CAPÍTULO 67. Nadie va a venir por ti
Cuando Jordan volvió a abrir los ojos, la habitación estaba en penumbra. No sabía cuánto tiempo había pasado, pero la puerta permanecía entreabierta y desde el pasillo escuchó dos voces.
—Es mejor que se lo lleve a casa antes de que siga peleando —decía el doctor Collins con tono cansado—. Allí estará más tranquilo.
—Más controlado, querrá decir —siseaba su madre.
—Pues sí, señora Blackwood. Más controlado, porque la fachada de “paciente psiquiátrico” no la podremos mantener mucho tiempo si sigue hablando con coherencia. Mejor que vaya a hacer escándalo donde nadie pueda escucharlo.
—Eso mismo pensaba hacer —respondió Jasmine—. En cuanto tenga el alta lo llevaré a casa.
Horas después, ya entrada la noche, una ambulancia se detuvo frente a la mansión Blackwood y las puertas traseras se abrieron. Los para médicos bajaron la camilla mientras Jordan contemplaba la fachada de la casa con una mezcla de rabia y desolación. No era que ya no pudiera mover las piernas, era que hasta por el pecho y los brazos lo habían inmovilizado a la camilla.
Angela los esperaba en la entrada y lo peor de todo fue verla sonreír; porque no era una sonrisa de alivio, era la sonrisa de alguien convencido de haber ganado.
Jordan sintió un escalofrío recorrerle la columna y su subconsciente le dijo que al menos eso todavía lo sentía.
—Suban a mi hijo al segundo piso —ordenó Jasmine y los paramédicos obedecieron.
Jordan apretó los dientes con una impotencia que ya no le cabía dentro.
—Devuélvanme mi teléfono —siseó pero ni ella ni Angela le contestaron—. ¡Mamá!
Jasmine siguió caminando junto a la camilla, ignorándolo olímpicamente.
—Necesito comunicarme con mi abogado. —Silencio—. ¡Escúchame!
Jasmine finalmente se detuvo junto a la cama.
—Hijo… solo quiero cuidarte.
—¡Eso es mentira!
Pero Angela cruzó los brazos y lo miró con lástima frente a los paramédicos.
—El médico tenía razón, estás alterado.
—¡Porque me secuestraron!
—No exageres.
—Que, a partir de este momento, tu vida y tus cuidados diarios dependen únicamente de nosotras —declaró.
Se acercó al teléfono fijo de la habitación y con un movimiento seco arrancó el cable de la pared. Dejó caer el cable al suelo como si acabara de cortar el último puente con el exterior, luego volvió la cabeza hacia Angela.
—Prepara el comunicado para la empresa, junto con el expediente médico. Mañana iremos personalmente a Blackwood Corporation.
Y ese fue el momento exacto en que Jordan comprendió que aquello no era una discusión familiar, no era la obsesión de una mujer enamorada o la última estrategia desesperada de una madre controladora. Aquello era simplemente una toma hostil del la herencia de su padre, y del trabajo de toda su vida.
El problema fue que cuando la puerta se cerró, le dejó aquella insoportable sensación de que no podía hacer nada al respecto. Permaneció inmóvil durante varios segundos, incapaz de apartar la vista de la puerta por la que su madre y Angela acababan de desaparecer, y aquellas palabras resonaron dentro de su cabeza.
"Tu vida y tus cuidados diarios dependen únicamente de nosotras."
Sintió un escalofrío solo de pesar en lo que implicaba, pero también había una rabia dentro de él que no iba a quedarse tan tranquila.
Giró la cabeza hacia la silla de ruedas que habían dejado junto a la puerta, estaba a unos cuatro, y nunca en su vida una distancia tan corta le había parecido imposible. Respiró hondo y se incorporó utilizando toda la fuerza de sus brazos. El movimiento le arrancó una mueca aunque no de dolor, sino de sentir cuánto aquella parálisis había avanzado en tan poco tiempo.
En su padre había demorado más. En él parecía que de un día para el otro había escalado desde sus pies hasta su cintura. Era como si sus piernas no pertenecieran a su cuerpo.
—Vamos... —se dijo entre dientes—. ¡Tienes que poder!

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