CAPÍTULO 46. Una promesa
Jordan no supo por qué se quedó allí. Quizás una parte tenía miedo de perder a dos padres el mismo día, y la otra, más oscura y retorcida, tenía miedo de reconocer que ya los había perdido a los dos.
Se quedó sentado en una de las sillas de la sala de espera, mirando la pared blanca frente a él como si pudiera desaparecer en ella, hasta que horas después, el médico salió finalmente de la habitación donde Jasmine permanecía ingresada. Apenas levantó la cabeza cuando escuchó acercarse los pasos del especialista.
—Señor Blackwood.
Jordan se puso de pie con un cansancio lento.
—¿Cómo está?
—Su madre está estable. El episodio fue consecuencia del estrés y de una crisis hipertensiva provocada por la situación emocional. Permanecerá en observación durante esta noche, pero, si todo evoluciona como esperamos, podrá recibir el alta mañana.
Jordan asintió lentamente.
—Gracias, doctor.
Jordan permaneció inmóvil unos segundos más. No sentía alivio ni tranquilidad. Solo un agotamiento tan profundo que cada pensamiento parecía costarle un esfuerzo inmenso.
Incluso algo tan simple como abrir los nuevos mensajes en su teléfono le pareció demasiado, pero supo que tenía que contestar cuando vio el número de uno de los abogados corporativos de Blackwood Holdings.
“Señor Blackwood, lo estamos esperando en la oficina. Los medios ya saben lo ocurrido y las acciones comenzarán a resentirse cuando abra el mercado. Necesitamos emitir un comunicado cuanto antes”.
Jordan cerró los ojos.
—Voy para allá.
Jordan condujo en silencio hasta el edificio principal de la empresa, entró por el estacionamiento privado y subió directamente al último piso, donde varios abogados y miembros del consejo lo esperaban alrededor de la mesa de reuniones. Todos le dieron el pésame, pero para ellos había algo más urgente: el tiempo que jugaba en contra de la empresa.
—Hemos preparado un comunicado institucional. Habla del legado su padre, de la continuidad del grupo empresarial y de la confianza en los proyectos actuales. Es importante transmitir estabilidad a los inversionistas.
Jordan tomó los papeles y las letras parecían mezclarse unas con otras.
«El Grupo Blackwood lamenta profundamente el fallecimiento de su fundador...»
Uno de los asesores de comunicación abrió la puerta que conducía a la pequeña sala donde esperaban las cámaras.
—Los periodistas están listos.
Jordan respiró profundamente. No quería hacerlo, no quería hablar, ni siquiera quería permanecer de pie…. Pero los números no entienden de suelo. Así que salió, leyó el comunicado con una voz apagada que apenas parecía pertenecerle y no respondió preguntas.
En cuanto terminó, uno de los escoltas abrió una puerta trasera del edificio.
—Por aquí, señor.
Jordan abandonó el inmueble por la salida de servicio mientras los periodistas seguían esperando en la entrada principal; y subió de nuevo a su coche sin saber realmente hacia dónde quería ir.
La mansión Blackwood era el último lugar al que deseaba regresar, así que encendió el motor y condujo hasta el hotel donde había pasado la noche anterior.
Abrió la puerta con la tarjeta magnética y se quedó inmóvil en el umbral. Por un segundo creyó que su cerebro se había desconectado de la realidad… porque Katerina estaba allí, sentada junto a la ventana, mirando las luces de la ciudad mientras atardecía.
—Kat… —fue lo único que salió de su boca.
Katerina volvió a llenar la copa una vez, dos veces, y él siguió bebiendo en silencio hasta que la habitación se volvió más ligera.
—Siento que me voy a volver loco —murmuró como si las palabras hubieran comenzado a escapar por sí solas—. No sé qué hacer. No entiendo nada. Mi padre está muerto... mi madre está en el hospital... la empresa solo piensa en comunicados... y la mujer que amo acaba de confesar un asesinato que sé que no pudo cometer… ¡porque estabas conmigo!
Su respiración volvió a acelerarse, pero luego dejó escapar una risa amarga.
—Pero tú querías que estuviera contigo… ¿no es cierto? Por eso adelantaste la hora de la reunión… —siseó Jordan—. Tú tienes… planes, estrategias… pistas… ¡maldit@as pistas, Kat! ¿¡No te das cuenta de que ahora ni siquiera soy capaz de pensar!?
Katerina pasó saliva y su única respuesta fue servirle más coñac.
—¿Por qué estás aquí? —preguntó Jordan de repente—. No me lo merezco.
Katerina apoyó suavemente la mejilla sobre su cabeza.
—Estoy aquí porque antes de morir tu padre me hizo prometerle algo: que no te dejaría solo hasta que todo esto terminara.
Aquellas palabras terminaron de romperlo. Jordan volvió a abrazarla con fuerza mientras las lágrimas caían otra vez; hasta que el agotamiento físico y emocional terminó imponiéndose poco a poco.
Las palabras comenzaron a hacerse cada vez más lentas, los párpados le pesaban, y finalmente la copa resbaló de su mano hasta la alfombra.
Katerina lo empujó como pudo hasta la cama y lo desnudó sin demasiados pudores antes de arroparlo y quedarse mirándolo. Su rostro, incluso dormido, seguía reflejando el cansancio y el dolor de un día interminable.
Luego apagó la lámpara junto a la cama y caminó hasta la butaca situada frente al enorme ventanal.
Apoyó la cabeza contra el respaldo y dejó que el sueño la invadiera, sin saber que esa invasión llegaría con imágenes peligrosas, con recuerdos precisos… porque a veces la nostalgia traicionaba al cuerpo más de lo que al corazón le conviene.

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