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A Ella la Salvaste, a Mí Me Perdiste romance Capítulo 480

—Puedes hacer lo que consideres correcto.

Su mirada era muy seria.

La sombra de Hilario que veía en él pareció desvanecerse en un instante, sin dejar rastro.

Extrañamente, Lea sintió que todo su cuerpo se relajaba, invadida por una inexplicable sensación de alivio.

Hilario tenía muchos hijos, por lo que ella tenía muchos hermanos. Sin embargo, a excepción de Ronan, su hermano de sangre que siempre estaba ocupado y fuera de casa, la principal preocupación de los demás era ganarse el favor de Hilario y competir por la herencia de la familia Torres.

Nadie le había dicho nunca algo así.

En el pasado, esa idea había cruzado su mente fugazmente, pero siempre la descartaba al pensar en Hilario.

Ahora, Noah le decía que podía hacer lo que considerara correcto.

Pero, ¿lo que ella consideraba correcto era realmente lo correcto?

El tiempo pasó lentamente.

De repente, sintió que algo en su interior había cambiado.

En ese momento, la puerta del quirófano se abrió y el doctor salió, empapado en sudor.

Su expresión era seria. El corazón de Lea dio un vuelco, llena de ansiedad.

—Felicidades. Tuvimos suerte, la cirugía fue un éxito —anunció el doctor.

—¡Qué maravilla! —exclamó Lea, emocionada.

Y, sin pensarlo, abrazó a Noah, que estaba a su lado.

Lea percibió en él un suave aroma a menta. A diferencia del aroma penetrante y agresivo de Dante, el suyo era gentil e inofensivo.

Noah se quedó paralizado por un segundo.

El doctor también miró a Lea con extrañeza, sin entender del todo.

Era solo un perrito, ¿por qué tanta alegría?

Pero él no sabía que, para Lea, el éxito de la cirugía del cachorro era mucho más que eso: era un triunfo que nacía de su propia rebelión.

Era como si el destino mismo le estuviera diciendo que su decisión había sido la correcta.

Sin embargo, Hilario no pensaba lo mismo.

Cuando se enteró de que había terminado con Dante, montó en cólera.

La situación empeoró cuando, más tarde, la familia Oliva retiró sin motivo aparente una inversión en un proyecto de la familia Torres. Hilario no pudo quedarse de brazos cruzados y la presionó para que fuera a disculparse con los Oliva. Ante la negativa de Lea, llegó a amenazarla con romper toda relación con ella.

Antes, a Lea le aterraba que Hilario se enfadara, pero esta vez se mantuvo firme y, en un arrebato de ira, abandonó la casa de los Torres.

Tras irse, Lea pensó en buscar a Macarena, pero justo en ese momento a Isabel le diagnosticaron una grave enfermedad y Macarena estaba devastada. No quería agobiarla más con sus problemas.

En la ceremonia, el apuesto novio y la hermosa novia, vestida con un precioso traje, repitieron los votos del oficiante y al final se besaron.

Antes de que la boda terminara, hubo un pequeño incidente. Al novio no le gustó que la novia estuviera jugando demasiado cerca del padrino y se puso un poco celoso.

Lea, que observaba desde un lado, se puso nerviosa por ellos.

Pero el novio no se enfadó ni los separó a la fuerza. En lugar de eso, esperó a que terminaran el juego, se señaló la mejilla y dijo:

—Entonces, dame un beso para demostrar que soy a quien más amas.

Después del beso, el ambiente volvió a ser tan cordial como antes, como si nada hubiera pasado.

Al ver cómo era una relación sana, Lea se dio cuenta, con más claridad que nunca, de que su amor con Dante había sido tóxico desde el principio.

Lo de Dante no era amor, era un deseo de posesión.

Y lo que ella sentía por Dante tampoco era amor, sino una obsesión de años.

Durante el viaje con Noah, Lea recibió una llamada de Hilario.

Sospechaba que la amenaza de Hilario de romper lazos era solo de palabra, pero no quería arruinar el momento, así que simplemente apagó el celular, pensando que a su regreso lo peor que le esperaba sería un regaño.

Sin embargo, nunca imaginó que, durante los días que estuvo fuera, Dante la había estado buscando como un loco.

El día antes de su regreso, mientras Noah estaba en la habitación de Lea ayudándola a hacer la maleta, Dante abrió la puerta de una patada y entró corriendo, con los ojos inyectados en sangre y seguido por sus guardaespaldas.

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