—Puedes hacer lo que consideres correcto.
Su mirada era muy seria.
La sombra de Hilario que veía en él pareció desvanecerse en un instante, sin dejar rastro.
Extrañamente, Lea sintió que todo su cuerpo se relajaba, invadida por una inexplicable sensación de alivio.
Hilario tenía muchos hijos, por lo que ella tenía muchos hermanos. Sin embargo, a excepción de Ronan, su hermano de sangre que siempre estaba ocupado y fuera de casa, la principal preocupación de los demás era ganarse el favor de Hilario y competir por la herencia de la familia Torres.
Nadie le había dicho nunca algo así.
En el pasado, esa idea había cruzado su mente fugazmente, pero siempre la descartaba al pensar en Hilario.
Ahora, Noah le decía que podía hacer lo que considerara correcto.
Pero, ¿lo que ella consideraba correcto era realmente lo correcto?
El tiempo pasó lentamente.
De repente, sintió que algo en su interior había cambiado.
En ese momento, la puerta del quirófano se abrió y el doctor salió, empapado en sudor.
Su expresión era seria. El corazón de Lea dio un vuelco, llena de ansiedad.
—Felicidades. Tuvimos suerte, la cirugía fue un éxito —anunció el doctor.
—¡Qué maravilla! —exclamó Lea, emocionada.
Y, sin pensarlo, abrazó a Noah, que estaba a su lado.
Lea percibió en él un suave aroma a menta. A diferencia del aroma penetrante y agresivo de Dante, el suyo era gentil e inofensivo.
Noah se quedó paralizado por un segundo.
El doctor también miró a Lea con extrañeza, sin entender del todo.
Era solo un perrito, ¿por qué tanta alegría?
Pero él no sabía que, para Lea, el éxito de la cirugía del cachorro era mucho más que eso: era un triunfo que nacía de su propia rebelión.
Era como si el destino mismo le estuviera diciendo que su decisión había sido la correcta.
Sin embargo, Hilario no pensaba lo mismo.
Cuando se enteró de que había terminado con Dante, montó en cólera.
La situación empeoró cuando, más tarde, la familia Oliva retiró sin motivo aparente una inversión en un proyecto de la familia Torres. Hilario no pudo quedarse de brazos cruzados y la presionó para que fuera a disculparse con los Oliva. Ante la negativa de Lea, llegó a amenazarla con romper toda relación con ella.
Antes, a Lea le aterraba que Hilario se enfadara, pero esta vez se mantuvo firme y, en un arrebato de ira, abandonó la casa de los Torres.
Tras irse, Lea pensó en buscar a Macarena, pero justo en ese momento a Isabel le diagnosticaron una grave enfermedad y Macarena estaba devastada. No quería agobiarla más con sus problemas.

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