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A Ella la Salvaste, a Mí Me Perdiste romance Capítulo 224

Desde temprano, Macarena no lograba concentrarse. El mensaje de Lea le había dado vueltas en la cabeza durante toda la mañana. Su cabello caía suelto sobre los hombros, sin peinar, mientras el viento que entraba en el carro descapotable hacía que se le alborotara aún más.

Echó un vistazo a sus muñecas y luego buscó en su bolso, solo para darse cuenta de que había olvidado llevar una liga para el cabello.

Justo en ese momento, una mano de dedos largos y bien definidos se extendió hacia ella con desgano, sosteniendo una pañoleta de seda entre los dedos.

—Toma, úsala por ahora —dijo Benicio.

Macarena no dudó y la aceptó sin rodeos.

—Gracias.

La pañoleta era suave y fresca, claramente de seda auténtica. Un detalle más de esos que Benicio solía tener con ella. En el fondo, Macarena sentía que ya le debía demasiado; tan solo el anillo de diamantes en su mano era una deuda que en ese momento no podría pagarle, así que ya no hacía diferencia aceptar también la pañoleta.

Con destreza, sujetó la pañoleta por un extremo, la envolvió alrededor de su cabello un par de veces y ató un nudo, dejando su melena recogida de manera sencilla.

Benicio la miró de reojo y sonrió.

—Hasta una pañoleta se ve linda si la lleva una mujer como tú.

Macarena sintió que le ardían las mejillas ante el cumplido.

—Gracias.

—Hoy te debo una —añadió ella, bajando la mirada.

No le sorprendía que Benicio supiera dónde vivía. En Rivella, era fácil enterarse de la vida de cualquiera, más aún si eras alguien a quien todos señalaban o se burlaban, como le ocurría a ella últimamente.

Benicio soltó una risita.

—Es lo mínimo que puedo hacer por mi novia. No tienes que agradecerme nada. Si ese tipo vuelve a buscarte, llámame. Te lo dije: siempre te voy a cuidar. Y no soy de los que se echan para atrás con lo que prometen.

Hablaba con un tono relajado, pero en su voz se notaba que iba en serio.

Macarena no le dio demasiada importancia. Pronto llegaron a la entrada de UME.

Benicio le besó el dorso de la mano con delicadeza.

—Espérame al salir, te llevo a casa.

Ella asintió y se despidieron.

Al llegar a la oficina, revisó el teléfono y vio que Ronan había salido de viaje muy temprano. La empresa estaba de cabeza con lo de los pedidos; nadie daba abasto.

Macarena, por su parte, tenía que organizar los datos de la prueba interna. Estaba tan ocupada que no tuvo tiempo para preocuparse por nada más.

No fue sino hasta el mediodía, cuando recibió una llamada del detective, que fue a recoger las fotos de las pistas.

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