CAPÍTULO 95. Papá sí quiere estar con mamá
Jordan sonrió al ver la expresión con la que Katerina lo observaba desde el umbral del apartamento. Todavía caminaba despacio, pero ya no había rastro del hombre derrotado que una semana antes apenas conseguía sostenerse entre las barras paralelas.
—Tengo que admitirlo: siempre te has visto muy elegante en traje, pero ese bastón ¡uff! te hace ver demasiado sexy.
Él hizo una exagerada reverencia apoyándose en el bastón.
—Gracias —sonrió con descaro y luego lo levantó unos centímetros—. Además, tiene otra ventaja.
—¿Cuál? —Ella lo miró divertida.
Jordan giró ligeramente la empuñadura entre los dedos.
—También sirve para romperle las piernas a cualquiera que se acerque demasiado a ti.
Katerina soltó una carcajada.
—¿Estás bromeando?
Jordan permaneció completamente serio.
—Oye, parezco un capo de la mafia, tengo que comportarme como uno —declaró.
—¡Cariño, tú en tu vida has visto a un verdadero capo de la mafia! —exclamó ella y Jordan achicó los ojos.
—¿Y tú sí has visto uno?
—Le llevo las inversiones a tres —contenstó ella y Jordan dejó de sonreír de golpe.
—¿Es en serio? —la increpó porque aabía que acababa de decirlo con absoluta sinceridad—. ¿Tres? ¡¿Mueves el dinero de tres capos de la mafia?! —exclamó escandalizado—. ¿Son más lindos que yo?
Katerina despegó los labios pero la verdad fue que nada salió de ellos. Luego negó lentamente con la cabeza.
—Eres un caso perdido. ¿Eso es lo que te preocupa? —preguntó ella tomando su bolso y saliendo al pasillo.
—¡Pues claro! ¡Ya bastante tengo con competir contra el trepacercas y ganarme tu perdón! ¡Tengo que reconocer que tres capos de la mafia superan mis capacidades!
Katerina ni siquiera intentó esconder la risa mientras caminaban lentamente hacia el ascensor.
—Bueno… ¿Vamos a conocer cómo está nuestro pequeño inquilino?
El viaje se le hizo Jordan absurdamente largo, y el consultorio de ginecología demasiado tranquilo para toda la emoción que él llevaba.
La doctora saludó a ambos con una sonrisa mientras revisaba el historial.
—¿Cómo se han sentido esta semana?
—Las náuseas siguen siendo insoportables por las mañanas —respondió Kat.
—Es completamente normal. — La doctora tomó algunas notas—. ¿Y usted, señor Blackwood? ¿Ya se adaptó a la idea de ser padre?
—No, eso no lleva adaptación, solo actuación, previsión, acumulación…
—¡Cielo, cielo, ya entendimos! —lo detuvo Katerina y la doctora señaló la camilla.
—Bien, vamos a ver cómo sigue creciendo ese bebé.
Katerina se acomodó mientras la doctora preparaba el ecógrafo. Jordan permanecía sentado a su lado y parecía mucho más nervioso que la primera vez.
—Respira —Katerina sonrió de reojo y él carraspeó.
—Estoy respirando.
—Jordan...
—Si decides que sea diferente... también lo aceptaré. Voy a respetar el tipo de custodia que quieras pedir. —Hizo una pausa, porque era evidente que le costaba aunque fuera lo correcto—. Y también respetaré la distancia que quieras mantener conmigo.
Los ojos de Katerina se humedecieron apenas y Jordan sonrió con tristeza.
—No estoy aquí para negociar tu libertad, ni para convencerte; solo necesito dejar una cosa completamente clara. —Respiró profundamente—: Papá sí quiere estar con mamá.
Kat sintió que el corazón le daba un vuelco, pero él levantó un dedo para que no lo interrumpiera.
—No como antes, no con silencios, con excusas, con la estúpida idea de que siempre vas a a estar conmigo aunque me porte como un idiota… —suspiró—. Quiero estar contigo porque te amo, y porque no quiero seguir amándote solo cuando estoy a punto de perderte.
Katerina sintió que le resultaba difícil respirar de repente, y Jordan acarició suavemente su mano.
—No tienes que responderme. Solo quería que lo supieras… Te amo, y quiero estar contigo.
Katerina cerró los ojos durante un instante, pero él tenía razón en algo, no podía responderle porque no estaba lista para tomar una decisión, sin embargo antes de que pudiera decírselo, el teléfono de Jordan sonó de una forma que los hizo reaccionar a ambos.
—¿Byron? —respondió él enseguida—. ¿Qué pasó? —La expresión de su rostro cambió en cuestión de segundos y toda la calidez desapareció—. ¿Estás seguro?
Escuchó apenas unos segundos más y después se incorporó con ayuda del bastón. Caminó hasta la puerta con la mayor rapidez que le permitían sus piernas, y aunque todavía cojeaba ligeramente, sus movimientos transmitían una urgencia absoluta.
Cerró la puerta del consultorio con el seguro y su voz adquirió un tono completamente distinto: frío, preciso, autoritario.
—Manda un equipo de seguridad al hospital inmediatamente… ¡No! Mejor dos. Quiero dos equipos completos, camionetas blindadas, dos rutas diferentes de salida… Sí, estamos en el área de ginecología del tercer piso.
Katerina se levantó de inmediato arreglándose la ropa porque aquel tono era de amenaza en curso.
—Byron, localiza a mi padre, necesito saber que está bien —continuó Jordan sin mirarla—. Y llama a los Orlenko, tienen que estar avisados —gruñó, pero de repente pareció recordar algo—. ¡Ah! Y dile a Giulia que mande al trepacercas. Lo vamos a necesitar.

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