CAPÍTULO 48. Plan B
Los dedos de Katerina se pusieron lívidos contra las paredes mientras sentía cómo su cuerpo se abría para él. Cada centímetro era como un ariete al rojo vivo, cada embestida era profunda y violenta y cada segundo que pasaba la acercaba más al orgasmo.
—¡Jordan! —gritó mientras esa corriente desesperada de placer le subía por el vientre, y su sexo latía a su alrededor.
Él respondió acelerando su ritmo, y cuando el clímax llegó sus rodillas flaquearon y un gemido hondo y delicioso se formó en su garganta. Escuchó sus jadeos desesperados, sus gruñidos, y esa maldición baja y perfecta que salió de la boca de Jordan mientras se corría dentro de ella.
Lo sintió apoyar la frente contra su cabello, besarlo por un segundo y darle la vuelta para volver a hundir la lengua en su boca con un beso posesivo.
—Esto no se ha acabado —siseó y ella no lo sintió precisamente como una amenaza, sino como una maldit@ decisión que ya no tenía marcha atrás.
Cuatro horas después parecía que ninguno era capaz de moverse ya. Jordan respiraba despacio acostado en la cama, con la mirada perdida en el horizonte fuera de la ventana. El sol ya estaba alto en el cielo, pero sus ojos no tenían rumbo mientras, de forma completamente inconsciente, acariciaba lentamente el brazo de Katerina.
Ni siquiera parecía darse cuenta de que lo hacía. Era un gesto espontáneo, cálido, como si solo esa parte de él que la necesitaba siguiera funcionando mientras la mente continuaba atrapada varias horas atrás, en el instante en que le habían dicho de la muerte de su padre.
Katerina lo observó en silencio, dándose cuenta de que seguía en medio de aquel shock extraño. Finalmente suspiró despacio y apartó la manta. Solo cuando ella empezó a vestirse Jordan volvió la cabeza y se quedó mirándola, como si no comprendiera por qué ella estaba alejándose.
—Tengo que irme —murmuró Katerina, tomando la chaqueta que había dejado sobre una silla, y Jordan tardó unos segundos en reaccionar.
Se llevó ambas manos a la cabeza y se frotó el rostro con evidente agotamiento.
—Lo entiendo. —Su voz sonó ronca, casi irreconocible—. Y... gracias.
Katerina permaneció inmóvil mientras veía la forma en que el rostro de Jordan se endurecía, aunque sabía que no era contra ella.
—Gracias por haberte quedado conmigo, aunque solo haya sido por la promesa que le hiciste a mi padre... no sé qué habría hecho si despertaba completamente solo.
Kat contuvo el aliento por un segundo, mientras él se ponía de pie y se vestía sin grandes gestos.
—No te quedes encerrado. Tu padre no querría eso.
—Sé muy bien lo que mi padre querría —siseó Jordan metiendo las manos en los bolsillos del pantalón de algodón—. La culpa que me pesa es que haya tenido que morirse para que yo lo haga.
—Jordan…
—Tengo que encargarse del funeral —la interrumpió él—. Aunque ni siquiera sé cuándo liberarán su cuerpo. Con toda esta investigación... quién sabe cuánto tiempo pasará antes de que pueda despedirme de él.
—Será pronto —le aseguró Katerina y Jordan levantó lentamente la cabeza.
Aquella respuesta lo hizo fruncir el ceño, y por primera vez desde la muerte de su padre, pareció tener la suficiente claridad para preguntar.
—¿Qué es lo que está pasando, Kat?
—¿Por qué crees que está pasando algo?
Jordan dejó escapar un suspiro cansado.
—Porque te conozco. —Caminó lentamente hasta quedar frente a ella—. Te lo dije antes: eres la mejor estratega que he conocido en toda mi vida, y estoy seguro de que nunca haces un movimiento sin haber calculado veinte más. Nada de lo que haces es impulsivo.
Pero Katerina permaneció completamente inmóvil, y él terminó sonriendo con tristeza.
—Está bien si no quieres decirme nada. No voy a presionarte —cedió—. Solo quería darte las gracias por no dejarme solo.
—Eso da igual. Las reglas eran claras. Si pasabas la noche con él, aunque fuera para consolarlo, contaba como victoria.
Connor negó con resignación y Katerina puso los ojos en blanco.
—Son todos unos idiotas.
—Idiotas un poco más pobres desde hace cinco minutos —respondió Jake.
Una pequeña sonrisa apareció fugazmente en el rostro de Katerina antes de desaparecer, y su expresión volvió a endurecerse.
—¿Todo salió bien?
Connor dejó inmediatamente cualquier gesto de humor.
—Sí. —Abrió una carpeta que llevaba junto al asiento—. La situación está controlada. La evidencia que necesitábamos dentro de la casa Blackwood fue asegurada legalmente.
—Aunque yo me habría inclinado por la solución del tío Yuri —replicó Yuri—. Alguien viene una tarde con una pistola, ¡pum! ¡pum! ¡pum! y en la noche ya no hay enemigos.
—Si todos se guiaran por las soluciones de tu tío Yuri, tú no tuvieras ni un primo —rezongó Jake y luego tocó la carpeta con los nudillos—. Volviendo a la evidencia, está asegurada, pero es circunstancial.
—Y puedo decírtelo también como juez —añadió Connor—. Eso no basta para sostener una acusación por asesinato.
Katerina asintió lentamente pero no parecía sorprendida.
—Entonces tenemos que pasar al plan B —declaró—. Manda al detective Harrison a devolverle el control a Jasmine. Y dile que haga un buen drama… todos tienen que creérselo.

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