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7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS romance Capítulo 38

CAPÍTULO 38. Una llamada de emergencia

La noche del sábado transcurría en un silencio absoluto, mientras Jordan intentaba pelear contra el resto de la resaca y tratar de empezar a recoger los pedazos de su vida por algún lugar. Y la verdad era que todavía estaba tratando de decidir por dónde, cuando su teléfono empezó a vibrar sobre la mesa.

Miró la pantalla y cuando vio que era el detective privado, respondió de inmediato.

—¿Qué tiene?

“Señor Blackwood, creo que ya encontré una dirección para la señora Orlenko”.

Jordan se puso de pie tan rápido que hasta el sofá se quejó.

—¿Dónde?

“Durante las últimas tres noches ha entrado en el mismo edificio de Manhattan después de las ocho de la noche, cuando sale de las oficinas Orlenko”.

Jordan comenzó a caminar por la sala.

—¿Está seguro de que vive allí?

“Pues puedo asegurarle que ahí ha dormido. Además, encontré algo interesante: El penthouse de ese edificio está registrado a nombre de un fideicomiso perteneciente a Orlenko Capital”.

Jordan sintió que el corazón le daba un vuelco. Por primera vez en muchos días aparecía una posibilidad real, una dirección, un lugar al que ir para encontrarla… Y una sonrisa se dibujó lentamente en su rostro.

—Perfecto. Envíeme la dirección.

“Enseguida”.

Jordan colgó antes incluso de que llegara el mensaje y cinco segundos después el teléfono vibró nuevamente. Abrió el mapa y observó la dirección durante un largo rato. Después levantó lentamente la vista hacia el jardín.

A través del ventanal distinguió el pequeño rincón donde Katerina pasaba tantas tardes cuidando las flores.

Nunca había entendido por qué les dedicaba tanto tiempo a aquellas orquídeas, ahora lo sabía: era lo único en medio kilómetro a la redonda que olía bien, y no solo en el sentido literal.

Sonrió despacio y marcó un número que encontró en G00gle. Después de dos tonos respondió una mujer.

“Invernadero Green Garden, buenas noches”.

—Necesito hacer un pedido.

“Claro, señor”.

Jordan volvió a mirar el jardín.

—Quiero cincuenta macetas de orquídeas, las más hermosas que tengan.

Del otro lado la mujer comenzó a tomar nota.

“¿Algún color en particular?”

—No, todas le gustan —suspiró porque aquel jardín era un arcoíris.

“¿Dirección de entrega?”

Jordan dictó lentamente la dirección del edificio donde probablemente vivía Katerina.

—Necesito que estén allí mañana mismo. Entregadas a la administración, no a una persona.

“No habrá problema. Mañana las recibirán”.

Jordan colgó y permaneció unos segundos observando la casa. Jamás le había dado flores a Kat, mandárselas ahora era como reconocer que solo la estaba viendo después de perderla. Así que si quizás… solo la rodeaba de ellas…

Dejó escapar un gruñido de determinación y subió al dormitorio. Abrió el enorme vestidor, y miró las maletas que seguían guardadas en el mismo lugar. Sacó dos, las dejó abiertas sobre la cama y comenzó a guardar con una atención inesperada.

—¿Qué es todo esto? —murmuró sin siquiera imaginar de dónde venían realmente.

El portero sonrió orgulloso.

—Acaban de llegar, señora. Creo que las envió la administración del edificio. Parece que quieren decorar las zonas comunes.

Katerina volvió a mirar las flores y no pudo evitar sonreír.

—Van a hacer un gran cambio en el edificio. Quedarán muy bonitas.

El portero tomó una de las macetas más pequeñas.

—Si quiere, puedo subirle una para el solárium de su departamento —le ofreció y ella acarició distraídamente uno de los pétalos.

—¿De verdad sobran?

—Tenemos muchísimas.

—Entonces sí —asintió Katerina—. Gracias. Me encantan las orquídeas.

Y desde ese momento sintió que si día podía ser más luminoso de lo que había esperado. Salió del edificio, el aire fresco de la mañana resultaba agradable y decidió explorar por alguna cafetería discreta alrededor. Pero justo cuando creía haber encontrado una, su teléfono comenzó a sonar con un tono que conocía muy bien: el de las emergencias.

—¿Tío Kolya? —respondió inmediatamente y la voz del otro lado no tenía su jocosidad habitual.

“Kat... ¿quieres explicarme por qué entregaste uno de tus teléfonos seguros sin avisarme?” gruñó su tío. “¡Casi pensé que estabas en peligro hasta que el hombre que llamó dijo que tú se lo habías dado para emergencias!”

Katerina dejó de caminar en ese momento y frunció el ceño, porque sabía muy bien a quién se lo había dado.

—¿Qué fue lo que te dijo ese hombre tío?

“Que estaba en peligro. Y que tú le dijiste que lo ayudarías si llamaba”.

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