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ADICTO A SU ESPOSA: El hombre que salvé es un CEO poderoso! romance Capítulo 102

C103- HASTA QUE PUEDA VOLVER CON ELLA

El hombre que estaba parado en la puerta del loft no era un fantasma.

Era carne y hueso, elegancia y poder contenido.

Ian Moretti llevaba un traje de tres piezas en gris oscuro que le quedaba como si hubiera sido cosido directamente sobre su cuerpo. La mano derecha descansaba en el bolsillo del pantalón con una casualidad estudiada, mientras que la izquierda sostenía un vaso de whisky que apenas había tocado.

Su cabello, más largo que antes, estaba peinado hacia atrás con un descuido calculado. La barba que había dejado crecer durante estos ocho meses le daba un aire más salvaje, más peligroso. Pero eran sus ojos azules los que revelaban la verdad: estaban fríos, vacíos de cualquier emoción que no fuera determinación absoluta.

Braxton se puso de pie, dejando que la silla rodara hacia atrás con un chirrido.

—Ni siquiera puedo tener una maldita llamada privada con mi chica sin que aparezcas como un espectro vengativo —soltó—. ¿Sabes? Empiezo a entender por qué Savanna te gritaba tanto. Eres insoportable.

Ian hizo una mueca que podría haber sido una sonrisa si no estuviera tan cargada de amargura.

—Para eso tendrás tiempo después —respondió, con una voz que era puro hielo—. Primero es el trabajo. ¿Qué tienes sobre Richard?

Braxton lo miró durante un largo momento, con la frustración bailando en sus ojos. Luego suspiró y se giró hacia las computadoras, tecleando con una velocidad que hacía que las pantallas parpadearan como luciérnagas enloquecidas.

—Algo más grande de lo que imaginaba —dijo finalmente—. Algo que va a destruir a Richard Voss para siempre. No solo económicamente, sino personalmente.

Ian se acercó, con pasos silenciosos que contradecían su tamaño. Se detuvo detrás de Braxton, mirando las pantallas con una intensidad que habría quemado el cristal.

—¿A qué te refieres?

Braxton tecleó de nuevo y una serie de documentos aparecieron en la pantalla. Extractos bancarios, fotografías, correos electrónicos encriptados que él había descifrado con la paciencia de un cirujano.

—Richard Voss ha estado lavando dinero para cárteles mexicanos durante años —explicó, señalando los números que no mentían—. Drogas, armas, trata de personas. Todo bajo la fachada de su imperio de transportes.

Ian entrecerró los ojos, con algo oscuro y peligroso despertando en su mirada.

—¿Trata de personas?

—Sí. Y tengo los nombres de las víctimas. Los testimonios. Los pagos. Todo —Braxton hizo una pausa, dejando que la información se asentara—. Pero eso no es lo mejor, lo mejor es esto.

Abrió una carpeta en la computadora con documentos judiciales sellados. Páginas y páginas de investigaciones archivadas, testimonios suprimidos, evidencia que había sido enterrada bajo capas de corrupción y dinero.

—Hace quince años, Voss fue investigado por la muerte de un periodista en Colombia que iba a destapar sus conexiones con el cártel. El caso se archivó por "falta de pruebas" —Braxton se giró hacia Ian, con los ojos brillantes de emoción contenida—. Pero yo encontré al testigo. Está vivo, vive en Australia con una identidad falsa y me aseguraré de que esté dispuesto a declarar.

Se puso de pie, enfrentando a su amigo con una sonrisa que era pura satisfacción.

—Si entregamos esto a las autoridades correctas, Voss no solo va a la cárcel. Va a cadena perpetua.

Pero la respuesta no fue lo que esperaba.

—No.

La palabra cayó como un martillo y Braxton parpadeó, con la sonrisa desvaneciéndose de su rostro.

—¿No? ¿Por qué? ¿No quieres que...?

—Quiero que sufra —lo interrumpió Ian—. Pero sobre todo quiero el maldito nombre de la persona que falta. Quiero el nombre de la mujer.

Braxton miró a su amigo, reconociendo esa obsesión que lo había consumido durante ocho meses. Sabía que no debería decir lo que estaba a punto de decir, sabía que Ian no quería escucharlo, pero lo dijo de todas formas.

—Ian, han pasado ocho meses... ¿no crees que Savanna...?

—No —lo cortó de nuevo, más duro esta vez—. Aún no. No hasta que ella esté completamente segura. Hasta que sepa que esos infelices no van a lastimarla.

Braxton suspiró, frustrado, y se puso de pie.

El cansancio de ocho meses de mentiras le pesaba en los hombros como una carga insoportable.

—Sí, pero ella está sufriendo. Además... tienes una hija que, te recuerdo, pronto va a nacer. Sin mencionar que pareces un maldito acosador siguiéndola a todas partes —soltó, con un tono que mezclaba exasperación y preocupación—. Incluso Jodie piensa que Savanna necesita un psiquiatra. ¿Tienes idea de lo difícil que fue para mí escuchar que ella siente que la observan? Carajo, Ian, esto... está mal.

Después de la explosión, específicamente un mes después cuando las heridas habían sanado lo suficiente para moverse sin colapsar, Ian se había contactado con él.

Le había hecho prometer que no diría nada.

Que dejaría que el mundo creyera que estaba muerto mientras él trabajaba desde las sombras para destruir a los que amenazaban a Savanna.

Para Braxton había sido una tortura.

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