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7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS romance Capítulo 68

CAPÍTULO 68. “¿Qué clase de madre eres?”

Jordan se desplazó lentamente hasta el borde de la cama. Una mano, luego la otra. Todo el peso de su cuerpo descansaba sobre sus hombros y trató de impulsarse hasta el mueble más cercano. Durante una fracción de segundo creyó que lo lograría, pero la parálisis no estaba solo en sus piernas, el resto de su cuerpo se sentía acartonado, rígido, como si de repente sus huesos se hubieran vuelto de cristal.

Perdió el poco equilibrio que tenía y su cuerpo cayó pesadamente sobre la alfombra. El golpe le robó el aire y cerró los ojos con fuerza mientras intentaba recuperar la respiración. Jamás había imaginado que terminaría celebrando simplemente no haberse golpeado la cabeza, pero esa era su realidad ahora.

Permaneció inmóvil varios minutos y luego volvió a intentarlo. Arrastró el cuerpo centímetro a centímetro, pero cada movimiento parecía consumir la poca energía que le quedaba. Cuando por fin alcanzó la silla de ruedas apoyó ambas manos sobre el asiento.

—Solo... un poco más...

Intentó levantarse utilizando únicamente los brazos, sus hombros temblaron… y los músculos cedieron. La silla retrocedió violentamente y su cara de fue contra uno de los reposapies.

—¡La puta madre…! —gruñó sintiendo el líquido caliente salir por su nariz y ni siquiera se molestó en levantarse.

Respiró agitadamente mientras manchaba la alfombra de sangre, y pero lo intentó otra vez, y otra, y otra… hasta que su cuerpo simplemente dejó de responder.

El cansancio terminó venciendo incluso a la rabia, y ni siquiera se dio cuenta del momento en que cerró los ojos. Para cuando volvió a ser un poco consciente de sí mismo, la luz del día siguiente le hirió los párpados, atravesando las cortinas; pero no abrió los ojos.

Escuchó voces y después sintió dos pares de manos sujetándolo.

—Con cuidado —dijo Jasmine.

—Pesa más de lo que parece —respondió Angela.

Las dos batallaban para volver a acostarlo en la cama, y Jordan las apartó con brusquedad.

—¡No me toquen!

Las dos retrocedieron, pero mientras Angela soltaba un bufido de fastidio, Jasmine lo observó con una expresión que mezclaba preocupación y severidad.

—Si tu idea era tirarte por el balcón, solo conseguirás lastimarte más. Esta es mi única advertencia.

Jordan la miró con rabia contenida.

—¿De verdad crees que sería tan estúpido como para lanzarte por el balcón?

—Eres tan estúpido que piensas que puedes escapar —siseó Jasmine.

—¡WOW! Ya ni siquiera disimulas, ¿verdad? —espetó con una mueca de asco—. ¿Te das cuenta de que estoy enfermo, y te estás aprovechando de eso para aislarme?

—¡Soy tu madre, solo hago lo mejor para ti!

—¡Me estás secuestrando! ¡Le pagaste a un psiquiatra por un informe falso! Quieres robarme mi empresa…

—¡También debió ser de Angela!

—¡¿Y te parece que ahora voy a cuestionar la maldit@ decisión de mi padre?! ¡Están demostrando por qué no podía confiar en ustedes! ¡Lo jodido es que yo me haya dado cuenta tan tarde de que tampoco podía hacerlo! —siseó con desprecio—. Dime una cosa, mamá: ¿Cómo has podido esconder todos estos años que eres una puñetera sociópata?

Los labios de Jasmine se convirtieron en una línea fina y rabiosa antes de darle una bofetada que ni siquiera lo hizo girar el rostro.

—¡Devuélveme mi puto teléfono! —rugió Jordan sobresaltándola, pero Angela quitó a su madre de la línea de fuego y le puso unos documentos delante a Jordan.

—OK, te lo devolveremos, solo necesito que firmes unos documentos.

Jordan abrió la carpeta que ella había dejado delante de él y su expresión se endureció inmediatamente.

—¿Qué es esto?

—Una transferencia temporal de facultades ejecutivas —respondió Angela y él levantó la vista.

—¡Nunca me evaluó!

—Eso tendrás que probarlo… pero dudo que puedas hacerlo.

En ese momento tocaron a la puerta de la habitación y una de las señoras del servicio entró. Dejando a un lado el carrito con el desayuno.

—No quiero nada —siseó Jordan, pero las mujeres frente a él solo se miraron con sonrisas cómplices.

—¡Perfecto, tampoco comas, más a nuestro favor para declarar tu incapacidad! —siseó Angela levantando la barbilla, y Jasmine tomó la carpeta y se dirigió a la puerta con expresión altiva.

—Ya no pierdas el tiempo con él. Tenemos una reunión importante. Sentenció y la mandíbula de Jordan se convirtió en una línea tensa y furiosa.

—¿Qué clase de madre eres tú? —escupió sin poder creer la frialdad con que aquella mujer usaba su enfermedad para atacarlo.

Por un segundo Jasmine se detuvo en la puerta y pareció perder todo el miedo.

—De la clase que haría cualquier cosa por sus hijos.

—¿Entonces yo no lo soy? —rio Jordan con incredulidad, y un rastro de miedo pasó por el rostro de Jasmine.

Fue un segundo, solo un maldito segundo, pero Jordan lo vio, porque su cuerpo podía estar paralizado, pero su cerebro iba a toda velocidad ahora.

Las dos abandonaron la habitación dejando nuevamente la puerta cerrada, y Jordan miró el carrito de comida como si fuera amenaza y salvación a la vez. Sin embargo esas preguntas seguían repitiéndose en su cabeza por encima de todas las prioridades.

“¿Qué clase de madre eres tú?”

“¿Entonces yo no lo soy?”

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