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7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS romance Capítulo 47

CAPÍTULO 47. No sabes que eres mía.

Volvió al pequeño hotel en el que se habían casado. Volvió al avión ejecutivo que los había sacado de Odessa. Volvió al hotel de Madrid donde habían pasado la primera semana como esposos, mientras Jordan solo trabajaba contrarreloj… Y volvió a la diminuta piscina soleada donde él había dejado de llamar a aquello: “matrimonio por ayuda” y había cedido a todos sus instintos.

Así que la nostalgia le abrió la puerta a la humedad, como una pesadilla deliciosa donde la lengua de Jordan exploraba cada pliegue de su sexo. La sensación era tan real que podía sentir el calor de su aliento contra su piel, cómo su lengua dibujaba círculos alrededor de su clítoris antes de morder… Y esa sensación de estar a punto de explotar, con el orgasmo bullendo en su vientre como un volcán a punto de entrar en erupción, fue lo que la hizo abrir los ojos con un jadeo ahogado.

El sueño se desvaneció, pero la sensación seguía allí… ¡y Jordan también! arrodillado frente a ella, exactamente como en ese sueño… recuerdo… ¡lo que fuera!

—Este es un ataque a traición —gruñó enterrándole los dedos en el cabello y sujetando la cabeza que tenía entre sus piernas—. ¿Dónde están mis malditas bragas, Jordan?

Lo vio desviar la mirada un segundo y vio el pequeño bulto de encaje claro en el suelo junto a sus pies. La luz del amanecer se filtraba por la ventana, iluminando el contorno de sus hombros anchos y la forma en que sus músculos se tensaban mientras sostenía sus muslos abiertos.

—¿Todavía podemos anestesiar el alma? —preguntó Jordan y Katerina reconoció la ausencia de súplica, la necesidad pura, la intención de borrar todo lo demás por unos minutos.

Jordan solía ser así de cruel, le gustaba usar el sexo para evadirse… pero en eso no eran muy diferentes.

Por un momento quiso decirle que no, que ya estaban separados, pero su cuerpo tenía otros planes. Su sexo seguía latiendo, pidiendo a gritos que su boca volviera, y el deseo era una fuerza abrumadora que anulaba cualquier lógica.

—Solo por esta vez —siseó y esas palabras fueron una cuchillada que Jordan también quiso olvidar.

Sus dedos tiraron de su cabello, y él bajó la cabeza sin dejar de mirarla a los ojos.

—¡Maldición! —jadeó Kat cuando lo sintió chupar con fuerza, y sus caderas se movieron instintivamente contra su boca, buscando más presión, más profundidad, más de esa tortura exquisita que la llevaba al borde de la locura.

Una curva triunfante se dibujó en los labios de Jordan antes de que su lengua encontrara su clítoris directamente, y Katerina arqueó la espalda con un gemido. Sus dedos encontraron su entrada y solo tuvo que hundirlos en ella un par de veces hasta que el orgasmo la golpeó como una ola, violento y abrumador, haciéndola temblar como si el piso se moviera debajo de aquella silla.

Pero ese era solo el principio y Kat lo sabía. Con él siempre era solo el principio. Jordan tiró del cabello de su nuca y la besó con esa fuerza brutal y posesiva que ella apenas iba descubriendo. Katerina pudo saborearse a sí misma en su boca, y el pensamiento la excitó aún más. Jordan la arrastró hasta el borde de la silla, enredando las piernas de Katerina a su alrededor y levantando la sin esfuerzo mientras la llevaba al baño.

El agua de la ducha llenó todo de vapor en un instante, y Jordan la apoyó contra la pared, haciendo que se empapara mientras le arrancaba la ropa con movimientos urgentes y feroces. Su respiración pesada le acariciaba el oído y Katerine sintió su mano en el cuello mientras él terminaba de desnudarla y se quedaba mirándola con los ojos oscuros de puro deseo. Su brazo era toda la distancia que había entre ellos… y era demasiada.

La lengua de Jordan era cálida y agresiva. Sus dientes eran peligrosos y sus dedos dejaban marcas sobre su espalda y sus nalgas cuando pasaban.

La giró bruscamente, empujándola contra las baldosas frías de la ducha; y Katerina apoyó las manos en la pared, sintiendo el agua caliente resbalando por su espalda. Sintió los besos de Jordan en su cuello, una de sus manos sobre sus pechos, controlando, la otra bajando hasta su sexo para volverla loca, y su cuerpo se pegó tanto al suyo que Kat pudo sentir su miembro caliente presionando contra sus nalgas.

—Abre las piernas… —ordenó con un gruñido sordo y ella obedeció sin resistirse—. A partir de ahora… eres libre de gritar.

Antes de que Katerina pudiera responder la embestida la hizo levantarse en las puntas de los pies. Su sexo se abrió de un golpe brutal, mientras cada centímetro se hundía en ella sin piedad. Gritó mientras una mezcla de dolor y placer intenso recorría su sexo, y la boca de Jordan sobre la suya ahogaba el resto de gemidos mientras empezaba a penetrarla con fuerza.

No le preguntó si podía con él, solo escuchó el acelerado de su respiración mientras entrada de nuevo, de nuevo, de nuevo… Cada embestida era más profunda y violenta que la anterior, cada gemido de Katerina lo volvía loco. Sus manos agarraron sus caderas, dejando marcas rojas en su piel mientras la follaba con una ferocidad salvaje, hasta que una nalgada fuerte la hizo gritar de nuevo.

El eco de su mano contra su trasero, mezclándose con el sonido del agua y sus gemidos, la hizo abrir los ojos de golpe, como si de repente su cuerpo entendiera que aquello era nuevo, peligroso, desconocido… y perfecto. Pero su voz… la voz ronca de Jordan en su oído mientras la embestía profundamente y sus dedos retorcían sus pezones, fue lo que terminó la advertencia.

—Tú no sabes que eres mía… —gruñó empujando tan hondo que ella dejó de respirar—. Pero yo te voy a enseñar que no puedes ser de nadie más.

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