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A Ella la Salvaste, a Mí Me Perdiste romance Capítulo 361

Pero si el nudo de Macarena era corredizo, ¿por qué el de Abril era un nudo ciego?

Mientras reflexionaba, la angustia fue demasiada para Fermín y, de repente, escupió una bocanada de sangre.

—¡Fermín!

—Señor Gómez.

Ernesto no tuvo tiempo para pensar en otra cosa. Llamó de inmediato a un hospital y ordenó a los guardaespaldas que ayudaran a Fermín a subir a un carro, llevándose también a Abril, que seguía en estado de *shock*.

Con Abril a salvo, Ernesto se quedó para contactar a los equipos de rescate y a la policía, y organizar la búsqueda de Macarena y Benicio en el fondo del acantilado.

La escena era un caos.

Nadie se percató de que, a lo lejos, una figura se retiraba en silencio antes de darse la vuelta y marcharse a toda prisa.

***

**En la costa.**

La brisa salada y húmeda del mar soplaba suavemente.

Ronan Torres, vestido con una gabardina negra que ondeaba con el viento, caminaba con Dante Oliva y su séquito de guardaespaldas siguiéndolo de cerca.

De repente, como si presintiera algo, Dante se detuvo y levantó una mano.

Uno de sus guardaespaldas se acercó rápidamente y le susurró algo al oído.

Dante entrecerró los ojos.

Miró el horizonte, donde el mar y el cielo se fundían, y luego observó a su alrededor.

—Ya hemos estado aquí.

—Ronan, ¿te estás burlando de mí?

Ronan los había llevado de un lado a otro por la zona durante más de veinte días.

Dante ya había perdido la paciencia. Si no fuera porque Ronan aseguraba saber el paradero de Lea Torres, ya habría estallado de ira.

Hasta hacía un segundo, todavía creía lo que Ronan decía, que Lea estaba cerca.

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