CAPÍTULO 49. El próximo paso
Jordan apenas había conseguido cambiarse de ropa cuando volvieron a llamar a la puerta de la habitación del hotel.
Durante un instante pensó que sería alguien de la limpieza, pero al abrir, sin embargo, se encontró con Byron.
Su primo no dijo una sola palabra, simplemente dio un paso al frente y lo abrazó con fuerza. Y Jordan permaneció inmóvil unos segundos antes de corresponder el gesto.
—Lo siento mucho —murmuró Byron mientras le daba una palmada en la espalda—. De verdad lo siento. Traté de llamarte ayer, pero tu teléfono estaba apagado.
Jordan cerró los ojos.
—Gracias, no… te tenía muchas ganas de hablar ayer.
Byron observó el evidente agotamiento reflejado en su rostro. Tenía los ojos hinchados, la barba comenzaba a crecerle y parecía haber envejecido varios años en apenas dos días.
—Voy a ayudarte en todo lo que haga falta —dijo con absoluta convicción—. Lo que necesites.
Jordan dejó escapar una respiración cansada y caminó de nuevo hacia el interior de la habitación.
—De momento necesito ayuda con la empresa —sentenció—. No tengo cabeza para reuniones. Apenas puedo concentrarme cinco minutos seguidos... pero a los inversionistas y al consejo directivo les importa muy poco que mi padre haya muerto.
Byron sonrió con amargura.
—La banca no entiende de luto.
Jordan dejó caer el cuerpo sobre el sofá.
—No. No entiende.
—Si quieres que te sustituya en algunas reuniones, lo haré. Hablaré con los directivos, atenderé a los fondos de inversión y ganaré todo el tiempo que pueda mientras consigues recuperarte un poco.
Jordan levantó la vista.
—¿Harías eso por mí?
—Claro que sí. —Byron tomó asiento frente a él—. También puedo ayudarte con el funeral. Alguien tendrá que encargarse de la logística, de los invitados, del traslado… No tienes que hacer eso solo.
Pero Jordan negó lentamente.
—Te lo agradezco, pero parece que eso también va a demorar… —Jordan permaneció unos segundos en silencio antes de responder—. Hay una investigación abierta por la muerte de mi padre.
Byron frunció el ceño como si eso fuera ilógico.
—Pensé que había fallecido por su enfermedad —murmuró, y Jordan dejó escapar una risa sin humor.
—Eso creía yo —Se pasó una mano por el rostro—. Pero Katerina confesó haber asesinado a mi padre y ahora todo está siendo investigado.
Byron permaneció completamente inmóvil mientras sus ojos se abrían con sorpresa.
—¿Qué?… ¿Y le crees?
—Ni por medio segundo.
El silencio se prolongó unos segundos y finalmente Byron negó con la cabeza.
—Quizá por eso tu madre y Ángela llevan llamándome desde esta mañana como si el mundo fuera a acabarse. Supongo que ellas tampoco les contestaste al teléfono.
Jordan levantó la vista.
—Pues no. ¿Tú les contestaste?
—Preferí venir primero a hablar contigo —respondió su primo, y como si hubieran sabido que hablaban de ellas, el teléfono de Jordan comenzó a vibrar sobre la mesa y en la pantalla apareció el nombre de Angela.
Su mandíbula se tensó por un segundo, pero luego respondió.
—¿Qué pasa? – gruñó secamente y la voz de su hermanastra sonó precipitada.
—Jordan, tienes que venir al hospital ahora mismo… La policía está aquí con nosotras. Dicen que tienen noticias sobre la muerte de papá.
El aliento de Jordan se cortó por un segundo y luego masculló algo sobre que ya iba saliendo. Pero Angela no lo escuchó completo, porque estaba demasiado preocupada por lo que podía decir el inspector Harrison.
—Entonces el cuerpo será enviado directamente al crematorio —dijo—. Recibirán instrucciones sobre la entrega de las cenizas una vez concluido el procedimiento.
—Gracias —murmuró Jasmine con el gesto apretado.
El detective guardó la documentación, les dio el pésame una vez más y abandonó la habitación.
Las dos mujeres permanecieron inmóviles hasta que lo vieron desaparecer por el pasillo. Solo entonces Angela dejó escapar el aire que había estado conteniendo.
—¡Gracias a Dios! Pensé que encontrarían algo.
Jasmine también respiró, estrujando las sábanas sobre sus piernas, porque las manos le temblaban ligeramente.
—Yo también.
—Creí que descubrirían la sobredosis del medicamento que le estábamos dando —siseó Angela, pero Jasmine negó despacio.
—Al parecer Emerson llevaba consumiéndolo desde hacía tanto tiempo que terminó como una dosis normal para su organismo. —Guardó unos segundos de silencio—. Además, el médico que nos estaba ayudando tenía razón: ese componente no aparece fácilmente en los análisis habituales. Tendrían que haber buscado específicamente esa sustancia para encontrarla.
Angela volvió a respirar con alivio, y Jasmine tomó las manos de su hija entre las suyas, mientras una sonrisa lenta comenzaba a dibujarse en su rostro.
—Por fin sacamos a Emerson del medio.
—¿Y ahora? —preguntó Angela con nerviosismo.
—Ahora tenemos que concentrarnos en el siguiente paso. —Su mirada se endureció—. La herencia.
—¿Crees que saldrá todo como estaba previsto? —Angela inclinó ligeramente la cabeza.
—Tiene que salir. Ahora más de la mitad de todo nos corresponde a nosotras...
—¿Y no crees que Jordan intentará impugnar el testamento para quedarse con todo?
Jasmine soltó una pequeña risa cargada de seguridad.
—No. Jordan jamás se atrevería a ir contra la última voluntad de su padre —sentenció Jasmine con una tranquilidad absoluta—. Tendrá que acatar el testamento exactamente como Emerson lo dejó… porque el nuevo jamás llegó a ratificarlo.

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