CAPÍTULO 59. Desmáyate... desmáyate...
Bayron Blackwood no era de los que pedían mucho permiso para hacer lo que había que hacer, así que no se molestó en esperar respuesta, caminó directamente hacia Katerina y la abrazó con fuerza.
—¡Felicidades! ¡Ya era hora!
—¿Disculpa? —rezongó ella, pero le devolvió el abrazo con una sonrisa cansada.
Después Byron pasó junto a Jordan y también lo abrazó, o al menos la mitad de él que estaba sana, procurando no tocarle el hombro vendado.
—Y felicidades a ti también. No la cagues.
—Gracias. Y no, no lo haré.
Byron dio un paso atrás con un suspiro.
—Bien, en ese caso y como estás herido, yo seré tu escudo temporal. Ya avisé a todo el mundo —sentenció y Katerina frunció ligeramente el ceño.
—¿Todo el mundo?
—Tus padres ya vienen para acá —aseguró Byron como si fuera lo más natural del mundo y ella abrió mucho los ojos.
—¿¿Mis padres? ¿Cómo conseguiste sus números? —preguntó y Byron carraspeó con una dignidad bastante poco convincente.
—Bueno... digamos que tengo... mis contactos.
—Ajá… Katerina entrecerró los ojos pero no dijo nada más. Conocía demasiado bien a los Blackwood como para sospechar que Byron había recurrido a métodos poco convencionales.
Entonces la puerta volvió a abrirse antes de que pudiera seguir interrogándolo.
—¡Kat! —Giulia entró prácticamente corriendo, fue directamente hacia su hermana y la abrazó con tanta fuerza que Katerina soltó una pequeña risa—. ¡Me asustaste muchísimo!
—Estoy bien.
—¡No vuelvas a hacerme esto!
Mientras las dos hermanas seguían abrazadas, Jordan notó algo que nadie más parecía advertir. Byron no estaba mirando a Katerina… estaba mirando a Giulia.
Y no era una mirada casual, había curiosidad… y había una mancha en la camisa blanca que coincidía peligrosamente con el labial de su cuñada.
—La próxima vez que comas en casa ajena… lávate la boca –siseó por lo bajo, tapándole la mancha con el saco y Bayron se lo abotonó apresuradamente.
Pero por suerte el ambiente era lo bastante tenso como para no cuestionar por qué aquellos dos habían entrado corriendo con la misma agitación, con menos de sesenta segundos de diferencia. Así que todos se concentraron en el embarazo de Katerina y en conseguirle algo de ropa decente a Jordan para que pudiera salir del hospital sin hacer exhibición de cuadritos.
Quince minutos después Alexei y Alba entraron apresuradamente en la habitación; y los dos se detuvieron en seco al descubrir, sobre una silla, la camisa completamente ensangrentada de Jordan.
Alexei desvió inmediatamente la mirada hacia él, luego hacia Katerina, y finalmente comprendió. Su orgullo seguía intacto como para golpear a su ex yerno, pero también era un hombre justo, y se acercó despacio hasta él.
—Gracias. Supe que te metiste en medio para sacarla de delante de un coche.
—No sabíamos que estabas tan malherido —añadió Alba y él negó con un gesto.
—Es mi responsabilidad cuidar de Kat… especialmente ahora.
Miró de reojo la ecografía y Alexei siguió al dirección de su mirada para ver la pequeña imagen sobre la cama. La tomó con cuidado y sus ojos comenzaron a humedecerse.
—Estarás bien —le susurró, y por un instante todo desapareció alrededor. Solo existían Kat, la pequeña fotografía de la ecografía y la certeza de que, pasara lo que pasara de allí en adelante, ambos ya estaban unidos para siempre por una vida que acababa de empezar—. Te veré después —dijo finalmente, acercándose lo suficiente para rozarle con suavidad la mano; y Katerina sostuvo su mirada.
—No hagas ninguna estupidez.
—No puedo prometerte eso. Pero sí puedo prometerte que me voy a encargar de las que he cometido hasta ahora.
Y Kat quiso responder, pero él ya había soltado su mano. Byron abrió la puerta para dejarlo salir y ambos caminaron por el pasillo del hospital en silencio. En la estación de enfermería le dieron una camisa provisional y solo cuando las puertas automáticas se cerraron detrás de ellos y el aire fresco de la calle les golpeó el rostro, Byron rompió el silencio.
—Necesito que me digas la verdad. ¿Crees que esto fue un accidente o un atentado?
Y Jordan ni siquiera dudó.
—No fue accidental. —Su respuesta fue seca—. Vi el coche perfectamente. En ningún momento intentó frenar, ni una sola vez. No giró el volante para esquivarla. Fue directo hacia ella… y aceleró.
Byron metió las manos en los bolsillos.
—Entonces alguien intentó matar a Katerina.
Jordan apretó la mandíbula.
—Y a mi hijo.
Aquellas cuatro palabras pesaron mucho más que cualquier otra cosa. Y Byron permaneció callado unos segundos antes de formular la pregunta que realmente le preocupaba.
—Jordan… ¿tu madre y Angela estuvieron contigo todo el tiempo?

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