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ADICTO A SU ESPOSA: El hombre que salvé es un CEO poderoso! romance Capítulo 109

C110- LÍNEA SIN RETORNO

El departamento de Elias estaba sumido en una penumbra que parecía tragarse la luz. Sobre la mesa de centro, un sobre amarillo descansaba como una bomba sin detonar, esperando el momento exacto para destruir todo lo que Elias creía conocer.

Él estaba sentado frente a ese sobre, con una copa de whisky en la mano que ya no sabía si era la tercera o la quinta. El alcohol quemaba su garganta, pero no era suficiente para borrar lo que había descubierto, en realidad… nada sería suficiente.

Su mente retrocedió, arrastrándolo a la conversación con el investigador.

—Su madre tuvo un hijo y lo ocultó durante años —dijo, sin rodeos—. Nadie sabe que existe. Al menos nadie de los Deveraux.

Elias sintió como si el aire se hubiera vuelto más denso.

Su madre.

Siempre había sido una mujer de secretos.

De viajes inexplicables.

De ausencias que nunca justificaba.

Ahora entendía por qué, ahora todo tenía sentido de la peor manera posible.

Tomó el sobre con manos que temblaban ligeramente y lo abrió. Dentro había documentos, certificados de nacimiento alterados, registros médicos.

Y una foto.

Cuando vio el rostro en esa fotografía, el mundo se detuvo.

Su piel se volvió fría y el café a su alrededor desapareció. Solo existía esa imagen, ese rostro que aunque en la foto era infantil, reconocía.

—¿Es él? —preguntó Elias, con una voz que apenas reconocía como suya—. ¿El hijo de mi madre?

El investigador asintió.

—Sí. Y hay más, señor Deveraux. Mucho más interesante.

Elias miró la foto como si pudiera quemarla con la intensidad de su mirada. Los pensamientos se arremolinaban en su cabeza como una tormenta.

—¿Por qué? —susurró—. ¿Por qué tú?

Elias salió del recuerdo como quien emerge de aguas profundas, jadeando por aire.

Se puso de pie, tambaleándose ligeramente. Tomó la foto y caminó hacia el cenicero de cristal que descansaba en la repisa, tomó el encendedor y lo acercó a la esquina de la fotografía. El papel se encendió de inmediato y las llamas consumieron el rostro del chico con una voracidad que parecía reflejar la furia que ardía en el pecho de Elias.

—Nadie debe saber esto. Nadie.

HORAS DESPUÉS, EN EL ESTACIONAMIENTO DE HAYES HOLDING

Jodie salió del edificio cuando el sol ya se había escondido detrás de los rascacielos, el estacionamiento estaba casi vacío y ella caminaba hacia su auto con pasos cansados, pensando en Braxton.

En su sonrisa.

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