CAPÍTULO 53. Palabras importantes.
El silencio que siguió a la acusación de Jasmine fue tan absoluto que nadie pareció recordar siquiera cómo respirar. Jordan permanecía inmóvil, no podía decir que estuviera sorprendido; impactado, sí, pero no sorprendido.
Las últimas conversaciones que había mantenido con su padre antes de su muerte habían sido muy distintas a las de años anteriores. Su padre ya no hablaba de Angela con cariño ni defendía a Jasmine como solía hacerlo. Muy por el contrario, le había confesado más de una vez que ya no confiaba en ninguna de las dos, especialmente después de descubrir que Angela había desfalcado la empresa y que Jasmine había preferido justificarla antes que obligarla a asumir las consecuencias.
Aun así, jamás imaginó que aquella desconfianza llegaría tan lejos… o que su madre haría una acusación como esa.
Sin embargo, el notario permaneció completamente tranquilo.
—Señora Blackwood, me temo que no sé de qué está hablando —dijo con serenidad y Jasmine dio un paso al frente.
—¡Claro que lo sabe! —Su dedo acusador apuntó directamente hacia él—. ¡Usted estuvo en mi casa hace apenas unos días! ¡Emerson iba a cambiar el testamento y debía ratificarlo el lunes! ¡Pero murió antes de poder hacerlo! —Su voz se volvió todavía más aguda—. ¡Está leyendo un documento que nunca fue ratificado! —espetó, pero el licenciado Saldívar ni siquiera pestañeó—. ¡Voy a impugnar este testamento! ¡Emerson jamás dejaría a su hija sin nada! ¡Esto es manipulación y mentira! ¡Nada más!
El hombre esperó pacientemente a que terminara y solo entonces habló.
—Señora Blackwood, creo que existe una confusión —siseó abriendo nuevamente la carpeta—. El testamento que acabo de leer fue firmado y ratificado hace exactamente tres meses.
Toda la sala quedó inmóvil y Jasmine sintió que el color abandonaba lentamente su rostro.
—Los cambios que el señor Emerson Blackwood me solicitó durante los últimos días de su vida no guardaban relación alguna con este documento.
—¡Eso es mentira! —gritó Angela levantándose también y golpeando la mesa con violencia—. ¡Escuchará de nuestros abogados!
—Antes de llamar a sus abogados… —replicó el notario— ...será mejor que permanezca sentada y vea esto.
Se dirigió hasta uno de los extremos de la sala, pulsó el botón de un control remoto y la enorme pantalla instalada en la pared comenzó a descender lentamente.
Las luces se atenuaron y un instante después apareció una imagen: Emerson Blackwood ocupaba el centro de la pantalla. Vestía un traje oscuro y aunque la enfermedad ya había dejado huellas visibles sobre su cuerpo, mantenía la misma mirada firme de siempre.
A ambos lados permanecían dos médicos ampliamente reconocidos, y junto a ellos aparecían el propio notario y dos testigos.
Uno de los médicos fue el primero en hablar.
“Yo, el doctor Richard Collins, certifico que el señor Emerson Blackwood se encuentra plenamente orientado en tiempo, espacio y persona, comprende el alcance de sus decisiones y posee capacidad mental suficiente para otorgar testamento.”
El segundo médico repitió exactamente la misma certificación, añadiendo fecha y hora, y después ambos abandonaron el plano.
El notario hizo una señal y la cámara quedó enfocando únicamente a Emerson.
“Angela”. La mujer se tensó por completo. “Cambié este testamento el mismo día que descubrí tu desfalco, porque aquel día comprobé algo que llevaba demasiado tiempo negándome a aceptar: nunca quisiste una familia, solo quisiste aquello que esa familia podía darte.
Angela apretó los puños en silencio y la imagen cambió apenas un instante.
“Jasmine. Te dejo una pensión de viudedad suficiente para vivir con dignidad, pero considera todo lo que gastaste indiscriminadamente durante nuestros años de matrimonio como parte de tu herencia”. Entonces dejó escapar una carcajada, una auténtica carcajada. “Al menos todavía tienes más de trescientos bolsos de lujo que vender”.
Jasmine dejó escapar el aire de golpe y las piernas dejaron de sostenerla, dejándose caer pesadamente sobre la silla.
—Hay una segunda grabación —añadió el señor Saldívar—. El único cambio que el señor Blackwood quería introducir en el testamento, era añadir a un responsable.
“Sobre la administración del patrimonio destinado a mi futuro nieto” decía Emerson. “Si Jordan llegara a faltar antes de que el niño alcance la mayoría de edad, quiero que quien administre ese patrimonio sea Byron Blackwood. Confío plenamente en mi sobrino y en su devoción a esta familia.
El video terminó definitivamente y Jasmine volvió a ponerse de pie.
—¡Eso no puede ser! ¡Si Jordan muriera, quien debería administrar esa herencia sería yo! ¡Sería la abuela del niño!
Y el notario se preparó para responder pero Jordan habló antes.
—No hace falta discutirlo. Déjelo estipulado exactamente como él lo pidió —declaró mirando el borrador del adendum—. Si esa fue la última voluntad de mi padre… entonces, si algún día yo falto, Byron administrará la herencia de mi hijo hasta que alcance la mayoría de edad.

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