En cambio, Macarena había vivido en Rivella durante cinco años casada con él. La familia Molina le había dado la espalda, y la familia Gómez, con él a la cabeza, nunca la había aceptado. Había vivido en esa situación durante cinco largos años.
Antes, nunca entendió por qué Macarena insistía en divorciarse.
Pero en ese preciso instante, Fermín sintió que por fin lo comprendía.
Para ella, ese matrimonio había sido, desde el principio hasta el final, un auténtico calvario.
***
El cielo se oscureció rápidamente.
Solo había dos cabañas de madera habitables. Por la noche, Benicio y Nicolás durmieron en una, mientras que Macarena y Lea compartieron la otra.
Los días anteriores, durmiendo a la intemperie, con el frío y la constante preocupación por el peligro, Macarena apenas había podido descansar. Quizás por sentirse al fin segura, esa noche durmió profundamente.
Sin embargo, su reloj biológico alterado la despertó justo al amanecer.
Lea dormía plácidamente. Macarena sintió ganas de ir al baño, pero no quiso molestarla. Le acomodó la cobija y salió de la habitación de puntillas.
El aire era mucho más puro que en Rivella.
Tras la lluvia, un hermoso arcoíris se dibujaba en el horizonte. Instintivamente, quiso tomar una foto, pero al buscar en sus bolsillos, recordó que no tenía su celular.
Fermín, afectado por la conversación con Nicolás y repasando todos sus años con Macarena, no había dormido en toda la noche. Al oír movimiento en la habitación de ellas, se acercó, con la intención de disculparse.
Se colocó a su lado, a punto de hablar, pero ella pareció sentir su presencia antes.
Macarena asumió que él ya no soportaba las precarias condiciones y quería regresar cuanto antes.

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