CAPÍTULO 60. La familia
Incluso pensarlo le parecía a Jordan una aberración: su madre o su hermana intentando matar a Katerina. El problema era que en las últimas semanas había entendido que aquellas dos mujeres eran capaces de cosas que antes él no se habría atrevido ni a imaginar. Y quizás eso era lo peor de todo, que antes, incluso aunque Katerina se lo hubiera dicho, él no le habría creído, porque habría creído primero en la inocencia de su madre y su hermana.
—Mi madre sí estaba conmigo en ese momento, salió de la oficina del notario después de mí...
—¿Y Angela?
—Se fue antes —recordó Jordan—. Furiosa por la división de la herencia.
Byron dejó escapar un resoplido.
—¿El tío le dejó poco?
—Más bien no le dejó nada. O sí, le dejó la “ausencia de una demanda” por el dinero que no regresó del desfalco —murmuró Jordan.
—¡Hablando de eso! Recuperamos ciento cuarenta y ocho millones —apuntó Byron.
—Y hablando de eso, si me muero, te toca manejar la herencia de mi hijo —le dijo su primo y él hizo una mueca.
—¡Genial, más trabajo! —rezongó—. Procura no morirte.
Pero Jordan no tenía los oídos en aquella broma. Por primera vez empezaba a mirar todos los acontecimientos de las últimas semanas desde una perspectiva completamente distinta. Cada mentira. Cada manipulación. Cada discusión. Cada intento por separarlo de Katerina. Todo encajaba demasiado bien.
—Tenemos que denunciar esto —dijo Byron con firmeza—. Si realmente intentaron atropellarla, no podemos esperar. ¿Puedes aguantar un poco más?
—Vamos.
Una hora después llegaban a la comisaría, que estaba relativamente tranquila para ser miércoles. Apenas entraron, el detective Harrison los reconoció y los condujo hasta una salita bastante cómoda.
—Señores Blackwood. Siéntense, por favor.
Jordan tomó asiento con cierta dificultad por el dolor del hombro mientras Byron colocaba sobre el escritorio la documentación del hospital.
—Necesitamos denunciar una agresión —dijo Jordan sin rodeos y el detective abrió la carpeta.
Encontró el informe de urgencias, las fotografías del atropello y el parte médico que acreditaba las lesiones sufridas por Katerina y por el propio Jordan. Leyó todo con detenimiento antes de levantar la vista.
—¿Usted sostiene que el conductor actuó deliberadamente?
—El conductor ni siquiera disminuyó la velocidad. Fue directamente hacia ella.
El detective tomó varias notas.
—¿Alcanzó a verle la cara al conductor?
Jordan permaneció unos segundos en silencio.
—No, traía vidrios polarizados incluso en el frente.
—Muy bien. Vamos a solicitar inmediatamente las grabaciones de las cámaras de tráfico y de los establecimientos cercanos. También revisaremos matrículas, rutas de escape y cualquier evidencia disponible. Si realmente se trata de un intento de homicidio, actuaremos con toda la rapidez posible.
Jordan asintió, conforme.
—Eso espero.
—Puede estar tranquilo, señor Blackwood. Este asunto tendrá prioridad.
Jordan se puso lentamente de pie y le estrechó su mano, haciendo una mueca de dolor por la herida.
—Gracias —murmuró, pero cuando ya se dirigían hacia la salida, volvió a detenerse—. Byron… ya que estoy aquí, hay algo más que necesito hacer.
Y entonces Angela dio un paso al frente completamente desesperada.
—¡No! ¡Nosotras somos tu verdadera familia! ¡No puedes cambiarnos por una zorra a la que conoces hace apenas un año! —le gritó y Jordan giró lentamente la cabeza hacia ella.
Su expresión fue tan fría que Angela retrocedió instintivamente.
—No las estoy cambiando por una mujer que conocí hace un año —escupió—. Estoy salvando de ustedes a la madre de mi hijo.
Aquellas palabras fueron un golpe devastador, y Angela comenzó a negar una y otra vez.
—¡No! ¡No puedes hacernos esto!
Byron avanzó entonces hasta colocarse junto a Jordan. Llevaba una carpeta bajo el brazo, la abrió y extrajo varios documentos, entre ellos una hoja sellada que le entregó a Jasmine.
—Esta es una orden de desalojo —sentenció y Jasmine sintió que las piernas dejaban de sostenerla—. Tienen treinta días para abandonar esta casa.
—¡Jordan! —gritó Angela, pero él añadió sin mirarla siquiera.
—A partir de hoy no volverán a vivir aquí. No volverán a tener contacto conmigo...
La respiración de Jasmine se volvió errática y rompió a llorar, pero Jordan no reaccionó como antes.
—Y sobre todo… no podrían acercarse a mi hijo.
Jasmine miró por encima del hombro de Jordan, y vio a los dos agentes que permanecían inmóviles junto a la puerta, observando la escena en absoluto silencio.
—¡No puedes quitarnos a nuestra familia! —escupió Angela con desesperación y Jordan la miró por última vez.
—La familia no intenta destruir a quien dice amar. Ahora… tienen treinta días para salir de mi casa. Si vuelvo a verlas aquí después de eso, la policía hará su trabajo.

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