirvió una copa de vino porque sabía lo que eso significaba: Jordan todavía tenía otro enemigo dentro de su propia empresa y ni siquiera lo sabía. La pregunta era: ¿por qué ella todavía estaba mirando su desastre como si fuera su problema?

Entonces su teléfono empezó a sonar y Kat frunció ligeramente el ceño porque no reconocía el número. Pero tampoco era de las que se quedaba con la duda, asó que respondió.

—Dígame.

Y lo primero que escuchó no fue una respuesta, fue un grito autoritario que parecía venir desde el otro lado de un largo corredor.

“¡La madre que lo parió! ¡¡Jordan, te dije que sueltes eso, carajo!!”

Apretó el teléfono contra su oído mientras su corazón comenzaba a latir con fuerza. El estúpido estaba haciendo algo estúpido, era evidente, y al otro lado de la línea se escucharon voces confusas, forcejeos, y terminó reconociendo la voz de Byron.

“¡Dame ese teléfono! ¡Llamar a Katerina cuando estás borracho es una pésima idea!”.

Kat se llevó dos dedos al puente de la nariz, luego tomó su copa de vino y se sentó para escuchar el espectáculo.

“¿¡Y a quién esperas que llame si no es a ella!?” respondió Jordan con un gruñido.

Estaba ebrio. Quizás no perdido, pero definitivamente ebrio, y eso sí que era nuevo para ella, así que trató de imaginar perfectamente la escena: Los dos primos discutiendo por el teléfono mientras varias botellas permanecían abiertas sobre la barra de la cocina.

Y esperó escuchar la siguiente frase pronunciada entre balbuceos. Esperó escuchar palabras incomprensibles… pero no ocurrió, porque cuando Jordan volvió a hablar, su voz seguía siendo grave, ronca, profunda, y sorprendentemente clara.

“No va a ser tan fácil librarte de mí”.

Aquellas palabras hicieron que Katerina pasara saliva.

—¿Eso es una amenaza?

“No. Es una promesa”.

—No creo que eso sea…

CAPÍTULO 36. Confesiones de un hombre borracho 1

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