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7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS romance Capítulo 51

CAPÍTULO 51. Una lectura con condiciones

El silencio que siguió a la pregunta de Jasmine hizo que buena parte de los asistentes que todavía permanecían dentro de la iglesia volvieran la vista hacia el pequeño grupo; pero el notario no pareció alterarse. Cerró con tranquilidad la carpeta que llevaba entre las manos y respondió con el mismo tono profesional que había mantenido desde el principio.

—Porque así lo dejó indicado el señor Emerson Blackwood antes de fallecer, y de eso se trata un testamento, señora Blackwood, de respetar la voluntad del difunto.

¡Zas! Esa respuesta fue una cachetada de guante y antes de que Angela pudiera ponerse a gritarle en su cara, Jordan la interrumpió.

—La obligación del notario consiste únicamente en cumplir la última voluntad de papá. ¿Tienes que hacer un escándalo por eso también? —siseó y luego miró al notario—. Licenciado Saldívar, ahí estaremos, gracias por avisar.

—Bien. Los espero mañana a las diez de la mañana. —El notario inclinó ligeramente la cabeza, y sin añadir nada más, se despidió y continuó saludando a otros invitados que todavía abandonaban la iglesia.

Jordan permaneció unos segundos observando la urna donde descansaban las cenizas de su padre. Después respiró profundamente y comenzó a caminar hacia la salida junto a Katerina; pero apenas cruzó la puerta principal, varias personas se acercaron para ofrecerle sus condolencias. Viejos socios de Emerson, empresarios, directivos del grupo Blackwood y amigos de la familia. Todos querían estrecharle la mano, decirle unas palabras o recordar alguna anécdota de su padre.

Y Jordan respondía por educación, aunque apenas escuchaba lo que le decían.

Mientras tanto, Katerina se alejó algunos metros, esperando que terminara, y no se sorprendió cuando vio que Angela aprovechaba su descuido para acercársele. Esa rata siempre se escabullía para tratar de morder de la misma manera.

—No sé qué demonios estás haciendo, pero no voy a permitir que uses la muerte de mi padre para volver a acercarte a Jordan. —Angela sonreía, pero sus ojos destilaban odio.

—Angela... para acercarme otra vez a Jordan solo tendría que volver a tocar la puerta de su habitación de hotel… Y te garantizo que me volvería a abrir, exactamente como al última vez.

La sonrisa desapareció del rostro de Angela, y sintió que la sangre le hervía. ¿Qué demonios significaba eso? ¿Y entonces para qué carajo servía el divorcio?

—¡Eres una…! —Pero no llegó a terminar la frase porque Jordan apareció junto a ellas.

—Kat —la llamó sin siquiera mirar a Angela—. ¿Podemos hablar un momento?

Katerina vio cómo Angela se ponía roja al ver la mano de Jordan en su cintura, pero solo se alejó con él sin hacer un solo gesto.

—Sé que esto puede parecer raro, pero mi padre te quería —murmuró él mientras se alejaban hacia el auto en el que ella había llegado—. Por favor, no faltes mañana a la lectura del testamento.

Katerina permaneció unos segundos en silencio y después asintió.

—Está bien. Iré —aceptó y él dejó escapar el aire que había estado conteniendo—. Cuídate, Jordan.

Se dio media vuelta para subir a su coche, pero apenas llegó junto a la puerta, todo comenzó a darle vueltas. La imagen frente a sus ojos se volvió borrosa y se llevó una mano a la cabeza. Y aquel gesto simple hizo que Jordan reaccionara como un resorte.

—¡Kat! —Cortó la distancia justo cuando las piernas parecían dejar de sostenerla y la sujetó por la cintura antes de que cayera al suelo—. ¡Katerina!

El corazón le subió a la garganta sin que pudiera evitarlo cuando vio sus ojos perdidos por un instante, y sujetó su cara tratando de enfocarla.

—Kat, mírame. ¿Estás conmigo?

Ella abrió lentamente los ojos y respiró hondo.

—Estoy bien… solo fue un mareo.

Jordan la levantó en brazos con un solo movimiento y la sentó dentro del coche .

—Nos vamos al hospital.

El rostro de Angela perdió completamente el color, pero el notario se despidió sin más aclaraciones y ella buscó desesperadamente a Jasmine.

—Mamá, tenemos un problema.

Jasmine escuchó toda la explicación, y cuando Angela terminó, lo que salieron de su boca fueron puras órdenes.

—Empieza a moverlo todo ahora mismo. Esta misma noche.

Así que las siguientes horas transcurrieron entre llamadas, transferencias, ventas aceleradas de propiedades, liquidación de inversiones y cancelación de cuentas.

Cuando amaneció, apenas podía mantenerse despierta, pero había conseguido reunir casi toda la cantidad que había desfalcado.

—Sé que te duele perder este dinero, pero la fortuna Blackwood es diez veces mayor, y casi toda nuestra —la consoló Jasmine y Angela apretó los puños.

—Todavía no cantes victoria. Liquidar propiedades y bienes tan deprisa me hizo perder muchísimo dinero —masculló—. Todavía faltan cuatro millones de dólares por devolver.

A la mañana siguiente, pocos minutos antes de las diez, Angela llegó al despacho del notario con una carpeta repleta de documentos y la colocó sobre el escritorio.

—Aquí están todos los comprobantes… pero faltan 4 millones por reponer. No los tengo ahora mismo, pero los conseguiré...

El hombre revisó la documentación y cerró la carpeta.

—No será necesario —sentenció—. El señor Emerson estableció que se daría por satisfecho si usted devolvía al menos el noventa por ciento del dinero. Y eso ya está cumplido. —Se puso de pie—. Puede pasar a la lectura del testamento.

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