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7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS romance Capítulo 66

CAPÍTULO 66. Una tutora legal

Jordan permaneció inmóvil sobre la cama del hospital, con la mirada perdida en algún punto del techo. No lloraba. Ni siquiera parecía respirar. El peso de las palabras de Byron seguía aplastándole el pecho con una fuerza insoportable. El diagnóstico estaba confirmado. La frase se repetía una y otra vez dentro de su cabeza, como un martillo que no dejaba de golpear.

Byron permaneció junto a la cama con las tomografías bajo el brazo. También estaba pálido, pero se negó a permitir que el silencio terminara de destruir a su primo.

—Mírame, Jordan… este no es el final del camino. No te puedes rendir.

—No sabía que aceptar un diagnóstico era rendirse —Jordan soltó una risa seca, vacía.

—Y nadie dijo que tengas que aceptarlo todavía. Vamos a repetir la tomografía. Vamos a pedir una resonancia nueva. Voy a conseguir a los mejores neurólogos, a los mejores especialistas en que existan. Si tengo que llevarte a otro país, lo haré. Si tengo que pagar consultas privadas durante meses, también.

Jordan respiró hondo.

—¿Y si todos dicen lo mismo?

—Entonces al menos sabremos que luchamos antes de aceptar la derrota.

Las manos de Jordan temblaban ligeramente sobre la sábana.

—¿Por qué no pensé en esto cuando papá vivía…?

—Porque no tenías que pensarlo, no era tu posición, y ahora tampoco, lo que tienes que pensar es que tienes un hijo en camino y tienes que criarlo, ¿entendido?

Por un segundo Jordan apretó los puños. Los sentimientos se estaban desbordando dentro de él y ninguno era bueno. Pero Byron tenía razón, el bebé estaba en camino, no podía fallarle.

—Entendido. Ahora sácame de este sitio, el médico no es confiable ni de lejos.

Jordan asintió apartándole las sábanas y buscando ropa para él por todos lados, pero no alcanzó a encontrarla, porque la puerta de la habitación se abrió de golpe con un estruendo que hizo que ambos levantaran la vista.

Dos hombres de seguridad entraron primero y detrás de ellos apareció Jasmine. Vestía con una elegancia que contrastaba con la expresión fría de su rostro.

—¿Qué significa esto? —Byron frunció el ceño, pero Jasmine ni siquiera lo miró.

—¡Sáquenlo de aquí!

Los dos guardias avanzaron directamente hacia Byron.

—¡Ni se les ocurra tocarme! —espetó él, retrocediendo un paso, y Jordan abrió los ojos con incredulidad.

—¿Mamá...? ¿Qué estás haciendo?

—Protegiéndote.

—¿Protegiéndome de Byron?

—Te está alterando.

Byron soltó una carcajada incrédula.

—¿Alterándolo? Estoy intentando conseguirle otro especialista.

—Los estudios ya están hechos —respondió Jasmine sin apartar la vista de Jordan—. No necesita falsas esperanzas.

Jordan sintió que algo dentro de él comenzaba a romperse.

—¡Él solo quiere ayudarme!

—Lo que necesitas ahora es tranquilidad.

—¡Lo que necesito es una segunda opinión!

—No —sentenció ella y Jordan la miró fijamente.

—¿Cómo que no?

—No vas a seguir sometiéndote a pruebas innecesarias —espetó como si esa fuera la última palabra, pero Byron dio un paso al frente.

—¡No tienes ningún derecho a impedírselo!

Uno de los guardias le sujetó el brazo y Byron se soltó de un tirón.

—¡Jordan, no aceptes esto!

—¡Déjalo! —ordenó Jasmine.

—Ya está hecho.

—¡No! —Intentó incorporarse otra vez—. ¡Eso no puede hacerse sin que yo lo sepa! ¡Quiero hablar con mi abogado!

—Ahora no.

—¡Quiero mi teléfono!

—No.

—¡No puedes encerrarme! —Jordan comenzó a levantar la voz y dos médicos y varias enfermeras entraron rápidamente en la habitación.

—Señor Blackwood...

—¡No me toquen!

Uno de ellos intentó sujetarle un hombro, pero Jordan lo apartó con el brazo.

—¡Quítense de encima!

Las voces comenzaron a mezclarse.

—Necesitamos que se tranquilice...

—¡Suéltenme!

—Solo queremos evitar que se haga daño...

—¡Llamen a mi abogado!

La habitación se convirtió en un caos.

Jordan seguía intentando incorporarse mientras varias personas trataban de contenerlo para amarrarlo a la cama con unas correas que él no había visto antes.

Su respiración era cada vez más rápida. Las palabras dejaron de distinguirse unas de otras y todo empezó a sonar demasiado lejano.

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