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7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS romance Capítulo 43

CAPÍTULO 43. La confesión

El silencio que siguió a la confesión apenas duró un segundo, y Jordan fue el primero en reaccionar. Giró sobre sus talones como un rayo hasta quedar frente a Katerina, con los ojos completamente abiertos, como si acabara de escuchar algo imposible.

—¿Qué acabas de decir?

Pero Katerina no respondió de inmediato, porque su atención permanecía fija en Jasmine, estudiando el rostro desencajado de aquella mujer, que había perdido el color de golpe.

—¡Kat… ¿de qué estás hablando…?!

Jordan dio un paso hacia ella, y cuando sus ojos se encontraron, ni siquiera la vio dudar.

—Yo maté a tu padre.

Aquellas palabras volvieron a caer como una bomba, pero la reacción no fue la que nadie esperaba.

—¡Cállate! —gritó Jasmine antes de que Jordan pudiera reaccionar, y empujó a Katerina con ambas manos.

El golpe la hizo retroceder un paso, pero no perdió el equilibrio.

—¡¿Qué demonios estás diciendo?! —chilló su ex suegra completamente fuera de sí—. ¡Mi esposo estaba gravemente enfermo! ¡Todo el mundo sabía que podía morir en cualquier momento! ¡Murió por su enfermedad!

Jordan sentía que la cabeza estaba a punto de estallarle. Nada tenía sentido para él. Su padre acababa de morir, su ex esposa acababa de confesar su asesinato y su madre negaba la posibilidad como si fuera una ofensa personal.

—¡Basta! —rugió respirando con dificultad—. ¡Que alguien me explique qué mierd@ está pasando!

Y Jasmine recuperó inmediatamente parte de su papel. Se le acercó con lágrimas en los ojos y tomó sus brazos.

—Jordan... mírame... ¡esa mujer está enferma! ¡Lo hace para llamar la atención! ¿No lo ves? ¡Acaba de morir tu padre y ella quiere convertir esto en un espectáculo! —vociferó girándose hacia los policías—. ¡Sáquenla de aquí! ¡Esta es mi propiedad! —Y sus manos sacudieron a Jordan como si todavía tuviera cinco años—. ¡Échala! ¡No permitas que siga diciendo barbaridades en medio de esta tragedia!

Jordan se desprendió violentamente de las manos de su madre y caminó hasta Katerina, sujetándola con fuerza por ambos hombros.

—¡¿Por qué estás diciendo eso?! —preguntó con la voz rota—. ¡¿Por qué estás mintiendo así?!

Katerina sostuvo su mirada durante unos segundos, pero solo se acercó a él y le respondió muy bajo, de modo que solo él pudiera escucharlo.

—Más bien deberías preguntarte... por qué una mujer que me odia con toda su alma está desaprovechando la oportunidad perfecta para destruirme.

Jordan sintió que un escalofrío le recorría la columna mientras miraba de reojo a su madre, pero en ese momento otras manos lo empujaron lejos de Katerina.

—¡Jordan, no puedes escuchar a esa mujer! —gritó desesperadamente Angela—. ¡Está totalmente desequilibrada! ¡Nos odia! ¡Sabes que quiere vengarse de nosotros!

Pero Katerina ni siquiera volvió a mirarlas. Giró directamente hacia el oficial de mayor rango y su voz casi sonó como la orden de un superior.

—Oficial. Estoy confesando que yo maté a Emerson Blackwood —declaró extendiendo ambas manos frente a su cuerpo—. Puede arrestarme ahora.

Todo el jardín quedó completamente inmóvil, y el oficial permaneció observándola durante varios segundos antes de intercambiar una rápida mirada con sus compañeros.

No importaba si aquella confesión era cierta o falsa, existía una confesión formal, y eso bastaba para activar el protocolo.

—Señora…

—Orlenko, Katerina Orlenko —lo ayudó ella.

—Katerina Orlenko, queda detenida de manera preventiva mientras se esclarecen los hechos de la muerte del señor Emerson Blackwood. Tiene derecho a guardar silencio, todo lo que diga puede y será usado en...

El sonido metálico de las esposas resonó con más fuerza que las mismas palabras y Jordan dio un paso hacia adelante.

—¡No! Esto es un error...

Pero el oficial levantó una mano.

—Señor Blackwood, por favor.

—¿Por qué? —preguntó Jordan y su voz salió rota, desesperada.

Katerina le dedicó una mueca triste y solo respondió con dos palabras:

—Lo siento.

Los policías continuaron escoltándola y Jordan permaneció inmóvil viendo cómo abrían la puerta trasera de la patrulla. Las esposas brillaban bajo las luces de emergencia y Katerina subió sin oponer resistencia.

Pero cuando aquella puerta se cerró, Jordan sintió que algo acababa de romperse definitivamente. Los policías hablaban con los paramédicos y el médico a cargo anotaba apresuradamente en su informe.

—¿Puedo verlo? —preguntó Jordan acercándose con tono desesperado y el médico asintió.

—Puedo permitir que lo vea, pero no puede tocarlo. ¿De acuerdo? —le advirtió y Jordan apretó los puños mientras se subía a la ambulancia y el médico abría la bolsa negra.

Su padre estaba allí, pálido, pero con una expresión tan serena que parecía que por fin estaba descansando.

—Siento mucho su pérdida —dijo él doctor y Jordan sintió las lágrimas, calientes y feroces, bajar por sus mejillas.

—Siento no haber podido despedirme, papá —susurró antes de bajar de aquella ambulancia con el corazón roto y la certeza de que todo estaba terriblemente mal.

Introdujo una mano temblorosa en el bolsillo de la chaqueta, sacó el teléfono y sus dedos tardaron varios intentos en marcar el número correcto.

Al otro lado respondieron rápidamente.

“¿Señor Blackwood?”

—Langley, necesito dos números de teléfono urgentemente. El de Jacob Lieberman y el de Connor Sheffield.

“¿Los abogados de la señora Orlenko?” se sorprendió Langley,

—Los necesito —siseó Jordan—. Mi esposa acaba de confesar un asesinato… y no creo ni una palabra que sale de su boca.

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