CAPÍTULO 87. Una petición amable
Las manos de Jasmine comenzaron a temblar, porque sabía muy bien a dónde iba aquello.
—¿Cómo puedes planear el asesinato de tu propio hijo… para favorecer a una hija adoptiva? —murmuró Emerson—. ¿Cuál es la parte importante que me estoy perdiendo en este asunto?
De los labios de Jasmine salió una risa incómoda, despectiva, pero demasiada forzada como para que el hombre que había estado a su lado por más de treinta años no la reconociera. Aquella mujer tenía miedo, era buena disimulándolo, pero la única vez en todo el interrogatorio que había mostrado un verdadero rastro de nerviosismo fue en ese momento.
—¿Estás dudando de la prueba de paternidad que tú mismo le hiciste? —siseó con tono de desprecio—. ¿Olvidas que me obligaste a hacer una apenas Jordan nació?
—No… —Emerson apoyó ambas manos sobre el bastón—. No estoy olvidando eso. Pero sí estoy recordando que no estuve en el nacimiento de Jordan, y que no llegué a tiempo porque me diste mal la dirección de un hospital al que ya habías ido cien veces.
Vio cómo el rostro de Jasmine se tensaba y sin decir otra palabra le hizo un gesto al detective, que tomó el vaso de agua del que Jasmine había estado bebiendo durante toda la entrevista.
Sacó una bolsa transparente y lo guardó cuidadosamente en su interior, haciendo que la mujer reaccionara de inmediato.
—¡¿Qué hace?! ¡Ese vaso es mío! ¡No pueden llevárselo!
El hombre cerró la bolsa y anotó la hora en una etiqueta antes de abandonar la sala y Emerson se levantó también.
—Nos veremos frente a un juez, Jasmine. Tú me fabricaste una prisión en mi propio cuerpo… estoy bastante seguro de que vas a disfrutar tu propio tipo de cárcel ahora.
Le dio la espalda y salió de allí, y lo primero que hizo fue llamar a Katerina.
—Hija, ya sé que te doy mucho trabajo… pero necesito pedirte otro favor.
Del otro lado solo se escuchó una risa suave.
“Suéltalo, viejo”
—Necesito un laboratorio confiable… y algo de Jordan.
Y Katerina entendió sin necesidad de que se lo explicaran. Ella seguía en aquella habitación con su ex esposo, sin saber muy bien por qué se quedaba y mucho menos por qué no se iba de una vez. Jordan todavía parecía un poco en shock, mirando al techo mientras intentaba ordenar todo lo que había ocurrido desde aquella mañana.
Su padre estaba vivo.
Él no tenía ELA.
Jasmine y Angela estaban detenidas.
Todo aquello parecía demasiado grande para procesarlo de una sola vez, pero en todo solo había una constante y era la mujer sentada junto a la ventana.
—Salvaste a mi padre —dijo de repente, haciendo que ella le prestara atención.
—¿Disculpa?
—Lo salvaste a él y me salvaste a mí. Desmantelaste todo lo que ellas llevaban años construyendo... y aun así sigues aquí como si no hubieras hecho nada extraordinario —repitió Jordan con seguridad—. Muy poca gente habría peleado por mí después de todo lo que te hice pasar.
Y Katerina entendió que aquellas palabras no solo se trataban de pedir perdón.
—No empieces a dudar de ti mismo —dijo con calma y Jordan bajó la mirada.

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