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7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS romance Capítulo 56

CAPÍTULO 56. La cláusula

El silencio que siguió a las palabras de Katerina fue tan pesado que incluso el monitor cardíaco pareció escucharse más fuerte dentro de la sala.

Jordan permanecía inmóvil, aturdido, dolido por la posibilidad de perder algo tan importante para él y aun así su mano seguía aferrada a la de Katerina, pero ahora toda su atención estaba fija en la puerta, en Jasmine.

Su madre había perdido completamente el color y Jordan la observó como si fuera un completo desconocido. Porque por más que le costara aceptar que las mentiras tenían plaza fija en la casa de su madre, ya había aprendido que Katerina no acusaba sin pruebas.

—¿De qué está hablando? —Su voz apenas era un susurro de impotencia, pero eso bastó para que Jasmine se revolviera incómoda—. ¡Mamá…! ¡Pregunté de qué está hablando Kat!

Y la mujer reaccionó de inmediato, negando una y otra vez con la cabeza.

—¡No lo sé! —Su voz sonó aguda, chillona, y sobre todo, falsa—. ¡No tengo nada que ver con eso! ¡No sé de qué está hablando! ¡Yo jamás le he dicho nada de un embarazo! ¡Yo sería incapaz…! ¡¿Por qué siempre tienes que creerle a ella?! —ladró por fin y en ese momento Jordan por fin se dio cuenta de que su madre no estaba allí porque estuviera preocupada por él; estaba allí para hacer control de daños y asegurarse de que nadie arruinara la versión de los hechos en la que ella y Angela siempre eran víctimas.

Pero Jordan sabía que no sacaría nada de su madre, así que volvió la vista hacia Katerina.

Ella seguía inmóvil sobre la camilla, su expresión permanecía serena, aunque las lágrimas manchaban de rabia sus mejillas.

—Jordan… —Su voz fue apenas un murmullo—. ¿Nunca te tomaste el tiempo de leer completo el acuerdo postnupcial que tu madre me obligó a firmar?

Jordan sintió un vuelco en el estómago y su respiración comenzó a acelerarse.

—No… No puede ser… —gruñó mirando a Jasmine—. ¡¿Qué hiciste?!

—¡Nada! —se defendió ella dando un paso atrás, pero Jordan miró a los ojos a su ex esposa.

—Ahórrame el tiempo de llamar a mi maldito abogado… —siseó como si declarara que iba a creerle cualquier cosa que saliera de su boca—. Dime qué fue lo que hizo.

Pero Katerina no era de las que toleraban un “tu palabra contra la mía”, así que en lugar de hablar, tomó el teléfono que descansaba sobre la sábana y pulsó una única vez. Un segundo después, el teléfono de Jordan vibró dentro del bolsillo de su chaqueta y él lo sacó para ver el archivo de video que acababa de recibir.

Lo abrió inmediatamente y cuando la grabación comenzó a reproducirse, sintió que tenía que sostenerse de algo para no caer. La imagen mostraba el salón de su casa, sentada en un sofá aparecía Katerina y frente a ella, cuatro abogados y su madre.

“Voy a ponértelo claro” siseaba Jasmine. “Ese contrato dice que renuncias a todas las propiedades y bienes de mi hijo después de divorciarte de él, ni siquiera aceptarás una pensión compensatoria. No te llevarás joyas, no te llevarás vestidos, ni zapatos ni nada que se haya pagado con el dinero Blackwood. Saldrás con la misma basura que llegaste, una maleta, y tu olor a pobre arrimada. No mantendrás contacto con él y definitivamente no hablarás sobre las intimidades de esta familia, porque si lo haces, la demanda será por diez millones de dólares, y tú no podrías reunir eso ni es diez vidas”.

Los nudillos de Jordan se pusieron lívidos alrededor del teléfono, porque sabía que había más.

“No voy a firmar nada de esto sin que Jordan esté presente” decía Katerina.

“Entonces hoy mismo mandaré la denuncia por fraude migratorio” sonreía su madre con desprecio. “Y para mañana empezará la investigación de tu matrimonio falso con mi hijo”.

Uno de los abogados le ponía delante otro documento y empujaba la pluma contra su mano.

“¡Firma de una vez!” gritaba Jasmine perdiendo la paciencia… y entonces Katerina levantqaba la mirada.

“Aquí dice que si estoy embarazada deberé perder al bebé”

—¡No quiero saber nada más de ti!

—¡Creí que ella solo quería tu dinero…! ¡Trataba de protegerte!

Aquellas palabras terminaron de romper el poco control que todavía conservaba Jordan y en dos pasos llegó hasta ella, sujetándola con fuerza por la blusa hasta que Jasmine soltó un grito.

—¡Aunque hubiera sido una mujer sin techo! —vociferó él con una mezcla de dolor y rabia imposible de describir—. ¡Aunque no hubiera tenido absolutamente nada! —La acercó a él con un siseo venenoso—. ¡A mi hijo no tenía derecho a tocarlo nadie!

Jasmine comenzó a llorar desesperadamente y él soltó la tela de su blusa de golpe, como si le asqueara. La mujer trastabilló hacia atrás y Jordan respiró profundamente una sola vez. Después habló con una frialdad que jamás había utilizado con ella.

—Recoge tus cosas. Quiero que tú y Angela abandonen mi casa inmediatamente.

El rostro de Jasmine se desencajó.

—No puedes hacer eso… ¡Jordan!

Pero en cuestión de pocos segundos la seguridad del hospital la arrastraba afuera, y sus gritos continuaron escuchándose incluso después de que desapareciera al otro lado de la puerta.

Solo entonces Jordan cerró los ojos un instante y se dirigió al médico.

—Doctor… ¿Podría darnos un minuto? —Sus ojos seguían llenos de lágrimas—. Necesito hablar con la madre de mi hijo.

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