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7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS romance Capítulo 65

CAPÍTULO 65. Horas perdidas

Jordan esperó a que Byron reuniera las tomografías y las guardara en su saco.

—No vamos a dejar que un solo médico decida el resto de tu vida —sentenció con determinación y Jordan pasó saliva, porque aunque tratara de parecer fuerte, la verdad era que una parte de él estaba aterrado.

—Llévalas a otro hospital, con otros especialistas, pero no vuelvas hasta que sepas que todos llegaron a la misma conclusión.

—De acuerdo, yo me encargaré de esto. No vamos a rendirnos tan fácil. ¿de acuerdo?

Jordan sostuvo su mirada unos segundos antes de hacer un leve gesto con la cabeza.

—Ve.

Un minuto después el cuarto quedaba solo y silencioso, mientras él intentaba asumir su nueva realidad, al menos de momento. El problema era que esa nueva realidad implicaba estar en un hospital, rodeado de gente en la que no confiaba. Así que presionó el botón de llamada y una enfermera apareció pocos segundos después.

—¿Necesita algo, señor Blackwood?

—Sí. Una silla de ruedas para salir. Voy a firmar el alta voluntaria.

La mujer abrió la boca para responder, pero antes de hacerlo el doctor Collins entró acompañado por otro integrante del personal.

—Me temo que eso no será posible por el momento, señor Blackwood —dijo con tono profesional, y Jordan volvió lentamente la cabeza hacia él.

—Claro que será posible. Además, no le estoy pidiendo permiso. Estoy informándole.

El médico respiró con una paciencia fingida.

—Ha sufrido un accidente importante, está atravesando una situación emocional extremadamente compleja y necesitamos terminar varias evaluaciones antes de autorizar su salida —sentenció Collins como si no tuviera alternativa.

Jordan apoyó ambas manos sobre el borde de la cama, sujetándose de ella.

—Las evaluaciones las haré en el hospital que yo decida, con los especialistas que yo elija. Ahora mismo tengo cosas mucho más importantes que hacer.

—Señor Blackwood, yo fui el doctor de su padre, nadie sabe mejor que yo…

—Y no hizo mucho por mi padre, ¿cierto? —lo interrumpió Jordan, pero ni siquiera había terminado esa frase cuando sintió un extraño cansancio recorrerle el cuerpo.

Parpadeó varias veces, las luces parecieron perder nitidez y frunció el ceño.

—¿Qué...?

Solo entonces vio que la enfermera que había entrado con Collins estaba sacando una aguja del goteo de su suero.

—¿Qué demonios…?

Pero tratar de sacarse la vía fue inútil. Sus dedos resbalaron sin fuerzas sobre la tela adhesiva y solo sintió cómo lo empujaban hacia atrás sin que pudiera resistirse.

—Acuéstese, por favor.

Jordan lo miró confundido mientras sus ojos se cerraban.

—¿Qué… me dieron…?

El médico mantuvo un tono sereno.

—Usted está muy alterado señor Blackwood… —fue lo último que logró escuchar antes de que la oscuridad empezara a envolverlo—. Necesitamos que un especialista en salud mental pueda evaluar el impacto emocional que le ha provocado su nueva enfermedad... En este momento no consideramos que sea conveniente que abandone el hospital hasta completar esa valoración.

Jordan quiso responder, pero las palabras tardaron demasiado en organizarse dentro de su cabeza. Sentía un sueño pesado, y todo comenzó a volverse difuso. Fue entonces cuando distinguió una voz conocida detrás de él.

—Con él no voy a cometer el mismo error que cometí con su padre.

Era Jasmine.

Jordan no consiguió girarse por completo, era como si la escuchara hablar desde el final de un largo pasillo.

—¿Qué demonios está pasando aquí? ¿Ya conseguiste otro especialista? ¿Tan rápido?

—Jordan… —Byron dio un paso hacia él—. Hace más de un día que no te veía.

Jordan sintió un vacío en el estómago, pero su primo continuó.

—Llevo más de veinticuatro horas intentando hablar contigo… no contestabas al teléfono.

Jordan negó con la cabeza y miró alrededor buscando alguna explicación.

—Entonces... tuvieron que mantenerme sedado o dormido durante todo ese tiempo.

Byron no respondió miró el suero antes de arrancárselo del brazo sin reparar en las protestas, pero afuera volvió a escucharse la voz de Jasmine.

—¡Seguridad!

Golpes apresurados comenzaron a acercarse por el pasillo y Jordan apretó los dientes. Quería saber de qué demonios hablaba su madre, pero no era su prioridad.

—Primero lo urgente. ¿Qué pasó con la tomografía?

Byron permaneció inmóvil y por un segundo la seguridad con la que siempre enfrentaba cualquier crisis había desaparecido. Bajó lentamente la carpeta que todavía llevaba bajo el brazo y se acercó a la cama con nerviosismo.

—Pedí que las revisaran otra vez. Fui a tres hospitales…

—Byron…

Jordan no apartó la mirada.

—¿Y?

—Lo siento… la tomografía confirma el diagnóstico.

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