C118-NO SOY TU PERRA
—¿Perdona?
Ian suspiró, dejando caer las manos a los costados.
Caminó hacia ella con pasos lentos y deliberados y Savanna sintió el calor trepando por su cuello.
Odiaba que su cuerpo reaccionara a él.
Odiaba que después de todo lo que había hecho, todavía pudiera afectarla de esa manera.
—Eres mi esposa —señaló—. La mamá de mi hija. Tu lugar está aquí. Esta es tu casa, Savanna.
Ella apretó las manos a los costados, sintiendo la rabia burbujeando bajo su piel como lava.
—Qué fácil, ¿no? Te haces el muerto, luego apareces y llegas y ordenas así nada más. Pues no, Ian. Las cosas no funcionan así. Tengo una vida que seguí cuando te fuiste. Tengo una empresa que llevar y que en este momento mi jodido tío quiere arrebatarme. Así que no esperes que ahora que volviste juguemos a las casitas. Me voy.
Intentó pasar a su lado, pero Ian fue más rápido.
Su mano se cerró alrededor de su brazo.
—Estoy hablando en serio, Savanna. No te irás.
Ella se soltó con un movimiento brusco, girándose para enfrentarlo con una furia que hacía que el aire entre ellos se cargara de electricidad.
—Yo también. Y volveré a mi vida.
Ian la miró fijo, con una intensidad que hacía que su presencia llenara todo el espacio.
—¿Qué estás tratando de decirme? Estamos casados.
—¿Y? —Savanna se rio, pero no había humor en ese sonido. Solo dolor—. Si a ti te dio igual dejarme, qué más da que cada uno siga por su lado. ¿Qué pensaste? ¿Que iba a correr a tus brazos y ya, todo normal? No. No es así. Me lastimaste, Ian.
Su voz se quebró ligeramente, y tuvo que tomar aire antes de continuar.
—Entiendo que buscaras protegerme. Pero al menos me hubieras avisado. No es igual vivir extrañándote y saber que respirabas, a extrañarte y saber que jamás volverías.
Las palabras lo golpearon como puñetazos.
Ian sintió la culpa explotando en su pecho, quemándole las entrañas. Se odiaba a sí mismo por haberle causado ese dolor. Por haber tomado una decisión que, aunque necesaria, la había destrozado.



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