CAPÍTULO 52. Una última voluntad
Jordan llegó a la notaría unos minutos antes de las diez de la mañana.
La noche anterior apenas había conseguido dormir. Había dado vueltas durante horas pensando en su padre, en Katerina, en aquella absurda confesión que seguía sin explicación y en el extraño comportamiento de Jasmine desde el mismo instante en que Emerson había muerto.
Mientras permanecía de pie frente a la entrada, escuchó detenerse un automóvil a pocos metros y levantó la vista para ver a Katerina bajar de un auto. Vestía un traje oscuro y caminaba con la misma elegancia de siempre, pero Jordan advirtió enseguida algo que no le gustó: seguía pálida.
—¿Cómo estás? —murmuró con preocupación, acercándose y ella respondió con un asentimiento leve.
—Bien.
Pero Jordan negó suavemente con la cabeza.
—No te creo. ¿Al menos fuiste al médico?
Y ella habría querido decirle que sí, pero la verdad era que había pasado el resto del día vomitando como si fuera una infección andante.
—No hace falta...
—¡Kat, claro que hace falta! ¡Ayer casi te desmayaste delante de mí!
—Solo era agotamiento, y creo que hasta que esto no termine, no me voy a mejorar —suspiró ella y Jordan la observó unos segundos más.
—Si cuando terminemos aquí todavía estás de ese color, yo mismo te llevo al hospital aunque me denuncies por secuestro y esas cosas —rezongó ofreciéndole su brazo y Katerina lo miró como si le hubiera ofrecido una bomba.
—¿Quieres matar a tu madre también de un coraje? —le preguntó y Jordan no pudo evitar dejar escapar una gruñido molesto.
—Mi madre tendrá que aprender a gobernar sus propias reacciones antes de intentar controlar las mías —sentenció y Katerina hizo una ligera mueca de sorpresa.
No esperaba aquella respuesta, pero no iba a quejarse por ella, así que después de unos segundos, finalmente se colgó de su brazo y los dos caminaron juntos hasta la entrada.
Cuando atravesaron la puerta principal de la notaría, Jasmine y Angela ya se encontraban sentadas frente a la enorme mesa de reuniones. Las dos levantaron la vista al mismo tiempo y el odio con el que miraron a Katerina fue tan evidente que ni siquiera intentaron disimularlo.
Jordan no les prestó atención. Llevó a su ex esposa hasta dos de las sillas situadas frente al escritorio del notario y se sentó a su lado con calma.
Pocos segundos después apareció el hombre acompañado por dos asistentes, y saludó formalmente antes de abrir una gruesa carpeta de cuero.
—Siendo las diez horas del día de hoy, comparecen los herederos y personas expresamente citadas para proceder a la lectura del último testamento otorgado por el señor Emerson Blackwood.
Nadie habló. Solo se escuchaba el roce de las hojas al pasar; y el licenciado Saldívar continuó con el habitual lenguaje jurídico, certificando la identidad de los presentes, la validez del documento y la capacidad legal con la que había sido escrito.
Finalmente llegó a la parte que todos esperaban.
—Conforme a la voluntad del señor Emerson Blackwood, el cincuenta por ciento de la totalidad de sus acciones dentro del Grupo Blackwood, así como el cincuenta por ciento de sus activos financieros, inversiones nacionales e internacionales, cuentas bancarias, fondos de inversión, participaciones empresariales, inmuebles urbanos y rurales, residencias particulares, vehículos de colección y demás bienes patrimoniales pasan íntegramente a su hijo biológico, el señor Jordan Blackwood.
Jordan apenas reaccionó. Tenía su propio patrimonio, así que del de su padre solo le preocupaba el que comprometía las acciones de la empresa. En cuanto a propiedades y cuentas, nada de eso le quitaba el sueño.
—En cuanto al cincuenta por ciento restante del patrimonio...
—Conforme a la documentación entregada el día de hoy, usted no restituyó cuatro millones. Así que esa es toda su herencia.
Angela se puso de pie de golpe.
—¡Ese dinero no existe! ¡Lo perdí intentando vender propiedades a toda prisa! ¡No fue porque quisiera quedármelo!
El notario asintió con absoluta tranquilidad.
—Lo sé, en ese caso, su herencia consistirá en “la ausencia de una demanda” por los cuatro millones de dólares pendientes de restitución.
Angela se quedó completamente inmóvil, como si el notario la hubiera abofeteado en lugar de hablarle.
Pero el hombre le quitó toda su atención para girarse hacia Katerina.
—Señora Orlenko, en cuanto a usted, el señor Emerson le dejó la totalidad de las joyas pertenecientes al patrimonio histórico de la familia Blackwood.
Jasmine abrió mucho los ojos y el notario extrajo entonces un sobre lacrado de la carpeta.
—Asimismo, le entrega una carta escrita de su puño y letra.
En ese instante Jasmine reaccionó como si todas las piezas terminaran de encajar de golpe.
—¡Ese no es el testamento verdadero! –gritó señalando el documento que el notario sostenía entre las manos—. ¡Voy a impugnarlo! ¡Emerson jamás firmó esos cambios! ¡Murió antes de validarlos!… ¡Usted está utilizando un testamento que nunca llegó a quedar legalmente ratificado!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: 7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS