CAPÍTULO 50. La última despedida
Jordan llegó al hospital poco más de media hora después de recibir la llamada de Angela, pero la habitación ya estaba vacía. Una enfermera terminaba de retirar las sábanas de la cama cuando él apareció en la puerta.
—Disculpe... ¿la señora Jasmine Blackwood?
—Recibió el alta hace unos veinte minutos, señor.
Jordan regresó al coche y condujo directamente hasta la mansión Blackwood. La propiedad continuaba transmitiéndole una sensación extraña desde la muerte de su padre: más silencioso, más vacío.
Encontró a su madre en el salón principal revisando varios catálogos funerarios junto a Angela, y las dos levantaron la vista al verlo.
—Jordan... Ya nos devolvieron el cuerpo de tu padre —dijo Jasmine con voz cansada y él frunció el ceño—. Y antes de que lo preguntes, ¡no, claro que no encontraron nada en la autopsia de tu padre! ¡Su enfermedad fue la que se lo llevó!
Jordan apretó los labios y no dijo nada sobre eso, porque sabía que con su madre no se podía discutir, ni en ese momento ni en ninguno.
—¿Cómo vamos a organizar el funeral? —preguntó únicamente.
—Mañana recogeremos las cenizas de tu padre y después me encargaré de organizar una despedida digna para Emerson —respondió Jasmine y Jordan tardó unos segundos en comprender lo que acababa de escuchar.
—¿Las... cenizas? ¿Qué quieres decir con eso?
—Que ya autoricé la cremación.
Jordan dio un paso hacia ella.
—¡¿Cómo?! —Su voz resonó con tanta fuerza que Angela dio un pequeño respingo—. ¡¿Cómo que autorizaste la cremación?!
Jasmine frunció el ceño.
—Baja la voz.
—¡No! ¡No voy a bajarla! ¡Yo quería despedirme de mi padre!
—Y lo harás.
—¡No de esta manera! —Jordan pasó una mano por su cabello, completamente alterado—. Cómo pudiste hacer algo así sin hablar conmigo?
Jasmine se puso lentamente de pie.
—¡Porque era mi esposo! Y nadie conocía mejor que yo lo que Emerson quería.
Jasmine sostuvo la mirada de Jordan con absoluta firmeza, aunque por dentro sentía un miedo imposible de describir. No podía permitir que aquel cuerpo siguiera existiendo. Mientras Emerson permaneciera enterrado, siempre existiría la posibilidad de una exhumación, de nuevos análisis, de que alguien encontrara aquello que los primeros estudios no habían detectado.
Reducido a cenizas… nunca volvería a revelar nada. Pero esa verdad solo la conocía ella, de cara a todos los demás seguía siendo la viuda desconsolada.
—En tres días será el funeral —anunció finalmente—. Yo me encargaré de organizarlo todo.
Jordan la observó durante varios segundos y no encontró fuerzas para seguir discutiendo. Simplemente dio media vuelta y salió de la mansión sin despedirse.
Los dos días siguientes pasaron como una niebla interminable. Jordan iba algunas horas a la oficina porque sabía que la empresa necesitaba verlo allí, aunque en realidad apenas conseguía concentrarse en nada.
En más de una ocasión terminó sentado solo en su despacho, mirando el nombre de Katerina que seguía apareciendo en sus contactos. Solo tenía que pulsarlo. Solo eso. Y más de una vez colocó el dedo sobre la pantalla… pero otras tantas terminó apartando la mano.
No quería que regresara únicamente porque le había prometido a su padre que no lo dejaría solo. Si algún día Katerina volvía a buscarlo, quería que fuera porque ella realmente quisiera hacerlo.
Así que tres días después, Jordan permanecía de pie frente a la iglesia donde tendría lugar la ceremonia de despedida.
Vestía completamente de negro y sus manos descansaban dentro de los bolsillos de la gabardina. Su expresión permanecía firme, casi pétrea, pero por dentro sentía que apenas conseguía mantenerse de pie.
—¿Escándalo? —siseó con desprecio—. ¡El escándalo lo quiso montar ella! ¡Fue Katerina quien intentó manchar la memoria de mi padre confesando un asesinato que nunca ocurrió!
Y Jordan giró lentamente hacia su hermanastra.
—Katerina tuvo sus motivos —sentenció y Angela abrió mucho los ojos.
—¡No me importa cuáles sean! —Señaló directamente a Katerina—. ¡La quiero fuera del funeral! ¡Ya!
Entonces Jordan dio un paso más hacia ella y su expresión se endureció por primera vez desde siempre.
—Estoy completamente seguro de que mi padre preferiría que estuviera aquí Katerina… antes que tú. —Angela palideció, pero Jordan no había terminado—. Si no quieres verla… vete tú.
Angela dio un paso hacia él, completamente indignada, pero Jasmine la sujetó con fuerza por el brazo.
—Déjalo. No es el momento.
La mujer apretó los labios y después arrastró suavemente a su hija hasta uno de los bancos. Las dos tomaron asiento aparentando el dolor de familiares desconsoladas.
La ceremonia comenzó pocos minutos después; y durante toda la misa, Jordan permaneció con la vista fija sobre la urna que contenía las cenizas de su padre.
Cuando por fin el sacerdote dio por concluida la ceremonia y los asistentes comenzaron a levantarse, un hombre de traje oscuro se acercó a la familia: era el notario familiar.
—Quisiera informarles que mañana, a las diez de la mañana, tendrá lugar la lectura oficial del testamento del señor Emerson Blackwood —dijo abriendo una carpeta—. Los citados son la señora Jasmine Blackwood, el señor Jordan Blackwood, la señorita Angela Blackwood… —Hizo una breve pausa antes de pronunciar el último nombre— ...y la señora Katerina Orlenko.
Jasmine dio un respingo inmediato.
—¿Qué?… ¿Por qué está citada ella? —graznó señalando a Katerina con un dedo tembloroso—. ¡Es la exesposa de Jordan! ¡Ya no pertenece a esta familia!

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