CAPÍTULO 57. Yo lo quiero
Jordan se metió las manos en los bolsillos del pantalón y se detuvo frente a Katerina. Se quedó inmóvil durante varios segundos, observándola en silencio, y no con una mirada desafiante ni orgullosa, sino con la mirada de un hombre que acababa de descubrir el tamaño de sus propios errores. Respiró hondo mientras su rostro se endurecía, pero aquel gesto no era para la mujer frente a él, para ella solo tenía vergüenza.
—A ti te sobran diez millones para pagar por nuestro hijo… —sentenció en voz baja y no fue una pregunta, fue una certeza feroz.
—Me sobran para pagar por cincuenta hijos —confirmó ella Katerina sin vacilar. Y aquella respuesta sencilla bastó para confirmar todo lo que él acababa de comprender.
Jordan bajó la cabeza apenas un instante y dejó escapar una amarga sonrisa sin alegría.
—Ya entendí a dónde querías llegar —admitió dando un paso hacia ella—. Querías obligarme a mirar de frente la verdad sobre mi familia.
—Alguien tenía que hacerlo —replicó ella—. No me escuchaste a mí, no escuchaste a tu padre… quizás sí seas capaz de escuchar a tu propio hijo.
Jordan pasó saliva con impotencia y asintió.
—Supongo que sí… y ya no voy a volver a cerrar los ojos.
—Debiste abrirlos por ti mismo desde el principio —respondió ella con serenidad—. Nadie tendría que haberte obligado a hacerlo.
—Es cierto. —Jordan asintió despacio y no intentó justificarse, no buscó excusas, simplemente aceptó el golpe—. Y tampoco voy a pedirte perdón —continuó con una sinceridad que le dolía, pero que era absolutamente necesaria—. No porque no lo sienta… Lo siento más de lo que puedo explicar. Pero pedirte perdón ahora sería exigirte otra concesión, una más, y no tienes por qué hacerlo. No me debes absolutamente nada y no tienes que suavizar mi culpa.
Y por primera vez en mucho tiempo Katerina volvió a ver al hombre feroz del que alguna vez se había enamorado, el que no sabía bajar la cabeza, pero al menos sabía ser justo.
Y Jordan sabía que ya no podía seguir mintiéndose, no cuando delante de él estaba la foto de la ecografía descansando sobre la cama. Su expresión cambió por completo y toda la dureza desapareció, al menos por un instante.
—Entonces necesitamos hablar del bebé —sentenció con tono severo y Katerina esperó—. ¿De verdad no quieres tenerlo?
Ella lo observó con una calma inquietante.
—¿Y qué pasaría si así fuera?
—Entonces yo lo quiero —sentenció Jordan sin tardar ni un segundo en responder—. Puedo asumirlo como padre soltero —continuó con firmeza—. Aceptaré las condiciones que tú pongas. Las que sean. Si decides que no lo quieres entonces yo lo recibiré. Si decides que solo puedo saber de él a través de informes médicos, lo aceptaré. Si decides cualquier cosa... la aceptaré. —Respiró profundamente—. Pero quiero a mi hijo. —Y una emoción oscura que trataba de controlar inútilmente se le filtró en la voz—. Y también quiero a la madre de mi hijo… aunque sé perfectamente que eso voy a tardar mucho más tiempo en ganármelo.
Katerina se mordió el labio inferior y guardó silencio unos segundos antes de responder; pero cuando lo hizo, su voz volvió a ser fría.
Y Kat no respondió, porque presentía que por primera vez desde que lo conocía, Jordan Blackwood estaba dejando de reaccionar como un hijo, y empezaría a actuar como un padre.
Jordan tomó entre sus dedos la imagen de la ecografía, y sus labios se curvaron un poco frente a aquella situeta borrosa donde ya había un diminuto corazón latiendo. Y toda la habitación pareció hacerse insignificante frente a esa imagen.
—Sé que va a sonarte raro en medio de todo este desastre, pero… ¿Podemos hacer algo?
—¿Qué cosa? —Katerina arqueó una ceja y él levantó la fotografía.
—¿Podemos celebrar esto?
Kat recibió la imagen de sus manos y por un instante olvidó los juicios, olvidó las traiciones, olvidó incluso el miedo. Solo existía aquella pequeña vida, su hijo; y una sonrisa diminuta apareció también en su rostro.
—Sí... —susurró—. Esto sí merece celebrarse.
Jordan sintió que algo dentro de él volvía a respirar y dio un paso hacia ella, luego otro… pero de repente su cuerpo se detuvo, el color desapareció de su rostro y frunció el ceño como si el suelo acabara de moverse bajo sus pies. Y entonces el mundo se borró delante de él en un segundo y solo escuchó la voz de Kat.
—¡Jordan…!

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