CAPÍTULO 42. La última despedida
Jordan sintió que el corazón se le detenía.
—¿Qué estás diciendo…? —balbuceó.
“¡Hijo, tu padre ya no está! ¡Fui a despertarlo hace unos minutos y no… no respondió! Ya llamé a la ambulancia, pero no hay nada que hacer... se fue... ¡Se fue, Jordan, y tú... tú no estuviste aquí para despedirte de él…!
Jordan cerró lentamente los ojos y durante un instante fue incapaz siquiera de respirar. Pero Katerina era capaz de reconocer muy bien la manipulación en aquellas palabras. Para las madres como ella, cualquier excusa servía para hacer sentir culpable a un hijo por haberse mudado de la casa de al lado, aunque eso significara crearle un trauma de por vida por no despedirse de su padre.
—Voy para allá… —murmuró Jordan y un segundo después la llamada se cortó por completo.
Katerina lo sostuvo todavía un momento más, y cuando él levantó la vista, vio sus ojos rojos y llenos de lágrimas, pero completamente vacíos de emoción, como si estuviera en shock.
—Mi padre... —La voz se le quebró antes de completar la frase—. Murió...
Katerina sintió un nudo en el pecho. Había esperado aquella llamada. Sabía que llegaría y sabía incluso que Jasmine aprovecharía el momento para intentar manipular a Jordan. Pero nada de eso cambiaba una realidad: Jordan acababa de perder a su padre, y aquel dolor era completamente verdadero.
Él intentó apoyarse sobre el escritorio porque las piernas parecían incapaces de sostenerlo. Y Langley comprendió inmediatamente que ya no había nada más que hacer allí.
—Señor Blackwood... —Jordan apenas consiguió levantar la mirada—. Lamento profundamente su pérdida.
Jordan tragó saliva, pero solo asintió en silencio mientras el abogado recogía discretamente su portafolios. Antes de salir dedicó una breve inclinación de cabeza a Katerina y abandonó el despacho sin hacer el menor ruido.
La puerta terminó de cerrarse y Jordan dejó de luchar. El aire escapó de sus pulmones en un sonido roto mientras se cubría el rostro con ambas manos y todo su cuerpo comenzaba a temblar.
Y Katerina no dijo nada porque no había palabras capaces de aliviar aquel momento. Simplemente rodeó sus hombros con los brazos y Jordan se aferró a ella con fuerza. Entonces comenzó a llorar, no contenido, no digno, sino con ese llanto feo y confuso del hijo que acaba de comprender que nunca volvería a escuchar la voz de su padre.
—Lo siento mucho... —susurró ella y Jordan apoyó la frente sobre su hombro mientras las lágrimas seguían cayendo sin control.
Cuando por fin logró recuperar un poco el aire, levantó la cabeza y se limpió el rostro con el dorso de la mano antes de mirar a la puerta.
—Tengo que ir...
Pero Katerina sujetó su brazo para detenerlo.
—Jordan... —lo llamó con suavidad.
—Tengo que verlo —siseó desesperado y ella comprendía perfectamente aquella necesidad. Nadie podía impedirle despedirse de su padre, pero tampoco podía permitir que condujera en aquel estado.
—Y vas a hacerlo —dijo con absoluta seguridad—. Pero no vas a ir solo. Voy contigo.
Jordan cerró los ojos y apretó sus dedos con fuerza.
Ni siquiera le dio las gracias, como si la voz ya no saliera.
—Espérame aquí. Voy a pedir vehículo.
—¡Jordan! —sollozó entre lágrimas—. ¡Tu padre se fue...! ¡Se fue!
Jordan permaneció inmóvil, incapaz todavía de reaccionar, y entonces Jasmine levantó la cabeza. Sus ojos se encontraron con los de Katerina y durante una fracción de segundo el odio atravesó su expresión antes de que recuperara inmediatamente el papel de viuda destrozada.
Volvió a llorar y se giró hacia los policías, los médicos y todas las personas que permanecían reunidas en el jardín.
—La enfermedad terminó por vencerlo... —dijo entre sollozos—. La parálisis lo estaba consumiendo desde hacía meses. Tengo todos los informes médicos y puedo entregárselos ahora mismo para que comprueben que...
—No hace falta.
La voz de Katerina atravesó el silencio del jardín como una cuchilla y todos se volvieron hacia ella.
Su expresión permanecía completamente serena, fría, inquebrantable.
—No hacen falta sus regristros de enfermedad, porque su enfermedad no fue lo que mató a tu marido.
El llanto de Jasmine pareció detenerse por un instante.
—¿Qué... qué estás diciendo?
—Estoy diciendo que Emerson Blackwood no murió de forma natural. —La respiración colectiva pareció detenerse, pero Katerina no se detuvo—. Emerson Blackwood fue asesinado… y lo sé porque yo fui quien lo mató.

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