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A Ella la Salvaste, a Mí Me Perdiste romance Capítulo 406

Eran, por supuesto, palabras dichas con rabia.

Macarena esperaba que Fermín se enfureciera. Compararlo con Benicio y, sobre todo, la frase final de que prefería ser amante de otro antes que su esposa, era una humillación directa. Fermín, siempre en su pedestal, acostumbrado a que la gente lo adulara, ¿cómo podría soportar algo así?

Para su sorpresa, el rostro de Fermín solo palideció por un instante.

—¿De verdad te gusta tanto?

Como si algo se le ocurriera, recuperó la calma.

—Puedo aceptar tu relación clandestina con él. Mientras no llegue a los medios, lo aceptaré. Puedo hacerme de la vista gorda hasta que terminen.

Macarena se quedó atónita, inmóvil. Por un momento, dudó de haber escuchado bien.

«¿Se ha vuelto loco?», pensó.

Y la pregunta se le escapó de los labios:

—¿Has olvidado que vas a comprometerte con Abril Cordero? Además, está esperando un hijo tuyo.

Como si esperara esa pregunta, Fermín respondió con fluidez:

—El compromiso es solo una formalidad para animar a mi abuela y ayudar a que su salud mejore. Quién sea la novia no es tan importante. En cuanto a Abril, me encargaré de ella. La casaremos como si fuera una hija adoptiva de la familia Gómez. Lo del bebé no se ha hecho público. Ese niño es un Gómez, lo criaremos bajo nuestro nombre, como una compensación por el hijo que perdiste.

Lo había meditado toda la noche y había encontrado la que, para él, era la mejor solución para ambos. Ya había experimentado el dolor y la confusión de perder a Macarena, esa sensación de vacío, y también había comprendido el tormento que ella había soportado durante años. A partir de ahora, manejaría su relación adecuadamente.

Antes pensaba que Macarena era irracional, que su matrimonio había llegado a un punto sin retorno. Pero ahora, con todos los problemas sobre la mesa, se daba cuenta de que, al igual que en los negocios, siempre había margen para dar la vuelta a la situación. En los negocios era así, y en el amor también.

Al ver que esta vez Macarena no lo había rechazado de plano, sino que permanecía en silencio, sintió un poco más de seguridad.

—Si tienes alguna otra condición, puedes decirla —añadió.

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