CAPÍTULO 70. Un lugar donde pelear
Menos de una hora después, Byron entraba en la mansión Blackwood como un huracán. El portón no se abrió para él, así que no se molestó en desacelerar. Se llevó una de las rejas por delante y Jordan, que por supuesto seguía en la habitación, sintió un alivio inmediato al verlo aparecer.
—¡Byron!
Él cerró la puerta, pero su rostro decía más que cualquier explicación.
—Tu madre y Angela están moviendo sus fichas —siseó llegando hasta él, y Jordan tragó saliva.
—¿Qué hizo?
—Para empezar, convocar a una junta extraordinaria y tratar de poner a Angela en tu sitio.
Y Jordan quería decir “¡no me jodas!”, pero la verdad era que ya sabía por dónde iba el asunto.
—Hazme el resumen —pidió mientras Byrin metía en una bolsa los pocos documentos personales que encontraba de Jordan y se la cruzaba al pecho como un morral.
Byron no se ahorró el veneno, hay que reconocerlo, y cada palabra hacía que el rostro de Jordan perdiera más color.
—No puede hacer eso... Si se la ponen en las manos, Angela va a destruir la empresa.
—Bueno, espero que los demás de la junta no sean tan idiotas como para entregarle la dirección, pero por si acaso, será mejor que vuelvas en todo tu esplendor a poner orden.
—¿Quieres decir en la silla de ruedas?
—Hasta con patas robóticas si hace falta, pero nadie va a quitarte lo que es tuyo, no bajo mi guardia.
Byron acercó la silla de ruedas, pasó los brazos alrededor de su pecho y lo cargó como si fuera un fardo hasta dejarlo sentado.
—Byron… ¿por qué me estás ayudando así? —preguntó de repente—. Nunca fuimos tan cercanos…
—Porque se lo prometí a tu padre. Él cuidó de mí cuando mi padre murió, y me encargó que te cuidara si él no estaba.
—También me encargó con Katerina… ¿qué se creía? ¿Que tengo tres años? —rezongó.
—Estás usando pañales, idiota, mejor no le busques las cosquillas al destino —replicó Byron con esa forma suya de ser justo y cruel al mismo tiempo, y empujó la silla con determinación.
Sin embargo, antes de que pudieran llegar a las escaleras, un fuerte alboroto comenzó a escucharse en el piso inferior: voces, pasos, órdenes.
Byron y Jordan se miraron, pero el sonido de las sirenas se los dijo todo. Pocos instantes después aparecieron varios agentes de policía, acompañados por Jasmine y por una muy satisfecha Angela.
—¡Es él! ¡Ese hombre está tratando de secuestrar a mi hijo! —gritó señalando a Byron.
—¡Estoy tratando de salvarlo, ella es la que lo tiene aquí contra su voluntad! —replicó Byron.
—¡Mi hijo no tiene voluntad, está incapacitado! —ladró Jasmine entregándole un documento al oficial a cargo y este arrugó el ceño cuando lo leyó.
Dos policías se acercaron a él y lo esposaron sin que Byron se resistiera.
—¡Ya les dije que él no hizo nada! —gritó Jordan, pero su primo solo inclinó la cabeza mientras pasaba junto a él.
—Tienes razón, aquí no es donde hay que pelear. Resiste —fueron sus últimas palabras antes de que lo sacaran escoltado y lo metieran en la parte trasera de una patrulla.
Y mientras Byron era arrestado, Jasmine observó la escena sin apartar la vista, como si no estuviera sucediendo exactamente lo que necesitaba.
—¡Esto va a complicarlo todo! —gruñó con rabia.
—Creí que lo arreglaba —replicó Angela.
—Es un curita para una hemorragia… pero al menos esa curita nos dará tres días. Tenemos que solucionar que tú dirijas la empresa antes de que ese estúpido consiga un abogado.
—No te preocupes, mamá, con una acusación por intento de secuestro no se librará fácil. Además, él solito se hundió, mira como dejó el portón de entrada.
Pero eso no era solo lo que Jasmine veía cuando mirada la reja atropellada.
—Esto demuestra que la seguridad que tenemos no es suficiente. Llama a una empresa más sólida, quiero cámaras en todos lados, especialmente en el cuarto de Jordan y en toda la barda exterior. No podemos permitir que algo como esto vuelva a pasar.
Angela asintió de inmediato, sacando su celular.
—Buscaré una empresa más grande. Nadie va a sacar a Jordan de esta casa hasta que Blackwood Holdings no sea nuestra.

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