C10-TE MINTIÓ.
Savanna tragó saliva, su voz masculina, y la oscuridad que los envolvía ahora, no ayudaba para su situación. Pero se obligó a calmarse.
—Yo... no podía dormir. —explicó.
—Yo tampoco.
Otro paso y ahora estaban a menos de dos metros de distancia.
—¿Por qué? —preguntó ella, odiando cómo su voz sonaba tan débil—. ¿Por qué no puedes dormir?
Ian la observó de la misma forma que ella a él y se detuvo un segundo en el inicio de sus pechos antes de volver a mirar sus ojos.
—Porque estoy en el departamento de una mujer hermosa que me prohibió tocarla —inclinó la cabeza—. Y resulta que tengo muy poca fuerza de voluntad.
El corazón de Savanna se detuvo, luego se aceleró el doble.
—Ian...
—¿Sabes lo que es estar tan cerca de algo que quieres y no poder tomarlo? —extendió su mano y tocó su hombro, solo para subir lentamente el tirante de su camisón—. Es una tortura, Savanna.
Ella retrocedió hasta que su espalda chocó contra la pared. Pero Ian siguió avanzando hasta quedar frente a ella, apoyando una mano en la pared junto a su cabeza.
—Deberías volver a tu habitación —susurró Savanna, pretendiendo sonar fuerte, pero la verdad, era que en ese momento le temblaba hasta el último cabello y no era por miedo—. Establecimos reglas.
—Debería —concordó él, pero no se movió—. Pero tú tampoco te mueves.
Sus ojos bajaron a los labios de ella, luego subieron de nuevo a sus ojos. Y la tensión se volvió más espesa, tanto que Savanna apenas podía respirar.
—No… no olvides nuestro trato —logró decir.
—Lo sé.
—Dijimos que sería solo un matrimonio de papel.
—Lo sé.
—Entonces, ¿por qué estás haciendo esto?
Ian sonrió, pero no era una sonrisa amable. Era oscura, peligrosa y al mismo tiempo hermosa.
—Porque tú también lo estás sintiendo. Pudiste quedarte en tu habitación, pero viniste. ¿Por qué, Savanna?
Ella abrió la boca, pero no salió ningún sonido. Tal vez porque no tenía respuesta. O tal vez la tenía, pero no quería admitirla.
—¿Por qué no corres? —la voz de Ian bajó hasta convertirse en un susurro ronco que le erizó la piel—. Tu razón dice que debería asustarte, pero tus pies no se mueven.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ADICTO A SU ESPOSA: El hombre que salvé es un CEO poderoso!