CAPÍTULO 88. Segunda oportunidad.
Un rato después, cuando Jordan vio que Angel se asomaba a la puerta de su habitación con expresión curiosa, no se molestó como antes solía hacerlo.
—¿Dónde está mi Julieta? —preguntó Angel y Jordan sonrió como si hubiera entrado una de sus personas favoritas.
—Aquí esperando, porque tú no te dignas a venir a verme rápido. ¿Qué estuviste haciendo en todo el día? —replicó Jordan y Angel abrió mucho los ojos antes de mirar a Katerina.
—¡Joder, ya se rompió! ¡Te dije que no jugaras tan fuerte con él! —regañó a su amiga y Katerina solo sonrió poniéndole los ojos en blanco, porque no estaba muy segura de que Jordan hubiera sido nunca chistoso—. Estaba trabajando, porque a diferencia de algunos que pueden tomarse el día, yo tuve que recoger cámaras, dar declaraciones y explicar que no me trepé por tu ventana porque fueras el amor de mi vida.
Alargó la mano y estrechó la de Jordan, que cada vez era más firme.
—Gracias por todo —murmuró él—. Y gracias por venir a buscar a la damita, ya es hora de que se vaya a descansar.
Los dos miraron a Katerina y ella cruzó los brazos como si estuviera lista para protestar, pero Jordan fue más rápido.
—Necesitas descansar, y el bebé también. Él es lo más importante ahora.
—¿Entonces vas a quedarte solo?
—¿Y yo qué soy, el hombre invisible? —exclamó una voz risueña e indignada desde la puerta y todos se giraron para ver a Byron, que llegaba con una bolsa de dulces y un termo de chocolate, como si Jordan fuera un niño—. Creo que llegué en el momento justo.
Jordan sonrió con un suspiro de alivio.
—Perfecto —murmuró antes de mirar nuevamente a Katerina—. Byron puede quedarse conmigo.
Él le dio un abrazo rápido a Kat, como si fuera más prima suya que Jordan.
—Además, traigo chocolate y chismes, la noche promete.
Katerina terminó cediendo con una sonrisa resignada.
—Está bien, mañana pasaré a verte —murmuró apretando por un segundo los dedos de Jordan, pero no hubo beso ni abrazo de despedida, como si fueran cosas que ninguno sabía muy bien dónde poner todavía.
Cuando ella salió de la habitación, Byron ocupó inmediatamente la silla y llenó su ausencia con un recuento detallado de todo lo que había pasado en los últimos días.
—Así que ya sabes, ahora tienes un primo secuestrador —rio con ganas—. Más vale que arregles esa denuncia, porque mi reputación todavía influye en la de la empresa.
Jordan respiró pesadamente y después hubo unos segundos de silencio antes de que aquel pensamiento que había estado atormentándolo durante todo el día tomara forma.
—By...
—¿Sí?
—Necesito hacerme una prueba de ADN.
—¿Qué? — Byron frunció el ceño.
—Quiero saber si realmente soy un Blackwood —murmuró, pero antes de que su primo pudiera responderle, otra voz intervino desde la puerta.
—¿Y por qué exactamente dudas de eso?
Los dos levantaron la vista y vieron entrar a Emerson apoyándose en su bastón. Jordan sonrió y aquella palabra le salió completamente natural.
—Papá...


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