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A Ella la Salvaste, a Mí Me Perdiste romance Capítulo 479

Dante solo esperaba que Lea cediera.

Después de todo, el asunto también involucraba a Noah, así que si ella daba su brazo a torcer, él no se desentendería por completo. Sin embargo, al escuchar las palabras de Lea, el carácter de Dante también estalló.

—¿Vas a terminar conmigo por un perro? Bien, Lea, te vas a arrepentir. ¡Hoy, conmigo aquí, te garantizo que ningún hospital se atreverá a recibir a este perro!

Dante estaba en una disputa con Lea.

Y, en efecto, no permitió que ningún hospital los atendiera.

Lea, llevando a Noah, fue invitada a retirarse amablemente de un hospital tras otro, usando siempre la misma excusa para echarlos. Finalmente, comprendió que esta vez Dante iba en serio.

Pero no podía bajar la cabeza para disculparse.

También tenía sus propios motivos.

Estaba convencida de que no era su culpa y, si cedía, Dante se volvería cada vez más déspota. Él creería que su frialdad era correcta y que sus amenazas eran un método efectivo.

Noah notó su vacilación.

—No te preocupes, todavía quedan las clínicas privadas.

Dicho esto, Noah hizo una llamada y llevaron al cachorro a una clínica privada.

—Está demasiado grave. Solo puedo decir que haremos todo lo posible por salvarlo, pero deben prepararse para lo peor. Además, somos una clínica privada. Nuestro equipo no se compara con el de los hospitales de renombre, pero daremos nuestro máximo esfuerzo —le dijo el doctor con franqueza.

El corazón de Lea se encogió.

Instintivamente, miró a Noah. Esperaba que él se entristeciera, la culpara o se enojara con ella por haber provocado a Dante y haber llegado a esa situación. Incluso imaginó que Noah, por la preocupación, le rogaría que fuera a disculparse con Dante.

Así era como Hilario solía reaccionar.

Si ella enfadaba a Dante y este retiraba una inversión u otro beneficio para la familia Torres, Hilario insistía hasta el cansancio para que fuera a hacer las paces.

«¿La dignidad? ¿Eso qué importa? ¡Los negocios son lo más importante!».

«La familia Torres ha llegado a donde está porque yo dejé de lado mi dignidad y fui ganando dinero poco a poco».

«Si por tu culpa el patrimonio que la familia Torres ha construido durante años se va a la ruina, ¿podrás asumir esa responsabilidad?».

Cada vez que eso pasaba, Lea sentía que algo no estaba bien, pero no sabía cómo expresarlo.

Se limitó a mirar a Noah, con la espalda rígida por la tensión.

Noah también la miró, pero fue solo un vistazo, una mirada fugaz al sentir sus ojos sobre él, sin ningún otro significado.

Pronto, centró su atención en el doctor, con un tono de voz tranquilo pero firme.

—Se lo encargo, doctor. Por favor, haga todo lo que pueda.

El doctor le estrechó la mano, se cambió de ropa y entró al quirófano. Noah esperó afuera, sin volver a dirigirle la palabra.

Era como si hubiera olvidado que ella seguía allí.

No la presionó para que cediera.

No la culpó.

—Porque no creo haber hecho nada malo —respondió Lea.

—Pero por tu culpa no encontramos hospital —replicó Noah.

Esa era la misma idea que Lea había tenido momentos antes; sentía que por su culpa Dante les había cerrado las puertas y el cachorro estaba en mayor peligro.

Pero una cosa era que ella lo pensara y otra muy distinta que Noah lo dijera en voz alta.

Sintió que el hombre frente a ella no era Noah, sino Hilario; el Hilario que la obligaba a disculparse con Dante.

Lea comenzó a enfadarse, su cara se enrojeció y, molesta, dijo:

—¡Pero no fui yo quien ordenó a los hospitales que no lo atendieran! ¡La culpable no soy yo, también soy una víctima!

Sus ojos se enrojecieron y su voz salió cargada de agravio.

Incluso al mirar de nuevo a Noah, su mirada reflejaba una clara resistencia.

El ambiente se tensó durante un par de segundos.

De repente, Noah sonrió.

—Exacto, tú también eres una víctima. Entonces, ¿por qué sientes que tienes que disculparte conmigo?

—Ya hiciste lo mejor que pudiste —le dijo Noah con calma—. Al final, si no fuera por ti, no tendría la capacidad de traerlo a un hospital ni de darle una oportunidad de vivir.

—No tienes por qué ceder en algo que crees correcto solo para conseguir otra cosa. Actúa según tus principios.

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