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7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS romance Capítulo 55

CAPÍTULO 55. Díselo

La ambulancia llegó en menos de cinco minutos, pero a Jordan aquella espera le pareció una eternidad.

Permanecía arrodillado junto a Katerina, sujetándole una mano mientras intentaba impedir que se moviera. Ella respiraba con dificultad, tenía el rostro completamente pálido y mantenía una mano apoyada sobre el vientre.

—Ya vienen, Kat... ya vienen.

Ella no respondió, solo cerró los ojos un instante, tratando de controlar el dolor mientras los paramédicos descendían de la ambulancia con rapidez. En cuestión de segundos la inmovilizaron sobre una camilla y comenzaron a revisarla mientras la conducían hacia el vehículo.

—Presión arterial.

—Noventa sobre sesenta.

—Pulso.

—Ciento diez.

Uno de ellos levantó la vista hacia Jordan.

—¿Es familiar?

Jordan ni siquiera dudó.

—Sí. Soy su esposo —declaró con firmeza y Katerina ni siquiera pensó en desmentirlo porque realmente estaba asustada y adolorida y no quería estar sola.

Porque quizás lo peor de todo era que en aquel momento no era capaz de ver al hombre que había permitido que su madre la humillara, veía la misma cara del hombre que la había cargado por seis kilómetros hasta un hospital en una zona de guerra.

—Suba con nosotros —ordenó el paramédico y Jordan no se lo hizo repetir.

Entró inmediatamente en la ambulancia y se colocó junto a la camilla; y el vehículo arrancó con la sirena encendida.

—Señora, necesito que me responda algunas preguntas —dijo con urgencia el paramédico que la atendía, levantando su blusa.

—Sí...

—¿El automóvil llegó a golpearle directamente el abdomen?

Ella negó con dificultad.

—No...

Jordan respiró un poco más tranquilo, y el paramédico continuó palpando con extrema delicadeza. Después hizo una pregunta completamente inesperada.

—¿Está embarazada?

Jordan sintió que todo su cuerpo se paralizaba y miró a los ojos de Katerina como si esperara permiso para volver a respirar.

—No lo sé… —respondió ella con un hilo de voz.

El paramédico intercambió una rápida mirada con su compañero y volvió a examinarla con detenimiento.

—No presenta signos de hemorragia por impacto. —Guardó unos segundos de silencio mientras continuaba la exploración—. Tenemos que asumir que la caída puede estar provocando un proceso de pérdida.

Jordan sintió que el pecho le dolía tanto que no lo dejaba ni reaccionar. Miraba alternativamente al paramédico y a Katerina como si estuviera intentando comprender un idioma completamente desconocido.

“Embarazada”.

Aquella palabra no dejaba de repetirse dentro de su cabeza, y buscó la mano de Katerina para apretarla con fuerza. Y ella no la retiró, pero tampoco respondió al contacto. Las lágrimas comenzaron a deslizarse silenciosamente por sus mejillas y Jordan apretó con suavidad sus dedos.

—Todo va a salir bien… —le susurró porque él también necesitaba creerlo.

Menos de cuatro minutos después la ambulancia se detuvo frente al servicio de urgencias, donde varios médicos ya esperaban con otra camilla. En cuanto abrieron las puertas, comenzaron a trasladarla hacia el interior, y Jordan intentó seguirlos, pero una enfermera le cerró el paso.

—Lo siento, señor.

—¡Soy su esposo! ¡Voy con ella!

—Ahora mismo no puede entrar. Pero el médico lo llamará, por favor deles espacio para trabajar.

Jordan se llevó las dos manos a la cabeza y la escena del auto le pasó de nuevo frente a los ojos. La aceleración, la intención, el impacto de los dos contra el suelo.

—¿Familiares de la señora Orlenko?

—Yo. —Jordan acudió inmediatamente.

—Ya estabilizamos a su esposa, pero vamos a realizarle un ultrasonido para confirmar una sospecha. Usted puede estar presente.

Jordan no preguntó cuál sospecha, él y todos la tenían, así que entró apresuradamente y detrás de él, Jasmine permaneció inmóvil junto a la puerta.

El color había desaparecido completamente de su rostro, pero no era preocupación, era un miedo real, viceral como si supiera que el teatro que había construido con tanto empeño moriría ahí.

Katerina miró a Jordan mientras él llegaba a su lado y un doctor conectaba la máquina de ultrasonidos. Se estremeció cuando le aplicaron el gel y la pantalla permaneció en silencio hasta que de repente la habitación se llenó con un sonido potente, feroz, agitado, como un pequeño colibrí en una jaula.

—Aquí está.

—¿Eso es…? —balbuceó Jordan.

—Un corazón pequeñito —sonrió el doctor—. Uno fuerte, gracias a Dios.

Jordan sintió que el aire abandonaba sus pulmones. No podía apartar la vista de la pantalla. Y las lágrimas comenzaron a descender lentamente por su rostro mientras Katerina parecía en shock.

—Señora Orlenko, tiene aproximadamente diez semanas —anunció el médico y Jordan dejó escapar una risa entrecortada mientras seguía llorando.

Sus ojos buscaron los de Katerina, esperando encontrar en ella la misma emoción… pero ocurrió exactamente lo contrario.

—Doctor… —murmuró con un tono totalmente vacío—. ¿Todavía estamos a tiempo de interrumpir el embarazo?

El mundo pareció detenerse y la mano de Jordan fue a sujetar su muñeca como si con ese simple gesto pudiera borrar lo que había dicho.

—¡Kat…! ¿Qué…? ¿Por qué… por qué harías eso…? —Las lágrimas seguían corriendo por su rostro pero esta vez no había emoción en ellas, solo desolación—. Por favor… No lo hagas. —Su voz terminó quebrándose—. Te lo suplico... no lo hagas.

Y por primera vez desde que él había entrado en la sala, Katerina volvió lentamente la cabeza, pero no para mirarlo a él, sino directamente hacia la puerta, para ver a la mujer que permanecía inmóvil en el umbral.

—Díselo —siseó con rabia, porque podía imaginar muy bien de dónde había salido el intento de atropellarla—. Dile a tu hijo por qué no puedo tener un hijo suyo.

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