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A Ella la Salvaste, a Mí Me Perdiste romance Capítulo 229

En cuanto Dante terminó de hablar, uno de los guardaespaldas le sujetó la cabeza al hombre, mientras el otro le forzó la boca abierta. No les importó su desesperada resistencia; le sacaron la lengua y, en menos de un parpadeo, el cuchillo bajó.

Un alarido desgarrador retumbó por todo el jardín.

El hombre se revolcaba por el suelo, retorciéndose de dolor, la sangre impregnando el pasto a su alrededor.

Algunos de los presentes desviaron la mirada, incapaces de soportar la escena. Otros, acostumbrados ya a ese tipo de brutalidad, ni siquiera pestañearon, como si nada extraordinario hubiera ocurrido.

Pero los más imperturbables eran los dueños del lugar.

Dos ancianos, ambos de cabello blanco pero con una vitalidad evidente, observaban desde sus asientos. Eran la abuela y el abuelo de la familia Oliva, sentados con una dignidad que los hacía parecer ajenos al horror que ocurría frente a ellos.

El abuelo bebía su café con calma absoluta.

El líquido en la taza permanecía tan quieto que parecía un espejo.

La abuela, por su parte, mantenía la cabeza baja, concentrada en tejer una bufanda sin la menor prisa.

A su lado, una mujer de mediana edad, vestida con un elegante vestido, fruncía el ceño con incomodidad. Finalmente, no pudo más y se inclinó hacia la abuela para susurrarle al oído:

—Mamá, ¿no crees que lo que acaba de hacer Dante frente a tanta gente de la familia Oliva... podría...?

No terminó la frase.

La abuela levantó la vista. Sus ojos, serenos, no mostraban la menor emoción.

—Déjalo, que haga lo que quiera —respondió, impasible.

Esmeralda, que estaba cerca, tiró suavemente del brazo de la mujer y murmuró:

—Tía, no te preocupes. Dan sabe lo que hace.

Rosalía Oliva la miró de reojo y, tras un suspiro, guardó silencio.

Desde lejos, dirigió una mirada preocupada a Dante.

A su juicio, el carácter de Dante se estaba volviendo cada vez más violento.

Siempre había sido despiadado, eso lo sabía toda la familia Oliva. Cuando él actuaba, la sangre corría y nadie dudaba de la dureza de sus métodos.

Por eso, Dante había sido elegido como el futuro líder de la familia Oliva.

Sin embargo, la mayoría de las veces realizaba sus acciones más brutales lejos de la vista de la familia.

Esta era la primera vez que, delante de todos, cometía una atrocidad semejante.

Esmeralda, viendo la expresión de Rosalía, adivinó su inquietud y se acercó para explicarle en voz baja:

—Lea, la que fue la novia de Dan desde la infancia, y quien nunca llegó a casarse con él... tú sabes cuánto significa ella para Dan.

Rosalía asintió.

Aquello había causado un gran escándalo en su momento.

Después de que Lea desapareciera de Rivella sin decir una palabra, Dante se volvió loco buscándola, incluso llegando a tomar represalias contra Macarena, quien ayudó a Lea a escapar...

Al recordar aquella noche y el destino de Macarena, a Rosalía le recorrió un escalofrío.

Trató de ahogar el miedo en su pecho y preguntó:

—¿Y qué tiene que ver Lea con todo esto?

Había llegado tarde por asuntos personales y no sabía bien lo que había pasado.

Esmeralda bajó aún más la voz:

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